12 marzo 2008

Not a hero

Tengo un amigo que se ha comportado como un cobarde. Se encontró con una situación que no sabía muy bien cómo manejar y decidió no manejarla en absoluto. En español antiguo, tomar las de Villadiego. No está mal, es una opción. Pero me molesta que se justifique cantando la canción del que no ha mentido, del que ha intentado ser él mismo (¿qué coño es ser uno mismo?, se preguntaba otro amigo mío el otro día, filosofando frente a un plato de cecina y unas cervezas… gran pregunta me pareció; me lo sigue pareciendo).

No me atrevo a decírselo, no somos tan amigos y al fin y al cabo a mí ni me va ni me viene, pero su actitud y su espantada me han dado mucho que pensar. No está mal tomar decisiones cuando las alternativas se nos presentan, de hecho es lo que hay que hacer: respirar hondo y tomar una decisión aunque duela, eso es bueno. Supongo que a este, y aquí usaré otra frase que pronto se convertirá en español antiguo y que me parece muy divertida, lo que le matan son las formas.

Y no sé cómo decirle, no le diré nunca, lo más probable, que las cosas no se hacen así. Que tener cojones significa tomar la decisión y además mirar a la cara a la gente y afrontarlo. Como un hombre, en español antiguo. No se puede decir desde el otro lado del río "yo nunca quise hacerte daño". Eso está muy feo, hombre. Y además, probablemente es mentira. La verdad, en español del bueno, sería más o menos, "no era la intención, pero si te hice daño, te jodes, avisao estabas". Más o menos.

Le voy a dedicar la canción que merece que le canten. Ya que tampoco tendré nunca los huevos de decírselo a la cara.

06 marzo 2008

Preparando el viaje

Intento rescatar el archivo en mi memoria de todo lo que he leído, oído y visto. Intento hacer una lista de cosas que me juré que no me quedaría sin ver en el caso de ir hasta allí. Intento recordar los lugares que recomendaba Billywild. Es imposible. Me abruma la cantidad inmensurable de posibilidades.

Hablo con algunos amigos que ya han estado. Les pido por favor que me den sólo dos o tres datos por conversación (no pueden hacerlo). Leo la guía que me compré el otro día en Madrid. Soporto un par de páginas por sesión, apenas diez minutos, y la información que soy capaz de retener es mínima.

Algo que nunca había experimentado y que estoy viviendo relativamente a menudo de un tiempo a esta parte: la sensación de ansiedad que va aumentando hasta hacerse casi intolerable a medida que la fecha de cumplimiento del sueño se acerca.

No sé si tal vez sería mejor ir sin ninguna información, abandonarme a las calles, al espíritu de la ciudad, vagar sin rumbo y decidir sobre la marcha. Hasta cierto punto es imposible, pero tal vez, pienso por momentos, sería mejor no investigar más, dejar la documentación exhaustiva para la segunda visita, o la tercera, o la cuarta.

Porque las habrá, si no me muero antes. El otro día un amigo me leyó las líneas de la mano. Dijo que en mi futuro había muchos viajes, "to other countries". Ya lo sabía, pero me gustó oírlo de sus labios, me gustó oírlo en su idioma. Me pintó un futuro prometedor, bastante parecido al que he planeado.

Chicos, esto es sólo el principio.

03 marzo 2008

Tener estrella

He atravesado diferentes emociones mientras veía Match Point, de Woody Allen. Primero interés, después, desconcierto, más tarde, inquietud que se transformó en intriga y finalmente, certidumbre. No tenía ni idea de cuál era el tema que trataba, no sé cómo lo hice pero había conseguido llegar hoy a la película sin tener la más remota idea del argumento.

A ver. No quiero hacer un comentario crítico de esta película (aunque al final lo haré, a mi incompleta manera). Quiero decir en qué me ha hecho pensar.

Me ha hecho pensar en las escalas de valores de las personas, en los objetivos que nos marcamos y que nos hacen decidir los pasos que damos o los que dejamos de dar, en el egoísmo y la ambición, desde luego en la suerte. En lo importante que es para algunas personas el amor, el matrimonio como procedimiento para conseguir lo que se desea. En la inocencia, en la mentira, en vivir conforme a nuestras metas, en poner estas metas en el interior o por ahí, en algún otro sitio, como tener una buena vida, tener un hijo, fingir un mundo de armonía.

Me cae fatal Chris, el personaje interpretado por Jonathan Rhys-Meyers, porque es todo lo contrario a lo que yo soy, pero no solamente por eso, tengo varios amigos que se podrían definir exactamente con esa misma frase. Creo que es por su frialdad, por lo fácil que le resulta fingir. Se enrolla con Nola, la actriz sin talento (cómo será tan guapa esta chica, Scarlett Johansson), y es él quien actúa en todo momento, desdoblándose las veces que haga falta, reflejándose en todos los espejos, ofreciendo la imagen esperada, mintiendo a todo el mundo, a sí mismo el primero, a nosotros, los espectadores, sobre todo. ¿Tiene algún momento de sinceridad? Probablemente alguno, cuando sufre el ataque de ansiedad en la oficina, cuando se sincera con su antiguo compañero, el jugador de tenis, pero rápidamente le cierra la puerta a la verdad: no le interesa.

Me cae fatal su mujer, Chloe (Emily Mortimer), porque es pesadísima, por lo poco que necesita para ser feliz, por lo fácil que es engañarla, por empalagosa, porque solo tiene una necesidad absurda, porque es tierna y me obliga a compadecerme de ella.

Me cae fatal Nola también porque está medio desequilibrada, porque se mete en una relación que no tiene futuro y espera que ocurra lo que nunca ocurre, a veces ni siquiera en el cine, que las promesas sean verdad y la vida que sueña sea posible, cuando la realidad le está dando constantemente de hostias.

Me cae fatal la película porque explota sin ningún tipo de pudor todos y cada uno de los tópicos que trata: la ambición, el matrimonio de conveniencia, la soledad del que actúa frente al mundo, el adulterio, la maternidad atrasada, Fortunata y Jacinta, el crimen perfecto, el azar, la culpa brillando en el sudor de la perfecta cara del heredero de Raskolnikov.

Y coño, resulta que algo que tiene todos estos ingredientes sale redondo como una bola de tenis. Jodida y asquerosamente perfecto.

Porque sabes que le va a salir bien aunque el anillo de la señora Eastby rebote hacia el lado equivocado.

27 febrero 2008

Arte

En todas las clases tengo alumnos adultos. Cuando digo adultos quiero decir "más adultos que yo". Son personas que se dedican a otra cosa para ganarse la vida pero que quieren aprender algo más.

Una de las asignaturas que imparto (de hecho, la más fascinante), se llama "Teoría de la Imagen". Cuando la estudié en la carrera me costó un verano extra, no os digo más. Por eso intento que mis chicos no se mueran de asco. Les meto el rollo, claro, contra eso no hay nada que hacer, pero después gasto horas enteras viendo imágenes con ellos, opinando sobre ellas, analizándolas y, sobre todo, dejándoles hablar (cuando se dejan).

Hoy tocaba ver cuadros y buscar en ellos el dinamismo, la temporalidad en la imagen fija, la tensión y el ritmo. Vale. Reconozco que es un coñazo y además una paja mental. Pobrecitos. Pero, como dijo aquél, el que busca, encuentra.

La cosa es que empezamos por una imagen sencillita, una Anunciación de Fra Angélico (no sé cuántas tiene, igual era LA Anunciación de Fra Angélico, el que lo sepa o tenga ganas de averiguarlo, que lo diga). Y una de mis alumnas adultas, la enfermera, concretamente, dijo: "Vale, con estas no tengo problema, pero… ¿qué pasa con el cubismo y esas cosas?"

"¿Cubismo?" Pensé yo. "Te vas a cagar".

Y les puse esto:



Para los ignorantes, que habrá pocos puesto que hay pocos lectores, informo que el cuadro se titula Autumn Rhythm (number 30) y lo pintó Jackson Pollock en 1950.

Claro, la conversación derivó por ni os imagináis qué derroteros. Los límites, la función y la significación del arte. Las tomaduras de pelo, las cosas que no lo son, o según quién lo mire, o cómo podemos considerar arte a algo que pretende serlo. Arco (por supuesto), el artista que mataba de hambre a un perro en una performance, de nuevo los límites, el arte como último reducto de la libertad (esto lo dije yo, ya caliente), Picasso, Kandinski, Van Gogh, otra performance (en la que cuatro actores mimetizados con el público protestan porque la performance no empieza y acaban sublevando a la multitud, y eso era la performance), su sentido, su significado, "esto a mí no me vale", "si tiene tanta técnica, ¿por qué no hace otra cosa?", "porque no le da la gana, entre otros muchos motivos", la expresividad, la técnica, otra vez la función del arte, otra vez los motivos, vuelta a Arco, (y eso que todavía no había visto en la tele que este año en Arco había una revisitación de la Maja de Goya con Yola Berrocal como modelo). En un momento hasta llegué a decirle... abre tu mente... be water, my friend...

De verdad, ha sido una conversación muy interesante, muy participativa, acalorada por momentos, en la que todo el mundo ha aportado cosas y en la que al final yo creo que todo el mundo acabó diciendo más o menos lo mismo, o sea, lo normal en estos casos. Tal vez en el fondo la enfermera no tenía ganas de recibir clase hoy. Y a lo mejor al final hasta aprendió algo. Yo, desde luego, sí.

Para rematar, una alumna de las de 20, dijo, "o sea, que como siempre: para gustos, colores".

Y otro alumno, de los de 50, mientras salía, dijo: "menudo pollo con Pollock".

Y ha sido lo mejor de la semana.

19 febrero 2008

The graduate, Mike Nichols, 1967

Ben mira a su alrededor y no entiende nada. Acaba de terminar sus estudios, es un estudiante brillante con un futuro prometedor ("Plastics!", le sugiere un amigo de sus padres con aire de estar abriéndole las puertas del paraíso). Todas las muestras de afecto, todas las palmadas en la espalda, todo el ruido de su entorno solo contribuyen a aumentar su confusión, su desorientación y su desamparo.

No consigue compartir el entusiasmo de sus padres, todo orgullo, a los que mira como si fueran seres extraterrestres. No sabe quién es, no sábe dónde está, ni dónde quiere ir, ni qué quiere hacer. Mira a su alrededor y no entiende nada.

Se zambulle en la piscina de sus padres, dejando pasar el tiempo con indolencia y fingiendo que nada le importa. Se pone las gafas de sol a modo de barrera contra el mundo, soporta con estoicismo el ridículo de pasear desde la cocina hasta el jardín con un traje de submarinista que no ha pedido ni desea tener. Es el éxito en el que los demás desean mirarse, pero no hace más que seguir el camino marcado, tal vez por falta de arrojo para construirse uno él mismo.

El buzo dentro de la pecera en la secuencia que abre la película, con el rostro ensimismado de Ben en primer plano, es el símbolo de su aislamiento. El silencio abombado que se produce cuando mete la cabeza bajo el agua es el único lugar donde se siente seguro.

Ben, ¿qué estás haciendo?, le pregunta su padre. Bueno, dice él, sólo estoy flotando aquí, en la piscina.

