12 abril 2008

For you

Las primeras canciones de Bruce Springsteen tenían unas características especiales. Los dos discos previos a Born to run, que fue el álbum que les lanzó a la fama y que marcó para siempre el camino que habrían de seguir, tienen canciones intensas, largas, con melodías en ocasiones extrañas y peregrinas, sinuosas, llenas de tensión, con letras muy poéticas, oscuras, a veces casi surrealistas, de muy difícil interpretación. A veces hay que recurrir a las tripas para entenderlas, o renunciar a eso y solo dejarse llevar por las sensaciones con los ojos cerrados.

Cada lector lo sentirá de una forma. Algunos de vosotros pensaréis algo como "bueno, aquí vuelve esta pesada con Bruce". Otros conoceréis mucho más que yo todas estas canciones y estas historias y tal vez le déis al play con una sonrisa. Alguna persona descarriada se tomará la molestia de escuchar esta canción por primera vez con atención y tal vez sienta los mismos escalofríos que siento yo cuando canta 'So you, left to find a better reason than the one we were living for and it's not that nursery mouth I came back for; it's not the way you're stretched out on the floor cause I've broken all your windows and I've rammed through all your doors; and who am I to ask you to lick my sores?'

Sea como sea, que la disfrutéis. Si tenéis tiempo, escuchadla dos veces: primero solo miradle la cara al cantar. Después, si tenéis curiosidad, leed la letra.



.... tú y tu cara de poni y tu union jack
coge a tu bromista local
y enséñale a actuar.
Te juro que yo nunca fui así,
ni siquiera cuando de verdad me derrumbé.

¿No creías que yo sabía que habías nacido
con el poder de una locomotora,
capaz de saltar rascacielos con un pequeño impulso?
Y tu suicidio de Chelsea sin ningún motivo aparente.
Podías reír y llorar con el mismo sonido.

Y tu fuerza es devastadora en el rostro
de todas estas probabilidades.
¿Recuerdas cómo te tuve esperando
cuando era mi turno de ser el dios?

No eras ni la mitad de orgullosa
cuando te encontré rota en la playa.
Recuerda cómo te eché sal en la lengua
y me puse fuera de tu alcance.
Y la banda tocaba la canción de regreso al hogar
mientras yo acariciaba tu mejilla.
Aquella mellada, rota melodía
aún la tengo pegada como una sanguijuela.
Pero aquella medalla que llevabas en tu pecho
siempre se ponía en medio, como una niña pequeña
con un trofeo tan delicado que lo conseguía todo.
Los dos éramos autoestopistas, pero
tú tenias el oído afinado al rugido
de un motor de metal templado
en una lejana orilla extranjera.

Así que te fuiste para encontrar una razón mejor
que aquella por la que vivíamos
y no es por tu boca sanadora por lo regresé.
No es por la manera como estás tirada en el suelo
por lo que he roto todas tus ventanas
y he reventado todas tus puertas.
Pero ¿quién soy yo para pedirte que
lamas mis llagas?
Y debes saber que es verdad...

Vine por ti, por ti, vine por ti,
pero tu no necesitabas mi urgencia
Vine por ti, por ti, vine por ti
pero tu vida era una larga emergencia
y tu fila de multitudes me urge,
y mi electricidad surge libre.

08 abril 2008

Oh, sí podemos

Partimos de la base de la desconfianza inquebrantable hacia los políticos. Siempre tenemos la (fundada) sensación de que dicen lo que queremos oír para conseguir lo que quieren de nosotros, y para al final hacer eso que dijeron u otra cosa cualquiera, por ejemplo todo lo contrario o nada en absoluto. Al menos, esa es la sensación que tengo yo. Cuando veo un político en televisión, cambio de canal. Me da igual quién sea. La única diferencia es que el dedo va más rápido en el mando con unos que con otros.

Con respecto a lo que viene a continuación no sé, a lo mejor es porque no me afecta, porque no es el tipo que va a regir los destinos de mi país o porque en realidad no tengo que votarle ni que aguantarle (todo ello muy relativo).

Pero de verdad creo que hay ciertas cosas que los americanos hacen mejor que nosotros. Este señor consigue que creas en lo que dice. Parece que él mismo cree en lo que dice. Y además dice cosas que tienen, como se dice por aquí, moito sentidiño. Da ganas de creer. No me parece fácil de conseguir.



"Nos han dicho que no podemos hacerlo un coro de cínicos que se hará más ruidoso en las semanas y meses venideros. Nos han pedido que nos paremos a ver la realidad. Nos han advertido de que estamos ofreciendo a la gente de este país falsas esperanzas. Pero en la sorprendente historia de Estados Unidos nunca ha habido nada falso en la esperanza.

Cuando nos hemos enfrentado a lo que parecía imposible, cuando nos han dicho que no estábamos preparados, que no deberíamos intentarlo, o que no podríamos, generaciones de americanos han respondido con una idea sencilla que resume el espíritu de un pueblo: sí podemos. Sí podemos. Sí podemos. Sí podemos.

Es una idea plasmada en los documentos fundacionales que marcaron el destino de la nación. Sí podemos.

Fue susurrado por esclavos y abolicionistas mientras forjaban un camino hacia la libertad a través de las noches más oscuras. Sí podemos.

Lo cantaron los inmigrantes que llegaron de costas lejanas y los pioneros que se abrieron camino hacia el Oeste por el implacable desierto. Sí podemos.

Fue la llamada de los trabajadores para organizarse, de las mujeres para votar, de un presidente que eligió la luna como nueva frontera, de un rey que nos llevó a la cima de una montaña para señalarnos el camino de la tierra prometida.

Sí podemos, a la justicia y la igualdad.

Sí podemos, a la oportunidad y la prosperidad.

Sí podemos curar esta nación.

Sí podemos reparar este mundo. Sí, podemos."


(El discurso de New Hampshire del 8 de enero, completo y con subtítulos en castellano, aquí. )

Es algo que siempre pienso cuando oigo o leo la expresión "falsas esperanzas". ¿Qué hay de falso en la esperanza? No es un adjetivo que se le pueda asignar a ese nombre. La esperanza se tiene o no se tiene, y después se cumple o no se cumple. Pero nunca es falsa, en ningún idioma. La esperanza es esperanza.

Barack Obama tiene el carisma de los grandes líderes. Tiene la fuerza para llevarse a la gente por delante.

No hay duda de que el discurso es netamente americano, con todas las virtudes y todos los defectos que esto implica. Alude al presidente Kennedy, habla de arreglar el mundo, incluye referencias bíblicas. El pack completo, sin dejarse nada. Pero importa la forma en que ordena las palabras, importan las palabras que elige, importa que quiera hacer creer a la gente que cambiar las cosas es posible.

Porque, qué coño. Lo es.

O eso espero.

07 abril 2008

Pasaba por allí

Un señor, Brooklyn

Te llevas imágenes de gente a la otra esquina del mundo. Y tu imagen también viaja, desvinculada para siempre de tu existencia, tomando la forma de una persona vulgar en las fotos de otros.

No somos nadie, bultos anónimos manchando de colores las fotos y los recuerdos de alguien, conformando paisajes, rellenando calles. Otorgamos exotismo o normalidad, caminamos por las aceras y servimos para el equilibrio visual de la composición de un instante captado al azar.

Cruzamos palabras y miradas con desconocidos y al cabo del día pasamos a formar parte de millones de olvidos. Pero dejamos ese rastro colorido que aparece de vez en cuando, resucitado en una revisión fugaz y de nuevo olvidada en un parpadeo.

Todas esas personas de las fotos tienen una vida, como tú. Un pasado, un dolor y una alegría, probablemente una canción que les hace estremecerse, una película favorita, una opinión política.

Y todas esas personas, al igual que tú, son sólo manchas movidas en una foto.

02 abril 2008

Imposible evitarlo

Tenía que hacerlo. De las innumerables fotos tenía que enseñaros algunas. Nada que no hayáis visto ya. Pero son mías. Las hice yo. Por momentos todavía no puedo creerlo. No sé cómo conjugar la incredulidad con la nostalgia.

Espero que os gusten.

Aquí están.

Desde Brooklyn Bridge

31 marzo 2008

Un anuncio

A veces viendo la tele descubres cosas muy bonitas y muy bien hechas.


The nightmare is back

Fotocopias del dni (dos), solicitud por cuadruplicado, tasas abonadas, anexos IX, XIX, XX, fotocopias compulsadas de todo (dónde coño habré metido el último titulito que me dieron), colas, la impotencia de la burocracia (no puedo creerme que el "vuelva usted mañana" siga vigente, si Larra levantara la cabeza), las listas provisionales, las definitivas, los puntos, la unidad didáctica, la programación…

Se acercan momentos de crisis. Las vacaciones han acabado, por lo menos en la parte de fuera de mi cabeza.