Todo el mundo le cae mal, todo el mundo le molesta. Su único contacto aparentemente humano es la relación con la señora Robinson, que le manipula, le utiliza y le humilla, además de darle lo que cualquier chico de su edad querría, pero sin hablarle. Solo en una ocasión logra que ella le conteste. Es el principio del fin.

(Dadas las circunstancias, me alegra enormemente poder ver esta película y sentirme identificada con Ben y no con la señora Robinson. Sé que es un mal chiste porque también es la pura verdad.)

Después aparece Elaine, con su belleza y su inocencia. Ben puede contarle la verdad, o parte de la verdad: "siento la necesidad de ser grosero todo el tiempo, ¿sabes lo que digo?" Ella le contesta sonriendo "sí, lo sé". "Es como si estuviera jugando algún tipo de juego pero las reglas no tienen ningún sentido para mí… están hechas por la gente equivocada… no, no, ni siquiera las ha hecho nadie, parece que se hacen solas".

Y después comprende: "eres lo primero que me gusta en mucho tiempo; la primera persona que soporto".

No es difícil elegir un camino en una circunstancia así, ¿no? Aunque todos los demás condicionantes se pongan en contra, o precisamente por ese mismo motivo. "¡Es demasiado tarde!", grita la bruja del cuento, la señora Robinson. "¡No para mí!", le contesta su hija, retadora y rebelde, mientras el héroe mantiene a raya a la multitud blandiendo un crucifijo. Happy end.

Pero hay algo amargo, algo que escuece.

Es el duro plano final, largo hasta la conciencia. ¿Qué pasa ahora? ¿Dónde vamos, qué hacemos? ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Para qué ha servido todo esto?

Creo que por eso todo el mundo habla siempre de una segunda parte de El graduado. ¿Quién no tiene curiosidad por ver cómo se las arreglan, cuánto tiempo tarda en romperse su matrimonio? Hay tanto de verdadero en su relación, de conmovedor en su inocencia, de simple en su esperanza de romper las reglas y hacer una revolución a su medida. Es cierto, así se viven las cosas con veinte años. Y después vienen los treinta y los cuarenta, el éxito económico, los hijos, el aburrimiento, la soledad otra vez.

Qué película más dolorosa. Lo peor no son las verdades que cuenta.

Lo peor son las verdades que amenaza.

Viaje

No es país para viejos, de Cormac McCarthy, Matadero cinco, de Kurt Vonnegut, el guión de El Apartamento, de I.A.L.Diamond y Billy Wilder, The Brooklin Follies de Auster en inglés, la edición del 30 aniversario del Born to run, de Bruce Springsteen, y el Tunnel of love, que era imperdonable no tenerlo en cd como dios manda, Drácula de Bram Stoker y las dos primeras partes de El Padrino, de Coppola, una guía de Nueva York...

Otra vez me he vuelto a dejar un porcentaje excesivo de mi sueldo mensual en la Fnac. Si es que no se puede ir a Madrid.

Pero ya he vuelto, ayer estuve viendo El graduado. Enseguida estoy con vosotros. Tengo que hablaros de Benjamin Braddock.

10 febrero 2008

No country for old men, Ethan Coen y Joel Coen

(No suelo comentar películas en cartelera porque soy un poco bocazas; ojo, alguien podría considerar que se me ha colado algún pequeño spoiler, aunque he intentado que no.)

Qué belleza, Estados Unidos a través de la lente de los hermanos Coen. Nadie la retrata como ellos. Y no solo belleza: belleza dentro de la cotidianidad. El cielo, la tierra polvorienta, la gasolinera Texaco, la frontera con México, los coches, el motel de carretera, el hotel barato, la señora gorda con gafas sentada tras una mesa de oficina.

No es él. Es el personaje. Eso pensé un momento, aunque después tuve que reconocer que Anton Chigurh no sería lo mismo sin él. No llegas a odiarlo porque por momentos lo admiras y porque fascina lo listo que es y lo artero, la forma en que mantiene la calma, el silencio, el sigilo. La locura en sus ojos. Qué miedo da. Oh, no es un malo cualquiera, no. Es un buen malo. Un malo especial.

El personaje del padre de Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones), ausente y presente durante toda la película, sobrevolando la expresión apesadumbrada del sheriff, su hastío, su impotencia, su forma de llegar unos minutos tarde a todas partes o de no llegar en absoluto.

La persecución siempre infructuosa, el azar, el castigo, la permanente e inútil huida hacia delante, hacia ningún sitio.

La inutilidad de la codicia, el vacío de la violencia, la evidencia del dolor, la forma en la que puedes resultar especial sin serlo, en los ojos y las palabras de Carla Jean (Kelly McDonald) la esposa de Llewelyn Moss (Josh Brolin). Y este último, mejor no olvidarlo, un alter ego, un reflejo exacto (por inverso), el contrapunto perfecto, el artífice del equilibrio. Otro hombre silencioso que provoca el cataclismo y que lo acepta diciendo "Things happened. I can't take 'em back".

La forma en que los personajes se predicen y se adivinan y no te resulta extraño porque das por supuesto y aceptas que son más listos que tú, aunque lo único que pasa es que, por una vez, son tan listos como tú, el espectador, el que casi siempre lo sabe (o lo espera) casi todo.

Sí, el personaje de Tommy Lee Jones es un poco el de siempre, y tal vez Carson Wells, el de Woody Harrelson, es un poco innecesario (salvo por una de las líneas de diálogo que pueden pasar a la historia de esta película, ese "Just how dangerous is he?" al que Wells responde "Compared to what? The bubonic plague?"); desde luego es un poco difícil creer tanta violencia y tanta muerte (el "hard to believe" que varias veces dice Bell, el sheriff, y que probablemente hace a la película tan verosímil). Tal vez no se entiende muy bien la continua referencia al pasado y al cambio, justificado (y alimentado) por el propio título…

Pero es que esta película hay que verla varias veces antes de escribir nada sobre ella.

Porque es cine del que merece la pena, cine de ese que te hace olvidarte de las cosas, que te transporta a otro lugar: uno en el que hay buenos, malos, cielos infinitos, desiertos de tierra y piedras, crueldad, generosidad, soledad, secretos, suspense, miedo, amor y muerte. Cine de verdad.

07 febrero 2008

Los usuarios decidimos qué es "servicio público"

Cuando a un spot publicitario se le concede la "exención de cómputo", este spot no es considerado "publicidad" a efectos de tiempo de emisión. El anuncio se ofrece por parte de las cadenas de forma gratuita por tratarse de un servicio "público o de carácter benéfico". De su emisión no debe "derivarse beneficio económico para los intermediarios".

El Ministerio de Industria, Turismo y Comercio no ha concedido la exención de cómputo a este anuncio porque considera que no se trata de un servicio público y que el spot se pasa al ámbito, más resbaladizo, de la publicidad política. Dice el Ministerio en su nota de prensa que el anuncio "atribuye la violación de derechos humanos a líderes políticos internacionales".

El Ministerio, en su nota de prensa, juega con la idea de que la exención de cómputo no puede concederse ni rechazarse hasta que efectivamente una cadena de televisión emita el spot de forma gratuita. Después es cuando viene lo que Amnistía Internacional denomina sanción. No he leído la ley ni tengo tiempo de hacerlo, pero creo que ninguno dice toda la verdad.

Bueno. Yo no tengo muchas ideas políticas o, si las tengo, por lo general me las guardo para mí. Pero viendo este anuncio yo no veo esta atribución de violación de derechos humanos a nadie. Ahí no se acusa a nadie. Si acaso, se juega con sobreentendidos y, sobre todo, difícil cuestión, se utiliza el complejo arte de la ironía. No hace falta ser muy listo para entender la mayoría de las ironías, pero muchas veces es mucho más fácil hacerse el tonto y a otra cosa.

Muchas veces no estoy de acuerdo con los procedimientos de Amnistía Internacional, creo que a veces bordean de forma preocupante el fanatismo y el fundamentalismo que atacan. Saben aprovechar muy bien los mecanismos de propaganda que utilizan los partidos políticos, la credulidad de la gente, la falta de tiempo o la pereza para ahondar en la información y el conocimiento. Estoy de acuerdo más con sus fines que con sus medios.

Pero creo firmemente en la libertad de expresión. Por eso os dejo aquí el anuncio. Para que juzguéis vosotros mismos.

La explicación de Amnistía Internacional.

La nota de prensa del Ministerio.


05 febrero 2008

Joder

Leo cosas por ahí que me dan una envidia de cagarse.

Después vuelvo aquí y me leo yo y

En fin, total pa qué me voy a quejar, si luego me llenáis los comentarios con cosas como que escriba lo que me salga del coño, y con razón.

Pero hoy me he dado cuenta de que muchas cosas no van como yo quiero porque yo misma no soy quien quiero ser.

Y me jode muchísimo, porque no sé contestar a la pregunta ¿cómo quieres ser?

De verdad, hoy me la he hecho y me he quedado sin palabras.

Y, de verdad, esa es una de las peores cosas que pueden pasarte (sobre todo cuando todo lo demás va bien).

Menudo telar.

A modo de autorrespuesta os dejo aquí una frase sacada de la película Arrebato, de Iván Zulueta, que vi la semana pasada en la tele, para que os haga pensar un rato:

"No fue una gran idea. Pero acabó sirviendo, como siempre que me equivoco".

¿Vosotros no veis la tele con un boli y un bloc al lado?

02 febrero 2008

Imagen

He soltado un comentario en un blog nuevo, es decir, en un sito donde nunca había comentado antes. Dejo mi firma y pienso que probablemente a través del enlace de ese comentario entrará alguien a mirar aquí (lo que suele ser la razón de que no comente nunca en ningún sitio desconocido, de hecho). Y entonces me doy cuenta de que lo último que he escrito, es decir, lo primero que leerá cualquier incauto que se arrime a este agujero será esa cosa infecta titulada (para justificar lo injustificable) Desvarío. Es muy feo esto de pedir disculpas por lo que uno ha escrito, o por lo que uno es, pero lo cierto es que tenemos que cuidar nuestra imagen. Es importante la primera impresión, supongo.

Así que he pensado, joder, ¡tengo que escribir algo que hable un poco mejor de mí! (Sobre todo porque no vaya a ser que venga V y me pille así, en bragas... por lo menos un aperitivo antes, no sé.)

Pues eso. Yo tenía un amigo que escribía canciones. Bueno, el amigo lo sigo teniendo, como los ojos del Guadiana, más o menos, pero ahí estamos. Me parece que lo de hacer canciones lo tiene un poco abandonado, pero a cambio consiguió una parte de uno de sus sueños, que es más de lo que podemos decir la mayoría.

(Pisha, si llegas aquí, no me arranques la cabellera. Y no me pidas derechos de autor.)

Esta canción fue escrita, quién sabe, tal vez en ese maldito 1998 que digo que no puedo recordar. Así es como yo me sentía. Lo que no sé es si él lo sabía o si lo inventó.

boomp3.com

31 enero 2008

Desvarío

Qué cansada estoy. Cansada y desganada. Pensar en las cinco horas de clase de esta tarde me agota, me imposibilita para pensar en cena más copas justo a continuación, los putos carnavales. No puedo, es imposible, estoy demasiado cansada. Solo tengo ganas de estar sentada y no hacer nada, no pensar, dejar que pase el tiempo y que llegue el momento de irme a dormir. No tengo ganas de hacer la comida ni de comérmela, ni de fregar, lavarme los dientes, coger el coche y enseñarles a los chavales ejemplos de la forma, la proyección, el escorzo, el traslapo, aguantar a los pesados de animación mientras me hacen esas preguntas que no sé contestar, dos horas contando lo mismo cuarenta veces sobre el premiere a los de audiovisuales, sentirme sola, tener frío y sin embargo sudar, esperar un mensaje que no llegará, ir de cena ni de coña, estoy demasiado cansada, quiero dormir aunque después llega la hora me desnudo, me acuesto y no concilio el sueño pensando en el puto bacilo de Koch, en esputos, en llamadas telefónicas, en seis meses de tratamiento, en contagios. Luego está lo de la soledad, que últimamente me pesa tanto que busco señales en todos los ojos que se cruzan conmigo, tan solo para ir descartando, este no, este tampoco, a veces me pregunto qué pasaría si de repente aparecieran unos ojos de los que pudiera decir tan solo este tal vez, me cagaría encima, si no es lo que quiero, si no es lo que quiero querer, ¿por qué no paro de pensar en ello?, no lo entiendo, me agobia la idea. Tengo los pies fríos, las manos frías, camiseta, sudadera, bata, calefacción, después dentro de un rato tengo calor, pero no tengo fiebre, y hasta querría tenerla, una buena excusa para pedir la baja de una vez, por qué tendré tantas ganas de estar de baja, tal vez para descansar, para no tener que enfrentarme a cinco horas de clase, qué son cinco horas, joder, pues una cosa muy pequeña comparada con otras mucho peores que has tenido que afrontar en otras ocasiones, pero al mismo tiempo me parece imposible soportarlo. Nunca sabes si es mental o físico, esa puta manía de atribuirle una causa psicológica o mental a todo lo que nos pasa, estoy empezando a ser cada vez más House, cada vez más escéptica con respecto a la existencia de cualquier tipo de más allá, al poder de la mente, incluso de la voluntad, del alma en general. Que no, que somos moléculas y humores, química, biología, cosas tangibles, tengo que dejar de pensar que me domina una parte de mi cerebro que no puedo entender, inaccesible, imposible de analizar, de poner bajo el microscopio, eso no existe, qué manía, la puta trascendencia, cuánto daño han hecho los místicos, incluso el jodido Freud y toda la caterva de explicadores de misterios por los misterios, que no, que todo es mierda y sangre y células, no hay más, pensar que hay más es una pérdida de tiempo y una forma imbécil de dar por explicado lo incomprensible, y no es así, no es así, no hay fantasmas, ni dentro ni fuera, la magia son trucos, todo es fe, no quiero fe, quiero pruebas, quiero poder aceptar que lo que no sé, lo que no entiendo, son solo eso, ignorancia, no payasadas del poder de la mente ni fantasías espirituales ni cosas que podría cambiar si quisiera. Lo que es, es, y se puede encontrar con un análisis de sangre o una radiografía y ya esá. Punto. Estoy cansada y no me lo invento, no hay subconsciente que me gobierne, no existe nada de eso. Definitivamente y para siempre, me quedo con Scully. A tomar por culo. La verdad está aquí dentro: en los ruidos de mis tripas.

30 enero 2008

Secretos

Todos tenemos secretos. A veces necesitamos contarlos y otras veces necesitamos ocultarlos. No sé muy bien cuál es el mecanismo que nos empuja a contar nuestros secretos en ocasiones, a pronunciar esa frase que todos hemos soltado alguna vez, ese "necesitaba contarlo".

Hace más o menos un mes una compañera de trabajo me confesó algo y utilizó esa frase, se justificó diciendo que necesitaba hablar con alguien. Aquella conversación me hizo pensar mucho sobre los secretos propios y los ajenos, sobre lo que mueve a las personas a confiar en los demás, sobre el respeto.

Aquel día llegué a casa sintiéndome bien por haber sido elegida por su confianza, aunque me duró poco. En poco más de siete días ella misma se había encargado de que su secreto se convirtiera en una noticia. Pero yo le había dicho que no se lo iba a decir a nadie y llevé hasta tal punto aquella afirmación que fingí no saber nada cuando todo el mundo empezó a hablar del asunto.

Hay personas que no saben guardar secretos, al menos no los de cierto tipo. Eres capaz de no confesar jamás algo que te avergüenza o algo que te da miedo o que te produce dolor. Pero es difícil no hablar de algo que te hace feliz o que te da placer. Y a muchas personas les resulta prácticamente imposible guardar los secretos de otros. Aquí hay otra frase muy gastada, el "no se lo digas a nadie" que precede a un secreto que va de boca en boca. Cuando yo oigo la frase "no se lo digas a nadie", inmediatamente aplico una capa de olvido a lo que viene a continuación. Y lo que oigo, créanlo o no, no se lo digo a nadie.

Creo que mi compañera de trabajo aquel día esperaba eso de mí: que yo fuera a otro compañero y dijera: "no se lo digas a nadie, pero…" Y no lo hice, con lo cual su secreto continuó siendo un secreto, que no es lo que ella quería (como se demostró pocos días después).

A mí me gustan los secretos, aunque no creo que sean siempre buenos ni deseables, ni útiles. Creo que el motivo por el que puedo guardarlos es que no siento curiosidad por la vida de los demás. Creo que todo el mundo tiene secretos y me parece bien.

Será porque guardo celosamente los míos.

boomp3.com

28 enero 2008

The dead, John Huston

El sábado vi Dublineses (The dead), de John Huston. Es una película extraña, desequilibrada. Dura 75 minutos y de ellos, te pasas 65 preguntándote qué va a ocurrir, cuál es la finalidad. Siempre que veo una película o que leo un libro donde ocurre eso, el resultado suele ser que no pasa nada. Nada lo mejora, todo sigue así, se cumple la tendencia. Pero algo tenían las imágenes de ayer que me hicieron seguir mirando. Tal vez saber que Huston siempre tiene algo que ofrecer. Esta vez no podía ser menos.

Yo tengo muy poca imaginación. Una de las cosas que aprendí en la carrera fue que hay una especie de contrato tácito entre el director y el espectador. La película ofrece pistas para que el espectador pueda sacar conclusiones y establecer hipótesis que, al cumplirse, le producen satisfacción. Nada de esto ocurre en esta película. No tienes datos concretos, de modo que tus hipótesis son erróneas.

Toda esa larguísima secuencia de la reunión social la noche de Reyes nos sirve para contextualizar, para retratar una sociedad y unos individuos, para hacer un poco lo mismo que hacía Robert Altman en sus películas corales: presentarte un montón de personajes que tienes miedo de no reconocer o no ubicar después, hasta que te relajas, cuando te das cuenta de que sí te estás enterando de lo importante.

El final es la clave (si no la has visto y piensas verla, mejor no des al play).



Algunas películas no siguen el canon clásico: presentación, desarrollo, desenlace. Y no importa. Lo que importa es el mensaje que te llega, lo que son capaces de sacar de ti.

Después de verla leí el relato de James Joyce en el que se basó esta obra casi póstuma de John Huston. Y la verdad es que, tratándose de dos genios, es un placer poder decantarse en esta ocasión por la versión filmada. No mejora nada, no aporta nada, no depura nada. La imagen es escrupulosamente fiel a la palabra escrita. Y sin embargo tiene una ventaja para mí, y es que te permite extraer tus propias conclusiones sobre los sentimientos y los pensamientos de los personajes, de modo que, siendo comparativamente más incompleta, menos prolija (la ventaja, supongo, del lenguaje cinematográfico), es mucho más flexible y, por lo tanto, más libre.

Provoca escalofríos pensar que John Huston sabía que habría muerto cuando la película fuese estrenada.

26 enero 2008

Extraños procedimientos

Cosas de los dentistas. El otro día me fui a hacer una limpieza dental. No tengo dentista, cada vez voy a uno distinto. Este me cayó bien. Me abrió la boca, se puso a mirarme los dientes y dijo: "hum... en verano te pones morenita". Con la boca abierta y aquellos dedos enguantados dentro no sé si se me notó mucho la cara de asombro. Pregunté: "¿eso te lo dicen mis dientes?" Contestó: "me lo dicen tus dientes". Dije: "chivatos asquerosos, seguro que te dicen muchas más cosas que te callas". Contestó: "así es". En qué lugares inverosímiles quedan rastros de lo que hacemos.

Estos días me ha dado el punto nostálgico (será por 1998) y he estado leyendo Carballo Torto. Se me hace raro leer lo que escribía hace tres años, casi cuatro. Ver cómo, efectivamente, lo que fui construye lo que soy, ladrillo a ladrillo. Comprobar cuáles eran entonces mis obsesiones, las canciones que escuchaba, los libros que leía (Pessoa sigue en mi mesilla, aunque ya no le dedico tanto tiempo). Tengo la sensación de que utilizaba mejor las palabras, aunque era bastante más exhibicionista que ahora, razón fundamental para abandonarlo. Tuvo una caída en picado cuando me perdí a mí misma otra vez. Lo que más me gustó fue leer los comentarios.

En otro orden de cosas. Escuchando el otro día una canción se me ocurrió rendirme.

Busqué en Google "I'm thinking about giving up".

Encontré la letra de una canción que dice todo lo contrario. Es una canción fácil y tontorrona. Me gustó tanto que la dejo aquí. Para que nadie la escuche. Para que no caiga en el olvido.

boomp3.com

22 enero 2008

1998

Fanshawe rescata de Zemos98 una especie de meme y me obliga a pensar. Ya estaba en ello, total…

Pero tenemos un problema.

No me acuerdo de dónde estaba, quién era ni qué hacía en 1998. En seguida, al intentar (en vano) hacer memoria, he pensado: "dónde estaba no lo sé, pero ya no era una niña".

Lo poco que hay es esto:

Estaba en cuarto de carrera. Todavía quería ser directora de cine. Todavía no había vuelto a beber y a fumar. Tenía algunos amigos que todavía siguen ahí. Otros se han perdido. Mi relación iba a la deriva, aunque yo me agarraba al timón y trataba de mantenerla a flote como si fuera la única alternativa para seguir viviendo.

En el verano del 98 me fui con mi novio de vacaciones por primera vez, aunque llevábamos cinco o seis años viviendo juntos. Habíamos estrenado coche, así que decidimos irnos una semana por ahí. Elegimos la Costa de la Muerte. Oímos en la radio la final del Mundial de fútbol una de las primeras noches en una playa cuyas olas rugientes no nos dejaron dormir. Después acampamos en un pueblo cerca de Muxía y nos íbamos todos los días a ver cosas. Hizo mal tiempo y apenas pisamos playas. Pero comimos marisco. Vimos castros celtas abandonados en las colinas, dólmenes olvidados, hicimos un dibujo en el jardín de Man, el de Camelle. No recuerdo que fuéramos capaces de hablar sobre lo que nos estaba pasando.