27 marzo 2008

Jet lag state of mind



Sé lo que es esto: es una sensación que se pasa con el tiempo. Durante unas horas o unos días no piensas en otra cosa. Te lo planteas todo. Las ilusiones conviven con los fantasmas, se podría decir. Casi interesa más lo que está dentro, los recuerdos y las esperanzas, que lo que hay fuera, que te rodea y es tangible y real.

Sigues sin saber qué es lo que quieres en realidad. Go confidently in the direction of your dreams! Live the life you've imagined, dice la taza que compré en la tienda de regalos de la Public Library. Claro, el problema es distinguir los sueños de los espejismos.

Todo lo que has vivido te hace sentir especial de alguna manera, e ignoras por qué, en realidad no has hecho nada que te haga diferente de cualquier otro.

Mientras tanto, hay que seguir haciendo lo de siempre, recuperar la rutina que quedó atrás hace tan solo diez días que sin motivo percibes como un abismo que separa dos eras.

Todo volverá a su sitio poco a poco. El vuelo dura siete horas, pero tú tardas mucho más tiempo en aterrizar. Tal vez siete días. Conoces los síntomas, sabes que se pasa.

Aha (newyorker word)

Dije ayer que no me gustaba el tono. No me gusta el tono porque suena totalmente turista. Pero es que hoy, pensándolo, me he dado cuenta de que ya en el vuelo de ida (durante el que saqué diez o doce fotos del mar y las nubes por la ventanilla, por ejemplo), decidí que no me iba a dar vergüenza ser una turista típica, con todos los extras: cámara en ristre, cara de asombro, tortícolis por mirar extasiada los rascacielos, todo el pack, con dos cojones. Incluso la curiosa cualidad de odiar a los otros turistas, que te hacen sentir tan imbécil porque te das cuenta de que eres como ellos y así hasta el infinito en un interminable juego de espejos. Una mañana, caminando por Broadway con una intensa sensación de desagrado e incomodidad, caí en la cuenta de que era por la multitud que hablaba español con acento de Tomelloso, por ejemplo. Doblé una esquina y se acabaron la gente, el ajetreo y el castellano y pude pararme a comer tranquila, en un restaurante en el que no me entendían. Qué descanso.

Así que me da igual. Esto es lo que hay.

Llevo tres días dándoles vueltas a las más de setecientas fotos que saqué, intentando hacer clasificaciones que pongan un poco de orden en el caos. Fotos de turista también, nada nuevo, nada que no haya sido visto y retratado innumerables millones de veces, fotos desenfocadas, fotos torcidas, fotos nocturnas sin flash y sin pulso, fotos de gente caminando, fotos de personas fumando en las puertas de los edificios, fotos de taxis amarillos, fotos de coches de policía, de camiones de bomberos, de limusinas, de camiones, de semáforos, de señales de tráfico, del vapor de las alcantarillas, de escaleras de emergencia, de comida, de puestos de naranjas en la acera, de turistas sacando fotos del humilde monumento en memoria de John Lennon, del Dakota, del Empire State, del Chrysler, de Central Park desde el suelo, de Central Park desde el Rockefeller Center, de los helicópteros y las ardillas, del desfile de San Patricio, del skyline desde el aeropuerto de Newark, New Jersey, del skyline desde el puente de Brooklyn, del skyline desde Dumbo, del skyline desde Staten Island. Una lista más larga de cosas que hacer y que ver cuando vuelva que la lista de cosas vistas y hechas en este viaje. Kilómetros y kilómetros en los zapatos.

En el Soho a las once de la noche buscando un restaurante para cenar me atropelló una rata neoyorkina (en el fondo me encanta que esto pase en la zona más pija de la ciudad). Se había metido entre las bolsas de basura (que amontonan en la acera, se ve que lo de los contenedores no es cool) y cuando yo pasaba se asustó y salió corriendo hacia mí, chocando de pleno con mi pie derecho. Creo que es la sensación de asco más grande que he sentido en mi vida (menos mal que no había cenado aún). Todo es así en New York: lo más grande, lo más hiperbólico, lo más infinito que me ha pasado en mi vida ha tenido lugar en esta semana. Yo también estoy exagerando, claro, lo excesivo de esta ciudad se te pega como la mierda a los calcetines. Luces, coches, gente, turistas, fotos, ruidos, sonrisas, miradas, posibilidades, sueños. Todo está ahí.

Cosas que nadie te cuenta: siempre hay papel en los baños. Y agua caliente, y toallas de papel, y la mayoría de las veces, en los sitios públicos y concurridos, una señora atenta para pasar la fregona. En el metro se entra y se sale por los mismos torniquetes. El tráfico es bastante, pero bastante, menos agresivo que en Madrid. Es fácil cruzar de acera. Es fácil caminar por las calles. Es fácil hacer veinte kilómetros sin darte cuenta. Miras el reloj y es la una. Lo vuelves a mirar y son las tres y media y no has hecho más que andar, mirándolo todo. De tanto andar y mirar, se me escapó el tiempo de ir al MOMA.

Y luego está la gente. Yo habría jurado que Muñoz Molina decía que la gente no te mira a la cara en Nueva York. Tendré que revisarlo. Es estrictamente falso. Te miran y te sonríen, además. Te hacen un gesto para que te sientes en el metro. Siempre hay alguien que responde a tu pregunta, se para a hablar contigo, te pregunta de dónde vienes, te habla despacio y hace lo posible por entenderte. Intentan hablar español aunque sea mucho peor que tu inglés. No parecen desconfiar de los extraños. La excepción a esta generalidad, también generalizada, son los policías, que son de lo más borde.

Una noche (la misma de la rata, de hecho) estuvimos más de media hora parados en el metro en un túnel entre dos estaciones (Lafayette y Clinton-Washington, línea C, en Brooklyn… ¿a vosotros también os suena increíble?). Era tarde, había poca gente. Todo el mundo se quedó tan tranquilo esperando. Nadie se lió a darle voces a la empleada que vino a informar (aunque no informó de gran cosa). Nos limitamos a esperar a que el tren empezara a andar de nuevo. ¿Dónde estaba el estrés de New York? No en aquel vagón, desde luego.

Todas estas cosas no son más que tonterías. Hablando en dos ocasiones diferentes con dos neoyorkinas que habían estado en España, me dijeron, respectivamente, que "Madrid es más acogedora que Barcelona" y que "Barcelona es más acogedora que Madrid". No hay verdades universales en este aspecto. Solo están nuestros ojos. Cómo tú lo vives, con qué te encuentras, cómo lo digieres, nada más.

Supongo que yo estaba dispuesta a dejarme fascinar, estaba preparada para el asombro. Sin embargo, tal vez no lo estaba tanto para la sensación de naturalidad, de pertenencia al lugar, aunque también me habían advertido de eso. Tan poco extraña me sentía que la gente me pedía fuego o la hora por la calle, o me preguntaba una dirección. Me hacían sentir feliz, pensaba "después de todo me confunden con una de ellos". También la gente responde a tus propias expresiones, a la postre. Mi cara es tan idiotamente feliz que en la mayor parte de las fotos parezco china. Supongo que las personas responden positivamente a un estímulo así. No sé.

La neoyorkina que pensaba que Madrid es más acogedora que Barcelona me confesó que la ciudad de sus sueños es Sevilla. Esto me hizo pensar, claro. Algo como "Así que vives en Nueva York y la ciudad de tus sueños es Sevilla, ¿eh?" Pensé en eso tan famoso que dicen sobre la hierba del otro lado del río.

Hay, claro, mucho más en mi cabeza. Me paso los días pensando en esas calles. Vuelvo a ver todas esas imágenes que se me han quedado pegadas al córtex. Pienso en el concierto que no vi, en la persona que no conocí, en el museo que no visité, en los barrios que no pisé, no puedo parar de hacer enumeraciones, no puedo colar ideas. Quiero volver.

25 marzo 2008

No mucho

El último día, cuando en el tren que me llevaba a través de Nueva Jersey hasta el aeropuerto un señor negro, trajeado, enorme y con un saxofón se sentó a mi lado y me sonrió, sin saber por qué pensé en esta canción, con el ruido de trueno de las ruedas sobre las vías de fondo. Perfectamente podría ser la banda sonora para este viaje.

Esta visita a Nueva York ha sido para mí todo lo que esperaba de ella, incluso más. Estoy acostumbrada, como todo el mundo, supongo, a que lo que espero no sea lo que obtengo.

No ha sido así con Nueva York. No puedo escribir mucho ahora. Lo he intentado y no me gusta el tono. Esta tarde, viendo fotos, he vuelto a pensar en esta canción. La he buscado, la he escuchado otra vez. Ella sí tiene el tono.

Por ahora, si os apetece, aquí la dejo. Espero añadir algo próximamente.



TIERRA DE ESPERANZA Y SUEÑOS

Coge tu billete y tu maleta
el trueno rueda por las vias
No sabes a donde estás yendo
pero sabes que no volverás
Cariño, si estas cansada
apoya tu cabeza sobre mi pecho
Cogeremos lo que podamos llevar
y dejaremos el resto
Grandes ruedas rodando a través de campos
donde fluye la luz del sol
Reúnete conmigo en una tierra de esperanza y sueños

Yo proveeré para tí
y estaré a tu lado
Necesitaras un buen compañero
para esta parte del viaje

Deja atrás tus tristezas
Deja que este día sea el último
Mañana saldrá la luz del sol
y toda esta oscuridad habrá pasado
Grandes ruedas rodando a través de campos
donde fluye la luz del sol
Reúnete conmigo en una tierra de esperanza y sueños

Este tren
lleva santos y pecadores
Este tren
lleva perdedores y ganadores
Este tren
lleva putas y jugadores
Este tren
lleva almas perdidas
Este tren
los sueños no se frustarán
Este tren
la fe será recompensada
Este tren
escucha las ruedas de acero cantando
Este tren
Las campanas de la libertad sonando

Este tren
lleva santos y pecadores
Este tren
lleva perdedores y ganadores
Este tren
lleva putas y jugadores
Este tren
lleva almas perdidas
Este tren
lleva corazones rotos
Este tren
ladrones y dulces almas de los difuntos
Este tren
lleva locos y reyes
Este tren
todos a bordo
Este tren
los sueños no se frustrarán
Este tren
la fe será recompensada
Este tren
escucha las ruedas de acero cantando
Este tren
Las campanas de la libertad sonando

15 marzo 2008

Rumble Fish, Francis Ford Coppola

De los nervios esta semana. Anoche, después de una visita rápida por varias webs interesantes, una conversación con un vicioso de NYC y el enésimo repaso a la maleta (huy, me había olvidado de meter el pijama), me senté en el sofá a cenar (cola cao, no doy para más) y a ver una peli. Aprovechando lo aprovechable de la colección esta tan cara y tan chula que están sacando los sábados en El País, tocaba La ley de la calle.

Disfruté como solo podría hacerlo un adolescente de su blanco y negro con peces de colores (y yo que pensaba que Spielberg había inventado algo con el abrigo rojo de su niña en el ghetto de Cracovia). Todo me gustó: la fotografía, el uso de la profundidad de campo, la inocencia de Rusty James (Matt Dillon), el desencanto de Motorcycle Boy (Mickey Rourke), la luz, lo mucho que me acordaba al verla de Orson Welles.

Esta película es como una canción de Bruce Springsteen: urbana, llena de inocencia y de vida, muestra un futuro desolador (por inexistente), te deja una sensación de destino irremediable o algo así. Y te conmueve mucho por dentro.

Me quedo con una frase suelta que sale de la boca de Benny, el dueño de los billares, personaje interpretado por Tom Waits: cuando eres joven te sobra el tiempo, no tienes más que tiempo; pierdes dos años aquí, dos años allá... cuando te haces viejo te preguntas... ¿cuánto me queda? treinta y cinco veranos; piénsalo: treinta y cinco veranos. Te quedan treinta y cinco veranos.

Habría mucho que contar, pero es que estoy preparando un viaje. Nos vemos a la vuelta. Disfrutad vuestro verano, que empieza ahora mismo, cuando ponga este punto.

14 marzo 2008

De lo que no puede ser

Leo últimamente siempre que puedo (es decir, siempre que escribe, que tengo mucho tiempo libre e internet por todas partes) un blog que se llama Imbécil y desnudo. Me gusta cómo escribe aunque a veces no tanto lo que escribe, o lo que parece que piensa (otras veces me da en la nariz que son poses ante el espejo, porque juega con la ventaja de que no deja comentar).

De todas formas es magnético, me siento atrapada por su forma de escribir hasta el punto de que a veces me quita las ganas de hacerlo yo, como me ha pasado, no sé, con Cortázar o con Tolstoi, salvando las lógicas y abrumadoras distancias (que nadie se me escandalice): me refiero a esa sensación de que no sé qué cojones hago dándole a las teclas. Lo hace fácil.

Ahora está de viaje en otra ciudad lejana de esas que casi todos queremos visitar algún día. Y al leerle me he sentido identificada por anticipado; había un par de frases que seguramente desearé escribir yo dentro de una semana, si se me ocurrieran cosas tan netas y directas, que no es el caso, por desgracia. Ahora que ya las he leído y que las voy a copiar, más bien podré suscribirlas. Son estas dos:

"Explicar Tokio es inútil porque está ya muy bien explicado"

y

"Supongo que, mal que me pese, estoy haciendo el turista y no soy capaz de escribir más que souvenirs, no hay manera de deslizar ideas".

Es que tengo la sensación de que voy a ser incapaz de contar nada cuando vuelva. Me parece demasiado ahora mismo. Tal vez llegue allí y descubra que no es tan diferente a otra cosa que conozco, o que he visto demasiadas películas, hablado con demasiadas personas, esperado demasiado tiempo o leído demasiadas páginas de la guía. O tal vez obtenga todo lo que deseo. Incluso, haciendo crecer el cuento de la lechera, obtenga incluso lo que no me atrevo ni a reconocer que deseo.

Pero, de verdad, ¿alguien cree que, hoy por hoy, existe algún escritor, profesional o amateur, que sea capaz de transmitir una experiencia así? Claro, y titularla "Lo que sentí la primera vez que fui a Nueva York". Es ridículo. Me río al releerlo. Lo dejo como está.

Ay, qué emocionada estoy. Qué inmensas expectativas tengo puestas en este viaje. Que la hostia no sea con el avión, amén.

12 marzo 2008

Not a hero

Tengo un amigo que se ha comportado como un cobarde. Se encontró con una situación que no sabía muy bien cómo manejar y decidió no manejarla en absoluto. En español antiguo, tomar las de Villadiego. No está mal, es una opción. Pero me molesta que se justifique cantando la canción del que no ha mentido, del que ha intentado ser él mismo (¿qué coño es ser uno mismo?, se preguntaba otro amigo mío el otro día, filosofando frente a un plato de cecina y unas cervezas… gran pregunta me pareció; me lo sigue pareciendo).

No me atrevo a decírselo, no somos tan amigos y al fin y al cabo a mí ni me va ni me viene, pero su actitud y su espantada me han dado mucho que pensar. No está mal tomar decisiones cuando las alternativas se nos presentan, de hecho es lo que hay que hacer: respirar hondo y tomar una decisión aunque duela, eso es bueno. Supongo que a este, y aquí usaré otra frase que pronto se convertirá en español antiguo y que me parece muy divertida, lo que le matan son las formas.

Y no sé cómo decirle, no le diré nunca, lo más probable, que las cosas no se hacen así. Que tener cojones significa tomar la decisión y además mirar a la cara a la gente y afrontarlo. Como un hombre, en español antiguo. No se puede decir desde el otro lado del río "yo nunca quise hacerte daño". Eso está muy feo, hombre. Y además, probablemente es mentira. La verdad, en español del bueno, sería más o menos, "no era la intención, pero si te hice daño, te jodes, avisao estabas". Más o menos.

Le voy a dedicar la canción que merece que le canten. Ya que tampoco tendré nunca los huevos de decírselo a la cara.

06 marzo 2008

Preparando el viaje

Intento rescatar el archivo en mi memoria de todo lo que he leído, oído y visto. Intento hacer una lista de cosas que me juré que no me quedaría sin ver en el caso de ir hasta allí. Intento recordar los lugares que recomendaba Billywild. Es imposible. Me abruma la cantidad inmensurable de posibilidades.

Hablo con algunos amigos que ya han estado. Les pido por favor que me den sólo dos o tres datos por conversación (no pueden hacerlo). Leo la guía que me compré el otro día en Madrid. Soporto un par de páginas por sesión, apenas diez minutos, y la información que soy capaz de retener es mínima.

Algo que nunca había experimentado y que estoy viviendo relativamente a menudo de un tiempo a esta parte: la sensación de ansiedad que va aumentando hasta hacerse casi intolerable a medida que la fecha de cumplimiento del sueño se acerca.

No sé si tal vez sería mejor ir sin ninguna información, abandonarme a las calles, al espíritu de la ciudad, vagar sin rumbo y decidir sobre la marcha. Hasta cierto punto es imposible, pero tal vez, pienso por momentos, sería mejor no investigar más, dejar la documentación exhaustiva para la segunda visita, o la tercera, o la cuarta.

Porque las habrá, si no me muero antes. El otro día un amigo me leyó las líneas de la mano. Dijo que en mi futuro había muchos viajes, "to other countries". Ya lo sabía, pero me gustó oírlo de sus labios, me gustó oírlo en su idioma. Me pintó un futuro prometedor, bastante parecido al que he planeado.

Chicos, esto es sólo el principio.

03 marzo 2008

Tener estrella

He atravesado diferentes emociones mientras veía Match Point, de Woody Allen. Primero interés, después, desconcierto, más tarde, inquietud que se transformó en intriga y finalmente, certidumbre. No tenía ni idea de cuál era el tema que trataba, no sé cómo lo hice pero había conseguido llegar hoy a la película sin tener la más remota idea del argumento.