¿Que si vi alguna película? Supongo. ¿Que si fui a algún concierto? Tal vez. ¿Que si me compré algún disco? Probablemente.

Todos esos meses se han borrado de mi memoria. Tal vez si tiro de las fotos sea capaz de recordar algo más. No quiero pensar que esos años se han perdido para siempre. Pero ahora mismo así es.

Menuda mierda.

17 enero 2008

De cuando todo era futuro

Algo tendrá que ver. Anoche, después de leer en lo de Antígona la reflexión tan preciosa que hace sobre la infancia, sin saber por qué me acordé de Roy Orbison. Bueno, sí sé por qué: esa era la música que yo escuchaba con 15 años, edad que entonces no, pero ahora sí, considero reino de la infancia (tal vez más para unos que para otros, pero esa es otra historia).

Escuchaba a Elvis, a Jerry Lee Lewis, a Chuck Berry, a Eddie Cochran. No soportaba la mayoría de las canciones que sonaban en la discoteca en la que pasábamos las tardes de los domingos y en la que nadie me sacaba a bailar los lentos. Me sentía diferente. Tampoco es que hiciera ningún esfuerzo por no sentirme así. Creo que sentía que la diferencia me hacía especial. (Tardé un tiempo en apearme del error.)

Ahora me pregunto cómo fueron llegando a mi conocimiento estos músicos. Solo teníamos acceso a los canales más anchos de la comunicación. Pero estaba Radio 3, y también aquellas pelis, La Bamba, que nos contó la historia de Ritchie Valens, o la (mítica) Great Balls of Fire! protagonizada por Dennis Quaid, y hasta Regreso al futuro, si me apuras (aunque quiero recordar que yo sabía quién era Chuck Berry la primera vez que la vi y le expliqué el chiste de la secuencia del concierto en el baile de fin de curso a mi hermana). Incluso los primos o tíos que te llevaban veinte años y que te dejaban cintas que habían sido grabadas en tiempos en los que tú apenas habías nacido.

Esa música anticuada de tupés y lamentos me electrizaba por dentro. Y por fuera. Sentía la música desde lo más hondo de las tripas y hasta la punta de los dedos y pensaba que me había equivocado de época para nacer, que mis quince o diecisiete deberían haber caído en el año 60 o algo así. No entendía la música que sonaba en la radio, ni siquiera entendía la forma en que la gente se vestía o bailaba.

Ha pasado el tiempo y tengo un poco olvidados a aquellos clásicos. Pero siguen ahí como cimientos que lo sostienen todo y sin los cuales el presente no tendría sentido.

Me parece genial el vídeo que he encontrado en Youtube. Y la canción es maravillosa: Only the lonely, de Roy Orbison. Que la disfruten.

13 enero 2008

Ángel

Los fines de semana intento permanecer lo más lejos posible de cualquier fuente de información. Pero acabo de ver en lo de Lula que se ha muerto Ángel González.

Ayer, después de pasarme varias horas dándole vueltas al post del relato y las canciones, me quedé como aliviada pensando que al menos durante unos días no tendría que pensar en el blog. Llevo un tiempo sufriendo bastante para mantenerlo actualizado: pienso que tengo que escribir y me siento a ello, pero no tengo nada que decir.

Hoy, sin embargo, y a mi pesar, sí tengo algo que decir. Supongo que muchos blogs españoles se llenarán hoy de crespones negros como este, así que no me voy a extender mucho en la figura, que todos conoceréis de sobra.

Me da igual que tuviera ochenta y dos años. Yo tengo ganas de llorar como si se me hubiera muerto un amigo. Lo de los aprecios y la muerte son cosas que no podemos entender. A lo mejor es que no tengo muy buen día, que he tenido que conducir sobre la nieve y me he puesto nerviosa, que ayer estuve todo el día sola o que la luna está en un cuarto particularmente pernicioso.

Yo creo que él pensaba que vivir era irse muriendo todos los días un poco y que algunas tardes (sobre todo en enero) no tenía muy clara la diferencia entre estar vivo y no. Así que igual ni se ha enterado de que se ha muerto.

Me cuesta mucho elegir solo un poema pero no quiero cansaros. Me quedo con la

DIATRIBA CONTRA LOS MUERTOS

Los muertos son egoístas:
hacen llorar y no les importa,
se quedan quietos en los lugares más inconvenientes,
se resisten a andar, hay que llevarlos
a cuestas a la tumba
como si fuesen niños, qué pesados.
Inusitadamente rígidos, sus rostros
nos acusan de algo, o nos advierten;
son la mala conciencia, el mal ejemplo,
lo peor de nuestra vida son ellos siempre, siempre.
Lo malo que tienen los muertos
es que no hay forma de matarlos.
Su constante tarea destructiva
es por esa razón incalculable.
Insensibles, distantes, tercos, fríos,
con su insolencia y su silencio
no se dan cuenta de lo que deshacen.

12 enero 2008

Un cuento y dos canciones

Tenías un coche rápido y un plan para marcharte. Un día apareciste en mi puerta para decirme que te ibas y que no pensabas volver; me miraste a los ojos y me dijiste que yo era lo único que no querías dejar atrás; me tendiste la mano como un puente sobre un abismo y me pediste que me fuera contigo. Ese día aprendí lo que es el miedo.

A mi mente, como un torbellino en medio del vértigo, acudieron todos los momentos, los tíos que dejé marchar, la sensación de dolor, la juventud desperdiciada y todos nuestros encuentros: las carreras locas en carreteras abandonadas, la sensación de libertad y de límite, los gritos que siempre conseguía acallar en el borde de la garganta, tu deseo incontrolable de llegar siempre un poco más lejos, un poco más cerca del final.

Cuando me devolvías a casa, antes de cerrar la puerta entre los dos, nos mirábamos a los ojos y nos cantábamos en voz baja aquel verso de Dylan. Sonaba en un susurro, "when you got nothing you got nothing to lose", y nuestras voces quedaban flotando en el aire un instante entre nosotros, sobre el abismo que nos separaba sin que llegáramos a comprenderlo nunca del todo, y eran un puente también, un puente que tendíamos con palabras y a veces con alas de sueños.

Sabíamos que las mejores intenciones no bastan para hacer las cosas bien. Sabíamos que hay un precio que pagar por cada alegría y por cada exceso. Y no queríamos saber que había una diferencia inabarcable entre nosotros. A ti no te bastaba el horizonte y yo solo sentía calor con el fuego de leña.

Hay certezas a veces. De algún modo y por alguna inexplicable intuición, sabes sin saber por qué. Y por eso o pese a ello hay que cerrar los ojos y dejarse llevar sin pensar demasiado. Porque a veces saber que algo va a salir mal no es razón suficiente para no hacerlo.

Con tu coche parado frente a mi puerta y tu mano mostrándome un camino incierto, la ansiedad de tus ojos y Dylan cantando en el fondo de nuestros corazones, supe lo que era el miedo. Y aprendí en ese mismo instante qué hay que hacer cuando se tiene miedo, cuando no se tiene nada que perder, cuando se desconoce el precio a pagar, cuando el vértigo parece más fuerte que la sensatez, cuando comprendes que no hay fuego que caliente un horizonte.

Quemé mis puentes en el largo paseo hasta tu coche, eliminando de las posibilidades todo camino de huida o de vuelta atrás. Renuncié al pasado y a los futuros predecibles o esperados, anulé todos los billetes de ida.

Y cuando aquellas ruedas dejaron dos líneas negras humeando en el asfalto delante de mi puerta cerrada, detrás de nosotros, comprendí que lo importante no es acertar ni equivocarse. Lo importante es decidirse.



Para escribir este proyecto de relato utilicé versos y emociones de dos canciones: Thunder Road, de Bruce Springsteen y Bridges, de Tracy Chapman. Dejo aquí canción, letra y traducción de ambas para quien prefiera beber de las fuentes, que es mucho más recomendable. A su lado, el cuento es el agua sucia de un charco.

boomp3.com

Thunder Road, Bruce Springsteen.

The screen door slams
Mary's dress waves
Like a vision she dances across the porch
As the radio plays
Roy Orbison singing for the lonely
Hey that's me and I want you only
Don't turn me home again
I just can't face myself alone again
Don't run back inside
darling you know just what I'm here for
So you're scared and you're thinking
That maybe we ain't that young anymore
Show a little faith, there's magic in the night
You ain't a beauty, but hey you're alright
Oh and that's alright with me

You can hide 'neath your covers
And study your pain
Make crosses from your lovers
Throw roses in the rain
Waste your summer praying in vain
For a savior to rise from these streets
Well now I'm no hero
That's understood
All the redemption I can offer, girl
Is beneath this dirty hood
With a chance to make it good somehow
Hey what else can we do now
Except roll down the window
And let the wind blow back your hair
Well the night's busting open
These two lanes will take us anywhere
We got one last chance to make it real
To trade in these wings on some wheels
Climb in back
Heaven's waiting on down the tracks
Oh oh come take my hand
Riding out tonight to case the promised land
Oh oh Thunder Road, oh Thunder Road
oh Thunder Road
Lying out there like a killer in the sun
Hey I know it's late we can make it if we run
Oh Thunder Road, sit tight take hold
Thunder Road

Well I got this guitar
And I learned how to make it talk
And my car's out back
If you're ready to take that long walk
>From your front porch to my front seat
The door's open but the ride it ain't free
And I know you're lonely
For words that I ain't spoken
But tonight we'll be free
All the promises'll be broken
There were ghosts in the eyes
Of all the boys you sent away
They haunt this dusty beach road
In the skeleton frames of burned out Chevrolets

They scream your name at night in the street
Your graduation gown lies in rags at their feet
And in the lonely cool before dawn
You hear their engines roaring on
But when you get to the porch they're gone
On the wind, so Mary climb in
It's a town full of losers
And I'm pulling out of here to win.

Carretera del trueno

La puerta se cierra de golpe, el vestido de Mary ondea. Como en una visión ella baila a través del porche mientras en la radio suena Roy Orbison cantando para los solitarios.

Eh, aquí estoy y solo te quiero a ti. No me mandes de vuelta a casa, no podría enfrentarme a mi soledad otra vez, no corras dentro, cariño, sabes por qué estoy aquí. Sé que estás asustada y que piensas que tal vez nunca volveremos a ser tan jóvenes. Ten un poco de fe, hay magia en la noche. No eres una belleza pero eres genial y es todo lo que necesito.

Puedes esconderte debajo de las mantas, estudiar tu dolor, hacer cruces por tus amantes, esparcir rosas bajo la lluvia, desperdiciar tu verano rezando en vano por un salvador que te saque de estas calles. Bueno, yo no soy un héroe, eso está claro, toda la redención que te puedo ofrecer está debajo de ese capó sucio.

Con una oportunidad para hacerlo bien de alguna manera, ¿qué otra cosa podemos hacer ahora más que bajar la ventanilla y dejar que el viento te despeine? Bueno, la noche está a punto de reventar; estos dos carriles nos llevarán a cualquier parte. Tenemos una última ocasión de hacerlo realidad, de convertir estas alas en ruedas. Súbete. El cielo está esperando sobre los caminos.