A ver. No quiero hacer un comentario crítico de esta película (aunque al final lo haré, a mi incompleta manera). Quiero decir en qué me ha hecho pensar.

Me ha hecho pensar en las escalas de valores de las personas, en los objetivos que nos marcamos y que nos hacen decidir los pasos que damos o los que dejamos de dar, en el egoísmo y la ambición, desde luego en la suerte. En lo importante que es para algunas personas el amor, el matrimonio como procedimiento para conseguir lo que se desea. En la inocencia, en la mentira, en vivir conforme a nuestras metas, en poner estas metas en el interior o por ahí, en algún otro sitio, como tener una buena vida, tener un hijo, fingir un mundo de armonía.

Me cae fatal Chris, el personaje interpretado por Jonathan Rhys-Meyers, porque es todo lo contrario a lo que yo soy, pero no solamente por eso, tengo varios amigos que se podrían definir exactamente con esa misma frase. Creo que es por su frialdad, por lo fácil que le resulta fingir. Se enrolla con Nola, la actriz sin talento (cómo será tan guapa esta chica, Scarlett Johansson), y es él quien actúa en todo momento, desdoblándose las veces que haga falta, reflejándose en todos los espejos, ofreciendo la imagen esperada, mintiendo a todo el mundo, a sí mismo el primero, a nosotros, los espectadores, sobre todo. ¿Tiene algún momento de sinceridad? Probablemente alguno, cuando sufre el ataque de ansiedad en la oficina, cuando se sincera con su antiguo compañero, el jugador de tenis, pero rápidamente le cierra la puerta a la verdad: no le interesa.

Me cae fatal su mujer, Chloe (Emily Mortimer), porque es pesadísima, por lo poco que necesita para ser feliz, por lo fácil que es engañarla, por empalagosa, porque solo tiene una necesidad absurda, porque es tierna y me obliga a compadecerme de ella.

Me cae fatal Nola también porque está medio desequilibrada, porque se mete en una relación que no tiene futuro y espera que ocurra lo que nunca ocurre, a veces ni siquiera en el cine, que las promesas sean verdad y la vida que sueña sea posible, cuando la realidad le está dando constantemente de hostias.

Me cae fatal la película porque explota sin ningún tipo de pudor todos y cada uno de los tópicos que trata: la ambición, el matrimonio de conveniencia, la soledad del que actúa frente al mundo, el adulterio, la maternidad atrasada, Fortunata y Jacinta, el crimen perfecto, el azar, la culpa brillando en el sudor de la perfecta cara del heredero de Raskolnikov.

Y coño, resulta que algo que tiene todos estos ingredientes sale redondo como una bola de tenis. Jodida y asquerosamente perfecto.

Porque sabes que le va a salir bien aunque el anillo de la señora Eastby rebote hacia el lado equivocado.

27 febrero 2008

Arte

En todas las clases tengo alumnos adultos. Cuando digo adultos quiero decir "más adultos que yo". Son personas que se dedican a otra cosa para ganarse la vida pero que quieren aprender algo más.

Una de las asignaturas que imparto (de hecho, la más fascinante), se llama "Teoría de la Imagen". Cuando la estudié en la carrera me costó un verano extra, no os digo más. Por eso intento que mis chicos no se mueran de asco. Les meto el rollo, claro, contra eso no hay nada que hacer, pero después gasto horas enteras viendo imágenes con ellos, opinando sobre ellas, analizándolas y, sobre todo, dejándoles hablar (cuando se dejan).

Hoy tocaba ver cuadros y buscar en ellos el dinamismo, la temporalidad en la imagen fija, la tensión y el ritmo. Vale. Reconozco que es un coñazo y además una paja mental. Pobrecitos. Pero, como dijo aquél, el que busca, encuentra.

La cosa es que empezamos por una imagen sencillita, una Anunciación de Fra Angélico (no sé cuántas tiene, igual era LA Anunciación de Fra Angélico, el que lo sepa o tenga ganas de averiguarlo, que lo diga). Y una de mis alumnas adultas, la enfermera, concretamente, dijo: "Vale, con estas no tengo problema, pero… ¿qué pasa con el cubismo y esas cosas?"

"¿Cubismo?" Pensé yo. "Te vas a cagar".

Y les puse esto:



Para los ignorantes, que habrá pocos puesto que hay pocos lectores, informo que el cuadro se titula Autumn Rhythm (number 30) y lo pintó Jackson Pollock en 1950.

Claro, la conversación derivó por ni os imagináis qué derroteros. Los límites, la función y la significación del arte. Las tomaduras de pelo, las cosas que no lo son, o según quién lo mire, o cómo podemos considerar arte a algo que pretende serlo. Arco (por supuesto), el artista que mataba de hambre a un perro en una performance, de nuevo los límites, el arte como último reducto de la libertad (esto lo dije yo, ya caliente), Picasso, Kandinski, Van Gogh, otra performance (en la que cuatro actores mimetizados con el público protestan porque la performance no empieza y acaban sublevando a la multitud, y eso era la performance), su sentido, su significado, "esto a mí no me vale", "si tiene tanta técnica, ¿por qué no hace otra cosa?", "porque no le da la gana, entre otros muchos motivos", la expresividad, la técnica, otra vez la función del arte, otra vez los motivos, vuelta a Arco, (y eso que todavía no había visto en la tele que este año en Arco había una revisitación de la Maja de Goya con Yola Berrocal como modelo). En un momento hasta llegué a decirle... abre tu mente... be water, my friend...

De verdad, ha sido una conversación muy interesante, muy participativa, acalorada por momentos, en la que todo el mundo ha aportado cosas y en la que al final yo creo que todo el mundo acabó diciendo más o menos lo mismo, o sea, lo normal en estos casos. Tal vez en el fondo la enfermera no tenía ganas de recibir clase hoy. Y a lo mejor al final hasta aprendió algo. Yo, desde luego, sí.

Para rematar, una alumna de las de 20, dijo, "o sea, que como siempre: para gustos, colores".

Y otro alumno, de los de 50, mientras salía, dijo: "menudo pollo con Pollock".

Y ha sido lo mejor de la semana.

19 febrero 2008

The graduate, Mike Nichols, 1967

Ben mira a su alrededor y no entiende nada. Acaba de terminar sus estudios, es un estudiante brillante con un futuro prometedor ("Plastics!", le sugiere un amigo de sus padres con aire de estar abriéndole las puertas del paraíso). Todas las muestras de afecto, todas las palmadas en la espalda, todo el ruido de su entorno solo contribuyen a aumentar su confusión, su desorientación y su desamparo.

No consigue compartir el entusiasmo de sus padres, todo orgullo, a los que mira como si fueran seres extraterrestres. No sabe quién es, no sábe dónde está, ni dónde quiere ir, ni qué quiere hacer. Mira a su alrededor y no entiende nada.

Se zambulle en la piscina de sus padres, dejando pasar el tiempo con indolencia y fingiendo que nada le importa. Se pone las gafas de sol a modo de barrera contra el mundo, soporta con estoicismo el ridículo de pasear desde la cocina hasta el jardín con un traje de submarinista que no ha pedido ni desea tener. Es el éxito en el que los demás desean mirarse, pero no hace más que seguir el camino marcado, tal vez por falta de arrojo para construirse uno él mismo.

El buzo dentro de la pecera en la secuencia que abre la película, con el rostro ensimismado de Ben en primer plano, es el símbolo de su aislamiento. El silencio abombado que se produce cuando mete la cabeza bajo el agua es el único lugar donde se siente seguro.

Ben, ¿qué estás haciendo?, le pregunta su padre. Bueno, dice él, sólo estoy flotando aquí, en la piscina.

Todo el mundo le cae mal, todo el mundo le molesta. Su único contacto aparentemente humano es la relación con la señora Robinson, que le manipula, le utiliza y le humilla, además de darle lo que cualquier chico de su edad querría, pero sin hablarle. Solo en una ocasión logra que ella le conteste. Es el principio del fin.

(Dadas las circunstancias, me alegra enormemente poder ver esta película y sentirme identificada con Ben y no con la señora Robinson. Sé que es un mal chiste porque también es la pura verdad.)

Después aparece Elaine, con su belleza y su inocencia. Ben puede contarle la verdad, o parte de la verdad: "siento la necesidad de ser grosero todo el tiempo, ¿sabes lo que digo?" Ella le contesta sonriendo "sí, lo sé". "Es como si estuviera jugando algún tipo de juego pero las reglas no tienen ningún sentido para mí… están hechas por la gente equivocada… no, no, ni siquiera las ha hecho nadie, parece que se hacen solas".

Y después comprende: "eres lo primero que me gusta en mucho tiempo; la primera persona que soporto".

No es difícil elegir un camino en una circunstancia así, ¿no? Aunque todos los demás condicionantes se pongan en contra, o precisamente por ese mismo motivo. "¡Es demasiado tarde!", grita la bruja del cuento, la señora Robinson. "¡No para mí!", le contesta su hija, retadora y rebelde, mientras el héroe mantiene a raya a la multitud blandiendo un crucifijo. Happy end.

Pero hay algo amargo, algo que escuece.

Es el duro plano final, largo hasta la conciencia. ¿Qué pasa ahora? ¿Dónde vamos, qué hacemos? ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Para qué ha servido todo esto?

Creo que por eso todo el mundo habla siempre de una segunda parte de El graduado. ¿Quién no tiene curiosidad por ver cómo se las arreglan, cuánto tiempo tarda en romperse su matrimonio? Hay tanto de verdadero en su relación, de conmovedor en su inocencia, de simple en su esperanza de romper las reglas y hacer una revolución a su medida. Es cierto, así se viven las cosas con veinte años. Y después vienen los treinta y los cuarenta, el éxito económico, los hijos, el aburrimiento, la soledad otra vez.

Qué película más dolorosa. Lo peor no son las verdades que cuenta.

Lo peor son las verdades que amenaza.

Viaje

No es país para viejos, de Cormac McCarthy, Matadero cinco, de Kurt Vonnegut, el guión de El Apartamento, de I.A.L.Diamond y Billy Wilder, The Brooklin Follies de Auster en inglés, la edición del 30 aniversario del Born to run, de Bruce Springsteen, y el Tunnel of love, que era imperdonable no tenerlo en cd como dios manda, Drácula de Bram Stoker y las dos primeras partes de El Padrino, de Coppola, una guía de Nueva York...

Otra vez me he vuelto a dejar un porcentaje excesivo de mi sueldo mensual en la Fnac. Si es que no se puede ir a Madrid.

Pero ya he vuelto, ayer estuve viendo El graduado. Enseguida estoy con vosotros. Tengo que hablaros de Benjamin Braddock.

10 febrero 2008

No country for old men, Ethan Coen y Joel Coen

(No suelo comentar películas en cartelera porque soy un poco bocazas; ojo, alguien podría considerar que se me ha colado algún pequeño spoiler, aunque he intentado que no.)

Qué belleza, Estados Unidos a través de la lente de los hermanos Coen. Nadie la retrata como ellos. Y no solo belleza: belleza dentro de la cotidianidad. El cielo, la tierra polvorienta, la gasolinera Texaco, la frontera con México, los coches, el motel de carretera, el hotel barato, la señora gorda con gafas sentada tras una mesa de oficina.

No es él. Es el personaje. Eso pensé un momento, aunque después tuve que reconocer que Anton Chigurh no sería lo mismo sin él. No llegas a odiarlo porque por momentos lo admiras y porque fascina lo listo que es y lo artero, la forma en que mantiene la calma, el silencio, el sigilo. La locura en sus ojos. Qué miedo da. Oh, no es un malo cualquiera, no. Es un buen malo. Un malo especial.

El personaje del padre de Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones), ausente y presente durante toda la película, sobrevolando la expresión apesadumbrada del sheriff, su hastío, su impotencia, su forma de llegar unos minutos tarde a todas partes o de no llegar en absoluto.

La persecución siempre infructuosa, el azar, el castigo, la permanente e inútil huida hacia delante, hacia ningún sitio.

La inutilidad de la codicia, el vacío de la violencia, la evidencia del dolor, la forma en la que puedes resultar especial sin serlo, en los ojos y las palabras de Carla Jean (Kelly McDonald) la esposa de Llewelyn Moss (Josh Brolin). Y este último, mejor no olvidarlo, un alter ego, un reflejo exacto (por inverso), el contrapunto perfecto, el artífice del equilibrio. Otro hombre silencioso que provoca el cataclismo y que lo acepta diciendo "Things happened. I can't take 'em back".

La forma en que los personajes se predicen y se adivinan y no te resulta extraño porque das por supuesto y aceptas que son más listos que tú, aunque lo único que pasa es que, por una vez, son tan listos como tú, el espectador, el que casi siempre lo sabe (o lo espera) casi todo.

Sí, el personaje de Tommy Lee Jones es un poco el de siempre, y tal vez Carson Wells, el de Woody Harrelson, es un poco innecesario (salvo por una de las líneas de diálogo que pueden pasar a la historia de esta película, ese "Just how dangerous is he?" al que Wells responde "Compared to what? The bubonic plague?"); desde luego es un poco difícil creer tanta violencia y tanta muerte (el "hard to believe" que varias veces dice Bell, el sheriff, y que probablemente hace a la película tan verosímil). Tal vez no se entiende muy bien la continua referencia al pasado y al cambio, justificado (y alimentado) por el propio título…

Pero es que esta película hay que verla varias veces antes de escribir nada sobre ella.

Porque es cine del que merece la pena, cine de ese que te hace olvidarte de las cosas, que te transporta a otro lugar: uno en el que hay buenos, malos, cielos infinitos, desiertos de tierra y piedras, crueldad, generosidad, soledad, secretos, suspense, miedo, amor y muerte. Cine de verdad.

07 febrero 2008

Los usuarios decidimos qué es "servicio público"

Cuando a un spot publicitario se le concede la "exención de cómputo", este spot no es considerado "publicidad" a efectos de tiempo de emisión. El anuncio se ofrece por parte de las cadenas de forma gratuita por tratarse de un servicio "público o de carácter benéfico". De su emisión no debe "derivarse beneficio económico para los intermediarios".

El Ministerio de Industria, Turismo y Comercio no ha concedido la exención de cómputo a este anuncio porque considera que no se trata de un servicio público y que el spot se pasa al ámbito, más resbaladizo, de la publicidad política. Dice el Ministerio en su nota de prensa que el anuncio "atribuye la violación de derechos humanos a líderes políticos internacionales".

El Ministerio, en su nota de prensa, juega con la idea de que la exención de cómputo no puede concederse ni rechazarse hasta que efectivamente una cadena de televisión emita el spot de forma gratuita. Después es cuando viene lo que Amnistía Internacional denomina sanción. No he leído la ley ni tengo tiempo de hacerlo, pero creo que ninguno dice toda la verdad.

Bueno. Yo no tengo muchas ideas políticas o, si las tengo, por lo general me las guardo para mí. Pero viendo este anuncio yo no veo esta atribución de violación de derechos humanos a nadie. Ahí no se acusa a nadie. Si acaso, se juega con sobreentendidos y, sobre todo, difícil cuestión, se utiliza el complejo arte de la ironía. No hace falta ser muy listo para entender la mayoría de las ironías, pero muchas veces es mucho más fácil hacerse el tonto y a otra cosa.

Muchas veces no estoy de acuerdo con los procedimientos de Amnistía Internacional, creo que a veces bordean de forma preocupante el fanatismo y el fundamentalismo que atacan. Saben aprovechar muy bien los mecanismos de propaganda que utilizan los partidos políticos, la credulidad de la gente, la falta de tiempo o la pereza para ahondar en la información y el conocimiento. Estoy de acuerdo más con sus fines que con sus medios.

Pero creo firmemente en la libertad de expresión. Por eso os dejo aquí el anuncio. Para que juzguéis vosotros mismos.

La explicación de Amnistía Internacional.

La nota de prensa del Ministerio.


05 febrero 2008

Joder

Leo cosas por ahí que me dan una envidia de cagarse.

Después vuelvo aquí y me leo yo y

En fin, total pa qué me voy a quejar, si luego me llenáis los comentarios con cosas como que escriba lo que me salga del coño, y con razón.

Pero hoy me he dado cuenta de que muchas cosas no van como yo quiero porque yo misma no soy quien quiero ser.

Y me jode muchísimo, porque no sé contestar a la pregunta ¿cómo quieres ser?

De verdad, hoy me la he hecho y me he quedado sin palabras.

Y, de verdad, esa es una de las peores cosas que pueden pasarte (sobre todo cuando todo lo demás va bien).

Menudo telar.

A modo de autorrespuesta os dejo aquí una frase sacada de la película Arrebato, de Iván Zulueta, que vi la semana pasada en la tele, para que os haga pensar un rato:

"No fue una gran idea. Pero acabó sirviendo, como siempre que me equivoco".

¿Vosotros no veis la tele con un boli y un bloc al lado?

02 febrero 2008

Imagen

He soltado un comentario en un blog nuevo, es decir, en un sito donde nunca había comentado antes. Dejo mi firma y pienso que probablemente a través del enlace de ese comentario entrará alguien a mirar aquí (lo que suele ser la razón de que no comente nunca en ningún sitio desconocido, de hecho). Y entonces me doy cuenta de que lo último que he escrito, es decir, lo primero que leerá cualquier incauto que se arrime a este agujero será esa cosa infecta titulada (para justificar lo injustificable) Desvarío. Es muy feo esto de pedir disculpas por lo que uno ha escrito, o por lo que uno es, pero lo cierto es que tenemos que cuidar nuestra imagen. Es importante la primera impresión, supongo.

Así que he pensado, joder, ¡tengo que escribir algo que hable un poco mejor de mí! (Sobre todo porque no vaya a ser que venga V y me pille así, en bragas... por lo menos un aperitivo antes, no sé.)