Oh, oh, venga, coge mi mano, esta noche conduciremos hasta alcanzar la tierra prometida. Oh, carretera del trueno, carretera del trueno, carretera del trueno, ahí extendida como un asesino bajo el sol. Sé que es tarde pero podemos hacerlo si nos damos prisa. Oh, carretera del trueno, siéntate bien, agárrate fuerte, carretera del trueno.

Bueno, conseguí esta guitarra y aprendí a hacerla hablar. Y mi coche está ahí detrás si estás preparada para dar ese largo paseo desde tu porche hasta mi asiento delantero. La puerta está abierta pero la carrera no es gratis. Y sé que estás sola por palabras que no he dicho, pero esta noche seremos libres, todas las promesas se romperán.

Había fantasmas en los ojos de todos los chicos que dejaste. Se aparecen en esta polvorienta carretera de la playa en los esqueletos de chevrolets calcinados. Gritan tu nombre por la noche en las calles, tu toga de graduación yace en harapos a sus pies, y en la calma solitaria antes del anochecer oyes rugir sus motores. Pero cuando bajes del porche se habrán desvanecido en el viento, así que, Mary, súbete. Es una ciudad llena de perdedores y yo me largo de aquí para ganar.

(Más y mejor aquí)

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Bridges, Tracy Chapman

All the bridges that you burn
Come back one day to haunt you
One day youll find you're walking
Lonely
Baby I
Never meant to hurt you
Sometimes the best intentions
Still don't make things right

But all my ghosts they find me
Like my past they think they own me
In dreams and dark corners they surround me
Till I cry I cry

Let me take this time to set the record straight
Let me take this time to take it all back
Let me take this time to tell you how I felt
Let me take this time to try and make it right

But you can
Walk away
Be all alone
Spend all your time
Thinking about the way things used to be
If love feels right
You work it out
You don't give it up
Baby

Anybody tell you that
Anybody tell you that
Anybody tell you that

You should take some time maybe sleep on it tonight
You should take some time baby heed the words I said
You should take some time think about your life
You should take some time before you throw it all away

I aint got the time
To sit here and wait around
But I got the time
If you say Im what you want

Puentes

Todos los puentes que quemaste volverán un día a perseguirte. Un día te encontrarás andando solo.

Cariño, nunca quise hacerte daño; algunas veces las mejores intenciones no bastan para que las cosas salgan bien. Pero todos mis fantasmas me encontraron, como mi pasado creen que me poseen. En sueños y esquinas oscuras me rodean hasta que lloro, lloro.

Déjame aprovechar este momento para fijar los hechos, déjame aprovechar este momento para retractarme, déjame aprovechar este momento para contarte cómo me sentí, déjame aprovechar este momento para intentar hacerlo bien.

Pero puedes irte, estar totalmente solo consumiendo todo tu tiempo pensando cómo solían ser las cosas. Si el amor se siente bien lo lograrás.No te rindas, cariño. Nadie te dice eso, nadie te dice eso, nadie te dice eso.

Deberías tomarte un poco de tiempo, quizás consúltalo con la almohada. Deberías tomarte un poco de tiempo, cariño, para hacer caso a las palabras que digo. Deberías tomarte un poco de tiempo para pensar sobre tu vida. Deberías tomarte un poco de tiempo antes de tirar todo por la borda.

Yo no tengo tiempo para sentarme y esperar. Pero tengo tiempo si me dices que soy todo lo que quieres.

07 enero 2008

Los Reyes Magos existen

De verdad.

Lo que pasa es que solo les traen regalos a los niños que creen en ellos.

28 diciembre 2007

Beautiful girls, Ted Demme

Al llegar a casa encendí la tele y la pillé por la mitad. Me encontré en la secuencia en la que Willie (Timothy Hutton) habla con Marty (Natalie Portman) en la pista de patinaje. Es tan seria la conversación que mantienen, adulta e infantil, como si estuviesen jugando y al mismo tiempo sopesando en serio la posibilidad de tener una relación. Pero él ya es mayor y sabe qué pasará en el futuro, porque ya lo ha visto, lo ha vivido. Y no quiere ser el Pooh de Marty-Christopher. Tú crecerás y cambiarás, le dice. Nada le jode más a un niño con alma de viejo que oír esas palabras.

Y tuve que verla hasta el final. La secuencia en que Andera (Uma Thurman) encuentra a Willie solo bebiendo en el bar (¿Estás borracho? No sé, pero las dos estáis guapísimas), y la tremenda, demoledora conversación que mantienen en la cabaña de pesca sobre el amor y la felicidad, sobre los domingos lluviosos por la mañana y los periódicos y Van Morrison y Tracy. Ella se marcha y él se queda diciendo damn it! Sabe que ella tiene razón en todo lo que dice. Como si saberlo sirviera para algo.

Entiendo tan bien los sentimientos de Willie como si fuera yo misma (ése es el truco, supongo): sus dudas, sus miedos, su insatisfacción, sus vaivenes. Su deseo de lo inalcanzable, su atracción por el fracaso, su infructuosa búsqueda de la resignación, el modo en que se queda fuera mirando lo que ocurre a su alrededor, el hecho de rendirse sin rendirse, siempre con esa pequeña llama brillando en el fondo de sus ojos. ¿Estás bien?, le pregunta Tracy en el coche mientras se van. Sí... sí.

Lo que pasa es que me quedo con una sensación tan grande de desasosiego siempre que la veo. No, me digo a mí misma mientras me limpio la mierda de lagrimón que se me resbala por la cara, no puede ser, no puede ser, no puede ser.

¿Puede ser?



27 diciembre 2007

¿Conclusión?

El año se acaba y me deja un sabor muy agradable, muy pleno. Tiene algo muy positivo disfrutar a esta edad, se supone que más serena y más consciente, de lo mejor de la vida, sobre todo porque tengo una sensación de que lo mejor de verdad todavía está por llegar. También lo peor, es probable.

Se acaba un año aunque no tengo esa sensación. Lo veo todo como un continuo sin fechas, sin límites, sin marcas de principio y de fin. Sólo es el camino. Los días, las horas, son las pequeñas jaulas donde metemos, para organizarlas en la medida de lo posible, nuestras pequeñas mierdas. Y las grandes. Y las estrellas que pastoreamos.

No puedo hacer planes para el año que viene. Iré tragando las ruedas de molino que no me quede más remedio que tragar, igual que hasta ahora. Iré tirando de mi carro, cada vez más lleno de mierda y de estrellas.

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18 diciembre 2007

Un domingo

Ayer fue un domingo de esos con los que sueño durante la semana y que casi nunca tengo: dormir sin despertador, con la persiana bajada hasta el fondo, la puerta cerrada a cal y canto y dejar que sea la madre naturaleza la que me despierte cuando lo tenga a bien; desayunar aunque sea la hora de comer; sentarme en el sofá a ver la tele o una peli o leer un libro; comer aunque sea la hora de merendar; seguir sentada en el sofá haciendo más o menos lo mismo de antes; cenar un colacao e irme a dormir. Todo ello sin haberme quitado el pijama.

La tele apenas la vi (el resumen del Madrid antes de irme a la cama). Leí un buen rato (estoy con Zuckerman encadenado, de Philip Roth, por ahora me gusta). Y vi dos pelis.

Una de ellas, La flaqueza del bolchevique, que había recomendado el lagarto y que llevaba varios meses esperando en el cajón. Me gustó de ella la interpretación de Tosar. Y el personaje, las dos cosas, aunque para ser un soplapollas la verdad es que por los pelos da la impresión de trabajar en un par de momentos. Demasiado centrado todo en la niña. Y el problema de que cuando llega algo que parece un punto de giro a destiempo, resulta que es el final. Pero el personaje y el actor, muy bien. Una persona real. No es nada difícil comprender el camino que emprende, compartir su descubrimiento, el momento en el que decide parar y mirarse.

La otra, Raging bull, de Scorsese. También llevaba meses en la recámara, últimamente estoy de un perezoso inaguantable.

Me hace gracia cómo hablan los personajes de Scorsese, exactamente igual que él mismo (o que el personaje de sí mismo que interpreta en el anuncio del cava, si lo preferís, lo cierto es que nunca he hablado con él, y eso que lo tuve cerca!) Tartamudean, repiten las frases, se entrecortan, da la sensación de que no tienen nada en la mollera.

Me gusta Marty porque cuenta cosas que no cuentan los demás. Se fija en personajes desagradables y desgraciados, complejos, atormentados, con los que es difícil, o más bien penoso, identificarse. No hay héroe. No hay nudos de la trama. No hay final feliz.

No es una película equilibrada, ni demasiado coherente en su exposición narrativa. No hace falta. Lo que cuenta es otra cosa y puede contarse conjugando pinceladas y brochazos. Y es exactamente lo que hace. Lo encantador del Scorsese de los primeros años era esa libertad, la sensación que transmiten sus películas de que hacía lo que le daba la gana, de que un plano de cinco segundos de una aspirina efervescente deshaciéndose en un vaso o un pasillo vacío tenían una razón de ser que no era discutible. El descaro, la frescura. Y funcionaba. Prueben a hacerlo ahora.

El Jake LaMotta que compone Robert de Niro es un enorme cabronazo. Un ser humano que no utiliza en ningún momento su inteligencia, si acaso solo para arrepentirse de haber metido la pata, es decir, a posteriori y sin utilidad alguna. Un personaje impulsivo, agresivo y tiránico, que se deja llevar por arranques de paranoia y que siempre se mueve por pasiones, atraído por ideas fijas que no necesitan (ni podrían) ser razonadas. Que no se conoce a sí mismo ni lo intenta siquiera. Su desgarrado lamento en el calabozo después de ser detenido, ese "I'm not so bad", lo dice todo de él. Te preguntas "¿de verdad lo crees?" Por supuesto que lo cree. Solo entiende un idioma, y es un idioma que nadie quiere hablar con él.

Se empeña en alejar de él a las personas que le quieren y que estiran lo inquebrantable de su fidelidad hasta límites desmedidos. Extiende su tortura interna, incomprensible e inexplicada, a los demás, por medio de la violencia, ejercida de todas las formas posibles, incluso a través de su mera presencia. Pierde a su hermano, pierde a la mujer que le ama, poco a poco lo pierde todo, sin darse cuenta en ningún momento de que lo hace metódicamente, por su mano.

La creación de ese personaje acabado, solo, hundido, alcoholizado y abandonado es portentosa. Durante todo el desarrollo del personaje el espectador atiende a un punto, escondido en alguna parte, de compasión, que revienta al final. Aunque sea una compasión que no redime, sino que se agota en sí misma. El personaje, patético, sigue sin provocar empatía. Se limita a mostrar la naturaleza exacta de lo que es: su "I'm the boss I'm the boss I'm the boss" final es su descripción perfecta: el jefe de nada.

16 diciembre 2007

3.40 o cualquier otra hora

Cuando llego a casa a estas horas siempre me quedo un rato esperando antes de irme a la cama, esperando que pase algo más mientras los pies se me enfrían. Espero que alguien me escriba o me llame, que una voz amiga aparezca como un milagro.

Aunque al mismo tiempo soy absurdamente consciente de ser la única persona que está despierta en el mundo, la única persona que mira por la ventana esperando sin motivo que haya alguna otra luz encendida.