Pues eso. Yo tenía un amigo que escribía canciones. Bueno, el amigo lo sigo teniendo, como los ojos del Guadiana, más o menos, pero ahí estamos. Me parece que lo de hacer canciones lo tiene un poco abandonado, pero a cambio consiguió una parte de uno de sus sueños, que es más de lo que podemos decir la mayoría.

(Pisha, si llegas aquí, no me arranques la cabellera. Y no me pidas derechos de autor.)

Esta canción fue escrita, quién sabe, tal vez en ese maldito 1998 que digo que no puedo recordar. Así es como yo me sentía. Lo que no sé es si él lo sabía o si lo inventó.

boomp3.com

31 enero 2008

Desvarío

Qué cansada estoy. Cansada y desganada. Pensar en las cinco horas de clase de esta tarde me agota, me imposibilita para pensar en cena más copas justo a continuación, los putos carnavales. No puedo, es imposible, estoy demasiado cansada. Solo tengo ganas de estar sentada y no hacer nada, no pensar, dejar que pase el tiempo y que llegue el momento de irme a dormir. No tengo ganas de hacer la comida ni de comérmela, ni de fregar, lavarme los dientes, coger el coche y enseñarles a los chavales ejemplos de la forma, la proyección, el escorzo, el traslapo, aguantar a los pesados de animación mientras me hacen esas preguntas que no sé contestar, dos horas contando lo mismo cuarenta veces sobre el premiere a los de audiovisuales, sentirme sola, tener frío y sin embargo sudar, esperar un mensaje que no llegará, ir de cena ni de coña, estoy demasiado cansada, quiero dormir aunque después llega la hora me desnudo, me acuesto y no concilio el sueño pensando en el puto bacilo de Koch, en esputos, en llamadas telefónicas, en seis meses de tratamiento, en contagios. Luego está lo de la soledad, que últimamente me pesa tanto que busco señales en todos los ojos que se cruzan conmigo, tan solo para ir descartando, este no, este tampoco, a veces me pregunto qué pasaría si de repente aparecieran unos ojos de los que pudiera decir tan solo este tal vez, me cagaría encima, si no es lo que quiero, si no es lo que quiero querer, ¿por qué no paro de pensar en ello?, no lo entiendo, me agobia la idea. Tengo los pies fríos, las manos frías, camiseta, sudadera, bata, calefacción, después dentro de un rato tengo calor, pero no tengo fiebre, y hasta querría tenerla, una buena excusa para pedir la baja de una vez, por qué tendré tantas ganas de estar de baja, tal vez para descansar, para no tener que enfrentarme a cinco horas de clase, qué son cinco horas, joder, pues una cosa muy pequeña comparada con otras mucho peores que has tenido que afrontar en otras ocasiones, pero al mismo tiempo me parece imposible soportarlo. Nunca sabes si es mental o físico, esa puta manía de atribuirle una causa psicológica o mental a todo lo que nos pasa, estoy empezando a ser cada vez más House, cada vez más escéptica con respecto a la existencia de cualquier tipo de más allá, al poder de la mente, incluso de la voluntad, del alma en general. Que no, que somos moléculas y humores, química, biología, cosas tangibles, tengo que dejar de pensar que me domina una parte de mi cerebro que no puedo entender, inaccesible, imposible de analizar, de poner bajo el microscopio, eso no existe, qué manía, la puta trascendencia, cuánto daño han hecho los místicos, incluso el jodido Freud y toda la caterva de explicadores de misterios por los misterios, que no, que todo es mierda y sangre y células, no hay más, pensar que hay más es una pérdida de tiempo y una forma imbécil de dar por explicado lo incomprensible, y no es así, no es así, no hay fantasmas, ni dentro ni fuera, la magia son trucos, todo es fe, no quiero fe, quiero pruebas, quiero poder aceptar que lo que no sé, lo que no entiendo, son solo eso, ignorancia, no payasadas del poder de la mente ni fantasías espirituales ni cosas que podría cambiar si quisiera. Lo que es, es, y se puede encontrar con un análisis de sangre o una radiografía y ya esá. Punto. Estoy cansada y no me lo invento, no hay subconsciente que me gobierne, no existe nada de eso. Definitivamente y para siempre, me quedo con Scully. A tomar por culo. La verdad está aquí dentro: en los ruidos de mis tripas.

30 enero 2008

Secretos

Todos tenemos secretos. A veces necesitamos contarlos y otras veces necesitamos ocultarlos. No sé muy bien cuál es el mecanismo que nos empuja a contar nuestros secretos en ocasiones, a pronunciar esa frase que todos hemos soltado alguna vez, ese "necesitaba contarlo".

Hace más o menos un mes una compañera de trabajo me confesó algo y utilizó esa frase, se justificó diciendo que necesitaba hablar con alguien. Aquella conversación me hizo pensar mucho sobre los secretos propios y los ajenos, sobre lo que mueve a las personas a confiar en los demás, sobre el respeto.

Aquel día llegué a casa sintiéndome bien por haber sido elegida por su confianza, aunque me duró poco. En poco más de siete días ella misma se había encargado de que su secreto se convirtiera en una noticia. Pero yo le había dicho que no se lo iba a decir a nadie y llevé hasta tal punto aquella afirmación que fingí no saber nada cuando todo el mundo empezó a hablar del asunto.

Hay personas que no saben guardar secretos, al menos no los de cierto tipo. Eres capaz de no confesar jamás algo que te avergüenza o algo que te da miedo o que te produce dolor. Pero es difícil no hablar de algo que te hace feliz o que te da placer. Y a muchas personas les resulta prácticamente imposible guardar los secretos de otros. Aquí hay otra frase muy gastada, el "no se lo digas a nadie" que precede a un secreto que va de boca en boca. Cuando yo oigo la frase "no se lo digas a nadie", inmediatamente aplico una capa de olvido a lo que viene a continuación. Y lo que oigo, créanlo o no, no se lo digo a nadie.

Creo que mi compañera de trabajo aquel día esperaba eso de mí: que yo fuera a otro compañero y dijera: "no se lo digas a nadie, pero…" Y no lo hice, con lo cual su secreto continuó siendo un secreto, que no es lo que ella quería (como se demostró pocos días después).

A mí me gustan los secretos, aunque no creo que sean siempre buenos ni deseables, ni útiles. Creo que el motivo por el que puedo guardarlos es que no siento curiosidad por la vida de los demás. Creo que todo el mundo tiene secretos y me parece bien.

Será porque guardo celosamente los míos.

boomp3.com

28 enero 2008

The dead, John Huston

El sábado vi Dublineses (The dead), de John Huston. Es una película extraña, desequilibrada. Dura 75 minutos y de ellos, te pasas 65 preguntándote qué va a ocurrir, cuál es la finalidad. Siempre que veo una película o que leo un libro donde ocurre eso, el resultado suele ser que no pasa nada. Nada lo mejora, todo sigue así, se cumple la tendencia. Pero algo tenían las imágenes de ayer que me hicieron seguir mirando. Tal vez saber que Huston siempre tiene algo que ofrecer. Esta vez no podía ser menos.

Yo tengo muy poca imaginación. Una de las cosas que aprendí en la carrera fue que hay una especie de contrato tácito entre el director y el espectador. La película ofrece pistas para que el espectador pueda sacar conclusiones y establecer hipótesis que, al cumplirse, le producen satisfacción. Nada de esto ocurre en esta película. No tienes datos concretos, de modo que tus hipótesis son erróneas.

Toda esa larguísima secuencia de la reunión social la noche de Reyes nos sirve para contextualizar, para retratar una sociedad y unos individuos, para hacer un poco lo mismo que hacía Robert Altman en sus películas corales: presentarte un montón de personajes que tienes miedo de no reconocer o no ubicar después, hasta que te relajas, cuando te das cuenta de que sí te estás enterando de lo importante.

El final es la clave (si no la has visto y piensas verla, mejor no des al play).



Algunas películas no siguen el canon clásico: presentación, desarrollo, desenlace. Y no importa. Lo que importa es el mensaje que te llega, lo que son capaces de sacar de ti.

Después de verla leí el relato de James Joyce en el que se basó esta obra casi póstuma de John Huston. Y la verdad es que, tratándose de dos genios, es un placer poder decantarse en esta ocasión por la versión filmada. No mejora nada, no aporta nada, no depura nada. La imagen es escrupulosamente fiel a la palabra escrita. Y sin embargo tiene una ventaja para mí, y es que te permite extraer tus propias conclusiones sobre los sentimientos y los pensamientos de los personajes, de modo que, siendo comparativamente más incompleta, menos prolija (la ventaja, supongo, del lenguaje cinematográfico), es mucho más flexible y, por lo tanto, más libre.

Provoca escalofríos pensar que John Huston sabía que habría muerto cuando la película fuese estrenada.