Si lo pienso bien, en realidad lo hago siempre. Mientras camino por la calle. Mientras compro en el supermercado. Mientras bebo Guinness en el bar. No sé por qué lo hago. Ni siquiera sé que espero. Ni mucho menos sé qué haría si de repente ocurriera.

No creo en los milagros. Como dice esta canción, no creo en la magia. No sé qué haría si ocurriera porque no va a ocurrir.

Pero supongo que no se trata de eso, de ser realistas o de encarar las cosas como son, sino de lo otro, del sueño o del hambre, de la esperanza incongruente, de la ausencia.

En realidad me encanta esto. Disfruto de esta sensación de hambre y de ausencia probablemente mucho más de lo que disfrutaría de la plenitud y de la presencia. Y eso es lo interesante del asunto, lo complejo. La sensación de ser dos personas, la que quiere algo y la que no lo quiere. Las dos son ciertas, verdaderas, están aquí dentro, en alguna parte, mirándose raro la una a la otra. Preguntando "¿quién eres tú?"

Es un poco ególatra, pero me fascino a mí misma. Me estoy empezando a enamorar de mis propias paradojas. Como Narciso, un día de estos me acercaré tanto al espejo de mi hermosura que me ahogaré en él sin darme cuenta.

Cuento algo así en esta pantalla y me doy cuenta de que es algo que no podría explicar en voz alta a nadie porque sentiría que me es imposible explicarme y que es imposible que el otro pueda entenderme. Pero los dedos sí pueden decirlo. Aquí no importa que a nadie le interese. Y mañana habrá alguien a quien tal vez le interese, por ese mismo motivo. Y yo me avergonzaré de haber sido tan indecorosa.

Cuánta literatura inútil.


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11 diciembre 2007

Lo que están haciendo es importante

Tengo un punto escondido muy sindicalista, yo. Siempre me conmueven los tremendos pifostios que se montan en Francia, por ejemplo, cuando los obreros, los que sean, se ponen en huelga y la gente se dedica a esperar a que ellos y las empresas lleguen a un acuerdo, comprendiendo que para que alguien consiga algo es necesario el apoyo de los demás "alguien".

Lo que quiero decir es que pocas cosas me revientan más en este mundo que la señora que sale en la tele quejándose de que por culpa de la huelga de transportes ella llega tarde a su trabajo. O que no hay quien soporte el mal olor de las basuras desde que los señores que las recogen han decidido que hay una situación que no se puede soportar más.

Parto de una base, tal vez demasiado idealista, que es la siguiente: cuando se hace una huelga es porque hay algo que no funciona bien y mucha gente decide que la situación puede ser cambiada.

Cuando mucha gente decide que una situación puede ser cambiada, cuando la gente que lo decide hace piña y resiste, entonces esa situación puede ser cambiada.

Lo que están haciendo los guionistas de Hollywood es importante. La última huelga (por lo poco que he leído, en 1988) duró cinco meses y tuvo severas consecuencias en el consumo de productos audiovisuales (según este blog, un descenso permanente del 9% del consumo, además de las evidentes pérdidas económicas directas). Ese riesgo, al parecer, sigue existiendo. Incluso, habida cuenta de las alternativas, probablemente sea mayor.

Esto empezó porque el día 31 de octubre expiró el contrato de la AMPTP (la Alianza de productores de cine y televisión) con la WGA, el sindicato de guionistas más importante, nutrido y poderoso. Y los guionistas decidieron pedir aproximadamente lo que creían que les correspondia. Estas cosas siempre son un tira y afloja, aquí no voy a entrar a valorar si lo que piden es justo o no. Para eso están las negociaciones.

Los sindicatos siempre han tenido mucho peso en Hollywood, valiente nido de rojos y contestatarios está hecha la ladera de ese monte. Así que los guionistas decidieron que ya está bien de que otros se lucren a costa de su trabajo. No creo que pongan en tela de juicio la cuestión de que otro se lucre. Pero saben (parece ser que mejor que la industria) lo importantes que son, lo fundamental que es su trabajo, y usan bien su arma. Me retracto y valoro: no me parece una solicitud desproporcionada. Quieren, si no he entendido mal la cosa, que la industria se adapte a los tiempos no solo en cobrar, sino también en pagar.

Lógico, ¿no? Los representantes de las empresas (es decir, la AMPTP) dicen que no. Y ellos dicen que de ahí no se mueven. Me gusta.

Me muero de ganas de que la huelga se alargue hasta febrero o marzo. Me encantará ver qué salida encuentra la industria. Quiero ser testigo de un momento histórico: en pleno siglo XXI, la edad del estado del bienestar, de los culos calientes que no se mueven un milímetro para conseguir nada que implique perder algo de lo que ya tienen; en una era de "sacrificios, los justos", vienen estos señores a darnos de comer (más) sopas con honda. Vivir para ver. Ver para creer.

Y después está el punto a favor. Tienen los guionistas algo que vale su peso en oro en una revolución: la solidaridad. Algunos actores están apoyando esta iniciativa (vedlo aquí, si tenéis ganas, un ejemplo al final). La gracia del chiste es que resulta que el convenio de los actores y directores se acaba en verano. La cosa promete. Ya lo dice el dicho: a río revuelto, ganancia de pescadores. No creo que la cosa llegue al verano (sería demasiado espectáculo incluso para Hollywood). Pero en qué acabe esto condicionará muchas otras cosas. Y eso quiero verlo.

10 diciembre 2007

La Gata y el Vagabundo

Mi hermana me miró con los ojos raros que suele poner últimamente para mirarme:

—Pero, antes de que vinieran, ¿nunca los habías visto?

—No.—, dije yo.

A ver. Te puedes equivocar, todos nos hemos equivocado alguna vez con la gente.

No necesitamos mucho más para invitar a comer a unos compañeros del trabajo. Hay personas que las miras a los ojos y te fías. Porque sí. Sin más.

Bueno, pues hay personas que las miras a las letras y lo mismo. Sabes que sí. Les abres la puerta de tu casa y en lugar de llegar, parece que vuelven.

Mi casa es un puto desastre, con pelusillas agazapadas en los rincones, libros desordenados, una cocina que necesita la visita de una fregona y esas cosas. Exactamente igual que yo misma, al fin y al cabo. Cosas que hacen que tal vez no merezca mucho la pena un viaje de tres horas a lo que parece el fin del mundo. Pero bueno, lo hicieron.

Me gustó tenerles allí conmigo esas horas. Poner ojos, risas y voces a esas personas de la pantalla que a veces saben componérselas para estar tan cerca.

En casa han dicho que ella parece muy tímida y que él tiene unos ojos preciosos.

03 diciembre 2007

Pues a mí me gusta la Navidad

Y, joderse con el temita, parece que hasta está feo decirlo.

Me gusta la Navidad, qué pasa.

(Queremos turrón, turrón, turrón!)

¿Qué tendrá de malo fingir que podemos hacer con una sonrisa que el mundo sea un poco mejor?

O fingir que lo creemos por unos días.

Que sí, que es todo mentira. Que sí, que la gente somos muy hipócritas. Que sí, que los villancicos rayan (¿o rallan? el problema de estos verbos con acepciones de nuevo cuño es que los que los usan no saben qué verbo están actualizando exactamente; me quedo con la y, sobre todo por eso de que en Argentina y otros países americanos es sinónimo de enloquecer… frikadas, ustedes perdonen), sobre todo cuando salen a todo volumen de las tiendas. El típico papá Noel bailarín que se pone a hacer escándalo cuando pasas a su lado, que te dan ganas de darle una patada a él y otra a la dependienta por no decapitarlo. Todo eso es verdad.

Y es terriblemente aburrido.

La Navidad mola. Todo el mundo se dedica como loco a pensar qué regalar a las personas que quiere, y eso es precioso. Comemos salvajemente, después cenamos salvajemente, y al día siguiente volvemos a empezar. La gente está contenta y habla más alto en los bares.

Yo solo tengo un adorno de Navidad. Es una especie de figura de porcelana, un muñeco de nieve con bufanda y una estrellita colgando de una mano. Lo he sacado esta tarde y lo he colocado en la estantería del pasillo, junto a la campana rota que me trajo un amigo como souvenir cuando pasó por Philadelphia este verano.

Como soy atea no pongo nacimiento, ya sería demasiado. Y el espumillón es una horterada, aunque juro que lo pondría si no viviera sola. Pondría árbol también. Pero es que luego soy perezosa y no lo quito hasta el 15 de febrero y me da corte que me lo vean tan anacrónico.

Pero lo que es la cosa esa de juntarse la familia, de salir a tomar algo y que todos los bares estén petados de gente, del calorazo de los sitios, de los innumerables mensajes de texto chorras que se pusieron de moda hace unos años, de abrir una botella de champán que nadie se bebe, de ponerse hasta las trancas de langostinos y vieiras, los regalos en nochebuena y después otra vez en reyes (será por pasta!), la emoción en los ojos de mi padre después de las jodías uvas, siempre, invariablemente con Ramonchu en la Primera, qué mal me cae ese hombre, pobrecillo, y no me ha hecho nada, y toda la parafernalia, pues qué queréis que os diga, yo no lo puedo evitar, me encanta.

Empezar las vacaciones (ahora que las tengo otra vez) la mañana del 22 oyendo el soniquete de los putos niños de San Ildefonso y comprobando que otra vez no tengo ni un jodido reintegro, y mira que parecía imposible, con todas las participaciones que llevaba, pues me encanta también.

Y los anuncios. Los interminables anuncios de perfumes… for him… for her… pour lui, pour elle… De juguetes. De cava (¿os había dicho que en Madrid vi a Scorsese…? ay qué ilusión). De turrón. De la viuda esa tan erótica y sus bombones (¿os habéis dado cuenta de que este año le da la vuelta a la foto del padre de Cuéntame?). Del corte inglés (que no falte). De la play. Del brain training. De la wii. Del Día (esos son los mejores). De movistar (desde octubre). Y de la lotería, que después viene la del Niño, que sirve, mayormente, para que los pocos desgraciados que tienen la suerte de que les toque el reintegro no lleguen jamás a cobrarlo…

En fin. Que a mí me gusta. Sales con cinco kilos de ropa extra que te pones y te quitas de bar en bar y llegas a casa con unas castañas especiales, más navideñas, llenas de amor y de paz, no sé, de buen rollo, te felicitas con todo el mundo, te hablas con gente con la que ni te saludas el resto del año, deseas que la gente sea feliz.

Total, ¿qué más da vivir esta pequeña mentira?

Ni que la verdad fuera tan interesante.

02 diciembre 2007

30 noviembre 2007

Bilbao, 26 de noviembre de 2007

Bueno. He ido a tres conciertos de este señor en total pero todavía no he hecho una cola. Bueno, sí. Hice una cola inútil el día dos de octubre. Hacer colas no me parece el colmo del fan. Hay cosas mejores que hacer colas.

En Bilbao había cola cuando llegó nuestro autobús. Yo, en lugar de sumarme, me fui a tomar cervezas con unas personas a las que no había visto nunca hasta el día anterior.

Sí, vale. La promesa de papá Noel era disfrutar de primeras filas sin colas. Pero era una posibilidad, no una certeza. La posibilidad era suficiente y me permitió pasar un rato impagable. No lo pagan los euros de la entrada ni lo paga nada.