26 enero 2008

Extraños procedimientos

Cosas de los dentistas. El otro día me fui a hacer una limpieza dental. No tengo dentista, cada vez voy a uno distinto. Este me cayó bien. Me abrió la boca, se puso a mirarme los dientes y dijo: "hum... en verano te pones morenita". Con la boca abierta y aquellos dedos enguantados dentro no sé si se me notó mucho la cara de asombro. Pregunté: "¿eso te lo dicen mis dientes?" Contestó: "me lo dicen tus dientes". Dije: "chivatos asquerosos, seguro que te dicen muchas más cosas que te callas". Contestó: "así es". En qué lugares inverosímiles quedan rastros de lo que hacemos.

Estos días me ha dado el punto nostálgico (será por 1998) y he estado leyendo Carballo Torto. Se me hace raro leer lo que escribía hace tres años, casi cuatro. Ver cómo, efectivamente, lo que fui construye lo que soy, ladrillo a ladrillo. Comprobar cuáles eran entonces mis obsesiones, las canciones que escuchaba, los libros que leía (Pessoa sigue en mi mesilla, aunque ya no le dedico tanto tiempo). Tengo la sensación de que utilizaba mejor las palabras, aunque era bastante más exhibicionista que ahora, razón fundamental para abandonarlo. Tuvo una caída en picado cuando me perdí a mí misma otra vez. Lo que más me gustó fue leer los comentarios.

En otro orden de cosas. Escuchando el otro día una canción se me ocurrió rendirme.

Busqué en Google "I'm thinking about giving up".

Encontré la letra de una canción que dice todo lo contrario. Es una canción fácil y tontorrona. Me gustó tanto que la dejo aquí. Para que nadie la escuche. Para que no caiga en el olvido.

boomp3.com

22 enero 2008

1998

Fanshawe rescata de Zemos98 una especie de meme y me obliga a pensar. Ya estaba en ello, total…

Pero tenemos un problema.

No me acuerdo de dónde estaba, quién era ni qué hacía en 1998. En seguida, al intentar (en vano) hacer memoria, he pensado: "dónde estaba no lo sé, pero ya no era una niña".

Lo poco que hay es esto:

Estaba en cuarto de carrera. Todavía quería ser directora de cine. Todavía no había vuelto a beber y a fumar. Tenía algunos amigos que todavía siguen ahí. Otros se han perdido. Mi relación iba a la deriva, aunque yo me agarraba al timón y trataba de mantenerla a flote como si fuera la única alternativa para seguir viviendo.

En el verano del 98 me fui con mi novio de vacaciones por primera vez, aunque llevábamos cinco o seis años viviendo juntos. Habíamos estrenado coche, así que decidimos irnos una semana por ahí. Elegimos la Costa de la Muerte. Oímos en la radio la final del Mundial de fútbol una de las primeras noches en una playa cuyas olas rugientes no nos dejaron dormir. Después acampamos en un pueblo cerca de Muxía y nos íbamos todos los días a ver cosas. Hizo mal tiempo y apenas pisamos playas. Pero comimos marisco. Vimos castros celtas abandonados en las colinas, dólmenes olvidados, hicimos un dibujo en el jardín de Man, el de Camelle. No recuerdo que fuéramos capaces de hablar sobre lo que nos estaba pasando.

¿Que si vi alguna película? Supongo. ¿Que si fui a algún concierto? Tal vez. ¿Que si me compré algún disco? Probablemente.

Todos esos meses se han borrado de mi memoria. Tal vez si tiro de las fotos sea capaz de recordar algo más. No quiero pensar que esos años se han perdido para siempre. Pero ahora mismo así es.

Menuda mierda.

17 enero 2008

De cuando todo era futuro

Algo tendrá que ver. Anoche, después de leer en lo de Antígona la reflexión tan preciosa que hace sobre la infancia, sin saber por qué me acordé de Roy Orbison. Bueno, sí sé por qué: esa era la música que yo escuchaba con 15 años, edad que entonces no, pero ahora sí, considero reino de la infancia (tal vez más para unos que para otros, pero esa es otra historia).

Escuchaba a Elvis, a Jerry Lee Lewis, a Chuck Berry, a Eddie Cochran. No soportaba la mayoría de las canciones que sonaban en la discoteca en la que pasábamos las tardes de los domingos y en la que nadie me sacaba a bailar los lentos. Me sentía diferente. Tampoco es que hiciera ningún esfuerzo por no sentirme así. Creo que sentía que la diferencia me hacía especial. (Tardé un tiempo en apearme del error.)

Ahora me pregunto cómo fueron llegando a mi conocimiento estos músicos. Solo teníamos acceso a los canales más anchos de la comunicación. Pero estaba Radio 3, y también aquellas pelis, La Bamba, que nos contó la historia de Ritchie Valens, o la (mítica) Great Balls of Fire! protagonizada por Dennis Quaid, y hasta Regreso al futuro, si me apuras (aunque quiero recordar que yo sabía quién era Chuck Berry la primera vez que la vi y le expliqué el chiste de la secuencia del concierto en el baile de fin de curso a mi hermana). Incluso los primos o tíos que te llevaban veinte años y que te dejaban cintas que habían sido grabadas en tiempos en los que tú apenas habías nacido.

Esa música anticuada de tupés y lamentos me electrizaba por dentro. Y por fuera. Sentía la música desde lo más hondo de las tripas y hasta la punta de los dedos y pensaba que me había equivocado de época para nacer, que mis quince o diecisiete deberían haber caído en el año 60 o algo así. No entendía la música que sonaba en la radio, ni siquiera entendía la forma en que la gente se vestía o bailaba.

Ha pasado el tiempo y tengo un poco olvidados a aquellos clásicos. Pero siguen ahí como cimientos que lo sostienen todo y sin los cuales el presente no tendría sentido.

Me parece genial el vídeo que he encontrado en Youtube. Y la canción es maravillosa: Only the lonely, de Roy Orbison. Que la disfruten.

13 enero 2008

Ángel

Los fines de semana intento permanecer lo más lejos posible de cualquier fuente de información. Pero acabo de ver en lo de Lula que se ha muerto Ángel González.

Ayer, después de pasarme varias horas dándole vueltas al post del relato y las canciones, me quedé como aliviada pensando que al menos durante unos días no tendría que pensar en el blog. Llevo un tiempo sufriendo bastante para mantenerlo actualizado: pienso que tengo que escribir y me siento a ello, pero no tengo nada que decir.

Hoy, sin embargo, y a mi pesar, sí tengo algo que decir. Supongo que muchos blogs españoles se llenarán hoy de crespones negros como este, así que no me voy a extender mucho en la figura, que todos conoceréis de sobra.

Me da igual que tuviera ochenta y dos años. Yo tengo ganas de llorar como si se me hubiera muerto un amigo. Lo de los aprecios y la muerte son cosas que no podemos entender. A lo mejor es que no tengo muy buen día, que he tenido que conducir sobre la nieve y me he puesto nerviosa, que ayer estuve todo el día sola o que la luna está en un cuarto particularmente pernicioso.

Yo creo que él pensaba que vivir era irse muriendo todos los días un poco y que algunas tardes (sobre todo en enero) no tenía muy clara la diferencia entre estar vivo y no. Así que igual ni se ha enterado de que se ha muerto.

Me cuesta mucho elegir solo un poema pero no quiero cansaros. Me quedo con la

DIATRIBA CONTRA LOS MUERTOS

Los muertos son egoístas:
hacen llorar y no les importa,
se quedan quietos en los lugares más inconvenientes,
se resisten a andar, hay que llevarlos
a cuestas a la tumba
como si fuesen niños, qué pesados.
Inusitadamente rígidos, sus rostros
nos acusan de algo, o nos advierten;
son la mala conciencia, el mal ejemplo,
lo peor de nuestra vida son ellos siempre, siempre.
Lo malo que tienen los muertos
es que no hay forma de matarlos.
Su constante tarea destructiva
es por esa razón incalculable.
Insensibles, distantes, tercos, fríos,
con su insolencia y su silencio
no se dan cuenta de lo que deshacen.

12 enero 2008

Un cuento y dos canciones

Tenías un coche rápido y un plan para marcharte. Un día apareciste en mi puerta para decirme que te ibas y que no pensabas volver; me miraste a los ojos y me dijiste que yo era lo único que no querías dejar atrás; me tendiste la mano como un puente sobre un abismo y me pediste que me fuera contigo. Ese día aprendí lo que es el miedo.

A mi mente, como un torbellino en medio del vértigo, acudieron todos los momentos, los tíos que dejé marchar, la sensación de dolor, la juventud desperdiciada y todos nuestros encuentros: las carreras locas en carreteras abandonadas, la sensación de libertad y de límite, los gritos que siempre conseguía acallar en el borde de la garganta, tu deseo incontrolable de llegar siempre un poco más lejos, un poco más cerca del final.

Cuando me devolvías a casa, antes de cerrar la puerta entre los dos, nos mirábamos a los ojos y nos cantábamos en voz baja aquel verso de Dylan. Sonaba en un susurro, "when you got nothing you got nothing to lose", y nuestras voces quedaban flotando en el aire un instante entre nosotros, sobre el abismo que nos separaba sin que llegáramos a comprenderlo nunca del todo, y eran un puente también, un puente que tendíamos con palabras y a veces con alas de sueños.