Y vuelvo a rectificar lo de la cola, porque la había para las cervezas en la barra. Y la hice, vaya si la hice. Y tan a gusto.

Al final no hubo primeras filas. Pero tuve un regalo mejor. Y la persona que me hizo el regalo me pidió disculpas como si tuviera algún motivo, como si yo no fuera feliz. Hubo dos personas que renunciaron a su propio lugar en las primeras filas solo para quedarse conmigo en un sitio cualquiera en medio del mogollón, escorados a la derecha, al lado de la barra, más o menos en ninguna parte. Pues, señores, cualquier sitio puede ser el mejor sitio. Ahora lo sé.

Y de nuevo lista de canciones deseadas. Yo quería Backstreets. Tú, Kitty's back. Ella, verte feliz.

Qué buen concierto. Desde la primera canción se notaba algo especial que no había estado, no del mismo modo, la noche anterior. La noche anterior, Madrid, fue especial y maravillosa, inolvidable por muchos motivos, única, porque sonó Candy's room, porque sonó No surrender, porque sonó Thunder road, porque yo estaba allí, con vosotros a no muchos metros de mí, dentro de mí. Pero la banda en Bilbao fue otra cosa. Estaban despiertos y vibraban. Hicieron que no importara ver a Bruce, Nils, Steve o Clarence solo cuando se colaban en los huecos entre las cabezas de la gente. Veía a Max y Roy todo el tiempo, qué putos genios, qué maravilla.

A la mitad de Promised land yo no sé qué coño me pasó pero, si siempre me pone los pelos de punta ese "mister, I ain't a boy, no I'm a man", ese día me destrozó, y cuando estaba a punto de no poder más, empezó a cantar esa cosa de "what others may want for free", y supongo que no pude más. Y entonces alguien vino y me abrazó. Y si en Madrid me había sentido feliz de estar sola, en Bilbao me sentí privilegiada por tener aquella compañía.

Cuando empezó la intro de piano de Bacstreets supe que, contra cualquier pronóstico, superando cualquier expectativa, por una vez en la vida, iba a ser la segunda noche consecutiva de conseguir sueños. En un verano suave e infecto Terry y yo nos hicimos amigos, intentando en vano respirar el fuego en el que estábamos naciendo, largándonos a las afueras, sujetando la fe entre los dientes, durmiendo en aquella vieja casa abandonada de la playa, consumiéndonos de calor y escondiéndonos en los callejones, escondiéndonos en los callejones, con un amor tan duro y lleno de derrota, corriendo por nuestras vidas de noche por los callejones. Recuerdas todas las películas, Terry, que fuimos a ver, intentando aprender a caminar como los héroes que creíamos que teníamos que ser? Y después de todo ese tiempo, encontrar que sólo éramos como los demás, solos en el parque y obligados a confesar que nos escondíamos en los callejones. Juramos que siempre seríamos amigos, en los callejones hasta el final. Siento que no sonara Incident en su lugar, J, pero esta canción me hacía falta.

Y los tres sabíamos, desde el principio, que Kitty tenía que volver. Dijimos, pensamos, "ahora es el momento, venga, tócala ahora", después de Girls, y no, pero no importaba porque la que sonó fue Tenth avenue y ya era la hostia, la cosa más flipante del mundo, aquello sonaba de escándalo y yo jamás soñé con escuchar una cosa así en directo. Y bueno, entonces acabó y de repente sonó el primer punteo del enésimo milagro del fin de semana. Y dio igual estar en el culo del mundo del concierto, dio igual no verle la cara a Bruce, dio igual la diminuta decepción del pit, dio igual el enfermo mental que se dedicó a dar alaridos a nuestro lado durante medio concierto, dio igual la música de cuarenta principales del autobús y dio igual todo, por ver esa cara, esos ojos, por esos diez minutos de cosa inverosímil llamada Kitty's Back. Oooh, what can I do? De verdad, ¿qué importa todo? ¿Qué importa que nadie más lo entienda?

Así que no sé. Si no me muero antes, tengo que volver a ver un concierto de esta gira. Ya será mucho pedir NYC serenade, pero me estoy acostumbrando a ver hechos realidad mis sueños más insensatos.

28 noviembre 2007

Madrid, 25 de noviembre de 2007

Quisiera contarlo.

Para empezar, hay que elegir un principio. Tengo varios.

Podría colocar el principio en verano, cuando un amigo me dijo "habrá disco de Bruce en octubre y después gira; tengo la seguridad de que nos veremos allí".

También podría situarlo poco después, cuando otro amigo me envió una canción por email, Radio Nowhere, el día de mi cumpleaños.

O cuando, el día dos de octubre, me quedé sin entrada para Madrid después de hacer cola y esperar en vano. Unos días después conseguía entrada para Bilbao.

Recibí un mensaje: "No compartiremos el mismo concierto, me jode".

Yo contesté: "No surrender".

Pero voy a poner el principio el día que sonó el teléfono y una voz casi desconocida me dijo: "¿Tú no tienes entrada para Madrid, no?" Yo contesté: "No". Y la voz dijo "Pues ahora ya tienes. Resulta…"

Me da la sensación de que esta locura hay que explicarla, pero no puedo. Alguien que nunca haya hecho algo así leerá estas palabras y no entenderá nada. Quien no sea capaz de perder la cabeza por un sueño absurdo no entenderá nada.

Como diría el africano, "este anuncio es para todos los demás".

Lo difícil es por dónde empezar. Dice Houellebecq en La posibilidad de una isla: "No hay reglas precisas respecto al relato de vida. El principio puede tener lugar en cualquier punto de la temporalidad, igual que la primera mirada puede detenerse en cualquier punto del espacio de un cuadro; lo importante es que, poco a poco, asome el conjunto". No es verdad. El lugar donde colocas el principio lo condiciona todo. El autor del cuadro sabe dónde pondrás los ojos en primer lugar. O debería saberlo. Debería decidirlo.

La ciudad donde vivo está llena de gente rara que se sienta sola en un bar decorado en madera con un papel y un boli o un incongruente y diminuto libro de poesía. Yo también lo hago. Me siento sola y pido media de Guinness (Slàinte!). Viene una alumna a saludarme y cuando vuelvo a levantar la cabeza me ha pagado la cerveza, qué encanto. Suena otra música. Suena demasiado alta. Me pongo a recordar.

Nadie ha dicho que hicimos la ola sin más motivo que la pura tensión de la espera. Nadie dice que la multitud ansiosa aplaude y silba a los técnicos de luminotecnia que se encaraman a las estructuras, a los hombres sin nombre que colocan en una pulcra fila los saxos de Big Man.

Cuando se apagaron las luces el público entró en erupción. El rayo de luz. Y Bruce preguntando eso. IS THERE ANYBODY ALIVE OUT THERE? La multitud ruge. Así que vuelve a preguntarlo. IS THERE ANYBODY ALIVE OUT THERE??! Todos gritamos. Nosotros estamos vivos, what about you?

(Cuando me dio la entrada me temblaban tanto las manos que me dio vergüenza vérmelas. Saqué un cigarrillo, guardé el paquete, lo volví a sacar, ofrecí, alguien aceptó uno, cogí un cigarrillo, lo encendí, guardé el paquete, me di cuenta de que tenía un cigarrillo extra apagado en la mano, el que había sacado primero, saqué de nuevo el paquete y lo guardé. Todo con las manos temblando. Todo con la entrada maravillosa guardada en lugar seguro. Escalera 17. Fila 2. Asiento 1. No os podéis imaginar qué cerca están esas palabras y esos números de Martin Scorsese.)

Es potente ese principio con Radio Nowhere, funciona bien. Tal vez no sea una gran canción, aunque yo la adoro. Y funciona. Intento encontrar un mundo con algo de alma, intento establecer una conexión contigo.

(Unas cervezas antes del concierto. Todos tenemos entradas de grada, no tenemos que hacer cola. Lista de canciones que queremos escuchar. Estos dos chicos tienen las suyas. No surrender les une por alguna oscura razón. La canción de su complicidad.)

No reconozco los acordes de la segunda camción al momento. Pero después sí. Arranca No surrender y yo pienso en ellos y en la mirada que se cruzaron cuando la desearon juntos. Y veo que esta noche va a ser una noche de cumplir sueños. No nos rendimos, estamos aquí, cantando, gritando, jurando que siempre recordaremos, porque aprendimos más en una canción de tres minutos que en todo el tiempo que pasamos en el instituto.

Y ¿qué hay de mi deseo? Bueno, mi deseo era que se cumplieran los tuyos, pero también tenía una canción que quería oír. Y mi canción empieza a sonar con una batería loca. ¿Es o no es Max Weinberg uno de los mejores baterías de rock del mundo? ¿De verdad importa eso? Es lo que tú sientes que es. Los cambios en la voz del Bruce, los cambios de ritmo, el crescendo salvaje de esta canción pasan por encima de mí como una apisonadora. Cuando la canción enfila el final estoy llorando sin motivo. O por un motivo que está a medio camino entre la emoción y la histeria. El momento ha llegado y yo apenas puedo creerlo. Casi no sé ni si estoy viva, si todo esto está pasando de verdad.

Podría hablar de cada una de las canciones del set list, que es como se llama técnicamente el asunto. Todas las canciones dicen algo, de todas se puede sacar una emoción, todas me van partiendo en trozos por dentro. Nadie conocido a mi lado y no me siento sola, sino feliz, porque puedo vivir esto sin testigos, completamente libre.

Last to die tiene una potencia devastadora. Tunnel of love no sale muy bien pero la guitarra de Nils arregla un poco el desastre. La versión de Reason to believe, una canción tan dura y tan esperanzada, tan llena de fe en las personas, en sus ilusiones y en sus motivos para seguir viviendo, añade ganas de pasarlo bien en las formas, y tiene tanta vida dentro que al final te das cuenta de que tienes que cerrar la boca.

Así que llega Badlands y, después de esa comunión brutal, en que la muchedumbre se mueve al unísono como un animal enardecido, el escenario se queda vacío por un momento. Es la hora de los bises, la hora de cumplir el último deseo, que la multitud pide a coro. Bruce sonríe, I got it, I got it, el deseo será concedido pero hay que esperar. Hace la broma, busca el cartelito, lo recoge, lo muestra a cámara: Thunder road, please! La magia comienza. La puerta se cierra de golpe y el vestido de Mary ondea. Ahí la tienes, amigo. Por fin. Me noquea de tal modo que ni siquiera puedo llorar. Todos los milagros han tenido lugar.

Pero no todos. Al día siguiente vuelve a empezar. Con otra calma. Ya ha habido una primera vez y yo no sé todavía que todas las veces son la primera. Kilómetros hacia el norte.

Y Papá Noel reparte promesas de felicidad por sms. Puede que no se cumplan, pero la mera posibilidad es suficiente.

Tal vez mañana.

27 noviembre 2007

Quizá mañana

Tengo que hablar de todo lo que he vivido este fin de semana. He hecho locuras, he conocido personas maravillosas, he sido escandalosamente feliz, he atesorado momentos que se contarán para siempre entre los mejores de mi vida.

Pero no puede ser hoy y tal vez no pueda ser nunca.

Por ahora, os dejo con el primer párrafo de uno de los libros que me compré el sábado en la Fnac. Se trata de La novia imaginaria, de John Irving. Describe este oficio y, por lo tanto este blog y los demás también.

Este relato es autobiográfico pero os pido por favor que comprendáis que, para cualquier escritor dotado de una buena imaginación, todos los relatos autobiográficos son falsos. La memoria de un narrador es una proveedora de detalles especialmente imperfecta. Un detalle imaginado es siempre mejor que uno recordado. El detalle correcto pocas veces es con exactitud lo sucedido; el detalle más verdadero es lo que podría o debería haber sucedido. La mitad de mi vida es un acto de revisión, y más de la mitad de ese acto se lleva a cabo con pequeños cambios. Ser escritor es un arduo maridaje entre una observación minuciosa y la imaginación, no menos minuciosa, de las realidades que no has tenido ocasión de ver. El resto es el necesario, estricto y asiduo trabajo con el lenguaje, lo cual significa para mí escribir las frases una y otra vez hasta que parezcan tan espontáneas como una buena conversación.

No creo que tarde en volver. Solo tengo que reconstruir mis recuerdos.

16 noviembre 2007

Tiempos raros

Bien, bien, todo bien. Ayer me decía un buen amigo que soy un culo inquieto, que ahí reside mi encanto y yo, bueno, a lo mejor me cago en mi encanto.

Todo bien pero falta algo, siempre falta algo, tengo sed, tengo hambre, me ahogo. Todo bien. El trabajo bien, la vida bien, con salud, gracias, sin problemas, no pasa nada si un mes tardan en pagarme porque tengo dinero, las cosas más o menos salen como quiero, bueno, es cierto, me enrollo con un casi desconocido y de repente me ama y parece que quiere casarse conmigo, en el fondo es un halago, joder, no sé de qué me quejo, pero.

Hago kilómetros y kilómetros. Juraría que fue ayer cuando le cambié el aceite al coche y me faltan mil kilómetros para volver a cambiárselo, no importa, tengo dinero, tengo tiempo, no pasa nada. Me llaman para una entrevista de trabajo en la tele de los curas y tengo que ir y hacerla, y como no me interesa nada probablemente me ofrecerán un puesto estupendo, la ironía es que si no lo hacen me va a sentar fatal.

El miércoles dejé pasar la tarde esperando que llegara la hora del concierto. Tenía tantas ganas de ir. Cené y esperé, y cuando llegó la hora, salí de casa. Con una sensación de nervios y un nudo en la boca del estómago, como si hubiera quedado con el chico que me gusta, que, de hecho y dicho sea de paso, no existe. No existe el hombre que me haga un nudo en la boca del estómago cuando voy a verle. Mi amiga E, que es optimista, dice que "aún no ha llegado". Honestamente, hace tiempo que no lo espero. En fin. Esa misma sensación por dos guitarras y un contrabajo. Y la voz. Hacía tiempo que no me acariciaban con la voz. No quiero que suene erótico, pero es esa forma de cantar, como desde el fondo de la garganta, que casi nadie tiene, que me pone los pelos de punta, que es como una caricia.

Cuando salí de casa me sentía rara. Quién hace todos esos kilómetros para ver un concierto tonto, un grupo del que no has escuchado nada, de otro que solo te dejó una especie de cosquilla en algún sitio. Vas sola a una ciudad que no conoces demasiado, te metes en un bar lleno de gente y ya no te sientes tan rara, o sí, pero es lo de siempre, rara como siempre, rara como todo el mundo, lo normal.

Te sientas por allí y un señor muy castizo, muy chulo, madrileño y tanguero, qué peligro de combinación, que mira el culo a las rubias que pasan al baño, canta en un tango unas palabras que te hacen encoger las tripas otra vez: "si yo tuviera corazón, el corazón que di, si yo pudiera como ayer querer sin presentir, es posible que tus ojos, que me gritan su cariño, los cerrara con mis besos". Querer sin presentir. Ja.

Cuando salí de casa me sentía un poco loca. En muchos sitios del mundo la gente se va un miércoles a las once a un concierto a 50 kilómetros de casa, pero en mi mundo, no. En mi mundo las chicas no van solas a conciertos.

Pero después vino la música y me olvidé de eso, y de todo. Primero los tangos, en mi vida he escuchado tangos, ni siquiera conozco títulos de tangos, y llegan y te hacen eso, llega un momento en que te dices "si sigue así voy a echarme a llorar". Y después lo otro, el swing, el jazz, las guitarras y la voz, la diversión, esa sensación de jodida y plena felicidad, como un deseo de que no se acabe nunca, de que el momento se alargue hasta el infinito.

Cuando volví a casa me sentía bien. Viva, supongo. Era demasiado tarde y sabía que iba a arrastrar el sueño toda la semana, pero ¿para qué estamos? ¿Para dormir y comer todos los días a la misma hora, repitiendo ritmos, dejándonos morir despacio?


(A ver si reconocéis la versión...)

10 noviembre 2007

Jo, cómo mola…

Los viernes hay concierto en el Baranda. Unas veces es hardcore del pueblo de al lado, otras veces es música folclórica, otras veces rocanrolito más o menos humilde, estamos a la espera de un pop bastante bien hecho, por lo que dicen. Para entendernos, normalmente no se sabe en qué idioma cantan.

El público del Baranda es difícil. Hablan mientras suena la música (y más alto cuanto más alta suene la música, de hecho, no vaya a ser que no se les oiga). Tardan varios segundos en empezar a aplaudir después de que terminan las canciones. Son capaces de acabar con la confianza de cualquiera que tenga los huevos de subirse a ese escenario. Hace un mes estuvo Josele Santiago, al que le sentó fatal estar oyendo las conversaciones del público de la primera fila mientras cantaba prácticamente a solas con su guitarra y su compañero (Pablo Novoa), pero que ni con broncas ni con malos gestos consiguió acallarlas.

Pero nosotras vamos todos los viernes, toque quien toque, porque de esto no hay aquí, un poco en la línea de lo que comentaba el otro día sobre la versión original. ¿Hay? Pues vas. Vas y escuchas e intentas hacer ver al respetable por qué se llama respetable. Atiendes, escuchas, aplaudes, hagan lo que hagan los que están allí arriba peleándose con los micros y con la indiferencia de la mayoría de los de abajo.

Y anoche tuvimos un pequeño lujo. Un grupo de Alicante llamado Aguardiente Swing Quartet. Esta vez sí que había música bien hecha. No lo digo por desmerecer. Un contrabajo y tres guitarras (o dos guitarras y una voz muy bien modulada) tocando ritmos swing, jazz y gipsy jazz. Haciéndolo bien. Una buena voz llevándonos a los años 30 y 40, a los ritmos iniciales, a la base de la música que me gusta a mí. O lo que debe de ser la base, intuyo, que yo de esto no entiendo mucho.

Mi amiga me dijo "¡Se entiende mejor a este cantando en inglés que al de la semana pasada cantando en gallego!" Insisto, pa entendernos.

No es la música que más escucho en casa o en el coche. Pero creo que es la música que más disfruto en directo. No sé por qué, es una música que ha nacido para estos locales oscuros y llenos de humo. Ahí cuando no puedes evitar mover la cabeza y dar palmas, mover los pies o las rodillas al compás de esa música tan rítmica y tan bien hecha. Estos chicos eran aplaudidos sin compás de espera, lo que ya es un triunfo en el Baranda, aunque ellos no lo sepan ni estén en condiciones de valorarlo. Incluso los moscardones molestos, los que gritaban para hacer oír sus voces por encima de unas guitarras (acústicas) que se esforzaban en ignorarles, se fueron transcurrida poco más de la mitad del concierto y nos dejaron a los que sí lo estábamos pasando bien, bien de verdad, bien por primera vez (o segunda, en realidad) que nos dedicáramos a disfrutar de una cosa bien hecha. Bien hecha y con cariño.

Son admirables este tipo de músicos. Gente que sabe que nunca se hará famosa, que jamás será número uno en las listas de la radio fórmula. Gente que se echa su guitarra al maletero y se hace mil kilómetros para hacer diez días de gira por pueblos donde no saben si tocarán en la sala de plenos del ayuntamiento, en el aula de cultura o en un bar punky. Donde no saben si la gente que va a escucharles sabe lo que es el swing, donde la gente va a gritarles "¡tocad una de los rolin!" Y quieren vivir de esto, y viven por dentro, porque te cuentan una anécdota que les pasó con un niño gitano en una jam session en Francia, y les brillan los ojos cuando te dicen que ha venido alguien a felicitarles y te cuentan que dentro de tres días tocan con Malevaje y que siempre funciona muy bien y que creen que merece la pena verlo.

Así que con Malevaje. La verdad es que voy a ir, aunque tengo que hacer unos kilómetros, y esta vez (¡qué cutre!) voy a llevar en el bolsillo el suficiente dinero para comprarles el disco. Porque aunque esta es una música para directo, me he quedado con ganas de más.

Abrieron con esto:

08 noviembre 2007

Versión original subtitulada

Este miércoles y los dos próximos se produce un pequeño milagro en (iba a decir "mi ciudad" pero es demasiado nombre) el sitio donde vivo. Un cineclub (sí! todavía existen) y el único multicine que queda se han aliado y han decidido poner tres películas europeas en versión original.

La cuestión es la siguiente: a modo de ocasión casi irrepetible se me presenta la oportunidad de ver una película en versión original subtitulada en una pantalla enorme, en una sala a oscuras, con todo el ritual que implica ir al cine a ver una peli (y que en mi caso no incluye ni palomitas ni vaso de plástico con cocacola, al menos cuando voy sola y hago lo que quiero).

¿Qué peli? ¿Qué coño importa? Hay que verla.

Bueno, era 2 días en París, de Julie Delpy. Sí, no es gran cosa, pero tiene una de las virtudes que me gustan, esto es, es pequeña y no muy pretenciosa. Empieza con muchas trazas de humor y se va deslizando hasta la casi tragedia. Trata de una pareja de más o menos mi edad con todas las características que tiene una pareja que lleva dos años junta; esas características que son los motivos por los que yo no quiero tener pareja (mayormente). Pasan un par de días en París, de donde ella es oriunda, y atraviesan una pequeña crisis, supongo que propia de los dos años de relación, en la que tienen que enfrentarse a lo que el otro es y decidir si lo aceptan o lo rechazan.

Trata, en suma, de cómo y por qué nos conformamos. Y es bonita, está bien contada y lo comprendes. Que se conformen, comprendes, aunque no estés muy de acuerdo, o aunque lo comprendas con la cabeza pero no con el corazón. De algún modo te dice "bueno, en un momento determinado ves claro que va a ser así siempre y decides que ha llegado la ocasión de no salir corriendo".

No sé. He salido del cine con la sensación de haberme llevado una hostia en la cara, así, con la mano abierta. Con una especie de voz que me decía, "K, eso no es para ti; confórmate con saberlo".

Creo que me da igual.

Hoy he leído letreros en el cine. No recuerdo los años que han pasado desde que hacer algo así era normal.

Realmente, ¿qué más quiero?