Sabíamos que las mejores intenciones no bastan para hacer las cosas bien. Sabíamos que hay un precio que pagar por cada alegría y por cada exceso. Y no queríamos saber que había una diferencia inabarcable entre nosotros. A ti no te bastaba el horizonte y yo solo sentía calor con el fuego de leña.

Hay certezas a veces. De algún modo y por alguna inexplicable intuición, sabes sin saber por qué. Y por eso o pese a ello hay que cerrar los ojos y dejarse llevar sin pensar demasiado. Porque a veces saber que algo va a salir mal no es razón suficiente para no hacerlo.

Con tu coche parado frente a mi puerta y tu mano mostrándome un camino incierto, la ansiedad de tus ojos y Dylan cantando en el fondo de nuestros corazones, supe lo que era el miedo. Y aprendí en ese mismo instante qué hay que hacer cuando se tiene miedo, cuando no se tiene nada que perder, cuando se desconoce el precio a pagar, cuando el vértigo parece más fuerte que la sensatez, cuando comprendes que no hay fuego que caliente un horizonte.

Quemé mis puentes en el largo paseo hasta tu coche, eliminando de las posibilidades todo camino de huida o de vuelta atrás. Renuncié al pasado y a los futuros predecibles o esperados, anulé todos los billetes de ida.

Y cuando aquellas ruedas dejaron dos líneas negras humeando en el asfalto delante de mi puerta cerrada, detrás de nosotros, comprendí que lo importante no es acertar ni equivocarse. Lo importante es decidirse.



Para escribir este proyecto de relato utilicé versos y emociones de dos canciones: Thunder Road, de Bruce Springsteen y Bridges, de Tracy Chapman. Dejo aquí canción, letra y traducción de ambas para quien prefiera beber de las fuentes, que es mucho más recomendable. A su lado, el cuento es el agua sucia de un charco.

boomp3.com

Thunder Road, Bruce Springsteen.

The screen door slams
Mary's dress waves
Like a vision she dances across the porch
As the radio plays
Roy Orbison singing for the lonely
Hey that's me and I want you only
Don't turn me home again
I just can't face myself alone again
Don't run back inside
darling you know just what I'm here for
So you're scared and you're thinking
That maybe we ain't that young anymore
Show a little faith, there's magic in the night
You ain't a beauty, but hey you're alright
Oh and that's alright with me

You can hide 'neath your covers
And study your pain
Make crosses from your lovers
Throw roses in the rain
Waste your summer praying in vain
For a savior to rise from these streets
Well now I'm no hero
That's understood
All the redemption I can offer, girl
Is beneath this dirty hood
With a chance to make it good somehow
Hey what else can we do now
Except roll down the window
And let the wind blow back your hair
Well the night's busting open
These two lanes will take us anywhere
We got one last chance to make it real
To trade in these wings on some wheels
Climb in back
Heaven's waiting on down the tracks
Oh oh come take my hand
Riding out tonight to case the promised land
Oh oh Thunder Road, oh Thunder Road
oh Thunder Road
Lying out there like a killer in the sun
Hey I know it's late we can make it if we run
Oh Thunder Road, sit tight take hold
Thunder Road

Well I got this guitar
And I learned how to make it talk
And my car's out back
If you're ready to take that long walk
>From your front porch to my front seat
The door's open but the ride it ain't free
And I know you're lonely
For words that I ain't spoken
But tonight we'll be free
All the promises'll be broken
There were ghosts in the eyes
Of all the boys you sent away
They haunt this dusty beach road
In the skeleton frames of burned out Chevrolets

They scream your name at night in the street
Your graduation gown lies in rags at their feet
And in the lonely cool before dawn
You hear their engines roaring on
But when you get to the porch they're gone
On the wind, so Mary climb in
It's a town full of losers
And I'm pulling out of here to win.

Carretera del trueno

La puerta se cierra de golpe, el vestido de Mary ondea. Como en una visión ella baila a través del porche mientras en la radio suena Roy Orbison cantando para los solitarios.

Eh, aquí estoy y solo te quiero a ti. No me mandes de vuelta a casa, no podría enfrentarme a mi soledad otra vez, no corras dentro, cariño, sabes por qué estoy aquí. Sé que estás asustada y que piensas que tal vez nunca volveremos a ser tan jóvenes. Ten un poco de fe, hay magia en la noche. No eres una belleza pero eres genial y es todo lo que necesito.

Puedes esconderte debajo de las mantas, estudiar tu dolor, hacer cruces por tus amantes, esparcir rosas bajo la lluvia, desperdiciar tu verano rezando en vano por un salvador que te saque de estas calles. Bueno, yo no soy un héroe, eso está claro, toda la redención que te puedo ofrecer está debajo de ese capó sucio.

Con una oportunidad para hacerlo bien de alguna manera, ¿qué otra cosa podemos hacer ahora más que bajar la ventanilla y dejar que el viento te despeine? Bueno, la noche está a punto de reventar; estos dos carriles nos llevarán a cualquier parte. Tenemos una última ocasión de hacerlo realidad, de convertir estas alas en ruedas. Súbete. El cielo está esperando sobre los caminos.

Oh, oh, venga, coge mi mano, esta noche conduciremos hasta alcanzar la tierra prometida. Oh, carretera del trueno, carretera del trueno, carretera del trueno, ahí extendida como un asesino bajo el sol. Sé que es tarde pero podemos hacerlo si nos damos prisa. Oh, carretera del trueno, siéntate bien, agárrate fuerte, carretera del trueno.

Bueno, conseguí esta guitarra y aprendí a hacerla hablar. Y mi coche está ahí detrás si estás preparada para dar ese largo paseo desde tu porche hasta mi asiento delantero. La puerta está abierta pero la carrera no es gratis. Y sé que estás sola por palabras que no he dicho, pero esta noche seremos libres, todas las promesas se romperán.

Había fantasmas en los ojos de todos los chicos que dejaste. Se aparecen en esta polvorienta carretera de la playa en los esqueletos de chevrolets calcinados. Gritan tu nombre por la noche en las calles, tu toga de graduación yace en harapos a sus pies, y en la calma solitaria antes del anochecer oyes rugir sus motores. Pero cuando bajes del porche se habrán desvanecido en el viento, así que, Mary, súbete. Es una ciudad llena de perdedores y yo me largo de aquí para ganar.

(Más y mejor aquí)

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Bridges, Tracy Chapman

All the bridges that you burn
Come back one day to haunt you
One day youll find you're walking
Lonely
Baby I
Never meant to hurt you
Sometimes the best intentions
Still don't make things right

But all my ghosts they find me
Like my past they think they own me
In dreams and dark corners they surround me
Till I cry I cry

Let me take this time to set the record straight
Let me take this time to take it all back
Let me take this time to tell you how I felt
Let me take this time to try and make it right

But you can
Walk away
Be all alone
Spend all your time
Thinking about the way things used to be
If love feels right
You work it out
You don't give it up
Baby

Anybody tell you that
Anybody tell you that
Anybody tell you that

You should take some time maybe sleep on it tonight
You should take some time baby heed the words I said
You should take some time think about your life
You should take some time before you throw it all away

I aint got the time
To sit here and wait around
But I got the time
If you say Im what you want

Puentes

Todos los puentes que quemaste volverán un día a perseguirte. Un día te encontrarás andando solo.

Cariño, nunca quise hacerte daño; algunas veces las mejores intenciones no bastan para que las cosas salgan bien. Pero todos mis fantasmas me encontraron, como mi pasado creen que me poseen. En sueños y esquinas oscuras me rodean hasta que lloro, lloro.

Déjame aprovechar este momento para fijar los hechos, déjame aprovechar este momento para retractarme, déjame aprovechar este momento para contarte cómo me sentí, déjame aprovechar este momento para intentar hacerlo bien.

Pero puedes irte, estar totalmente solo consumiendo todo tu tiempo pensando cómo solían ser las cosas. Si el amor se siente bien lo lograrás.No te rindas, cariño. Nadie te dice eso, nadie te dice eso, nadie te dice eso.

Deberías tomarte un poco de tiempo, quizás consúltalo con la almohada. Deberías tomarte un poco de tiempo, cariño, para hacer caso a las palabras que digo. Deberías tomarte un poco de tiempo para pensar sobre tu vida. Deberías tomarte un poco de tiempo antes de tirar todo por la borda.

Yo no tengo tiempo para sentarme y esperar. Pero tengo tiempo si me dices que soy todo lo que quieres.

07 enero 2008

Los Reyes Magos existen

De verdad.

Lo que pasa es que solo les traen regalos a los niños que creen en ellos.

28 diciembre 2007

Beautiful girls, Ted Demme

Al llegar a casa encendí la tele y la pillé por la mitad. Me encontré en la secuencia en la que Willie (Timothy Hutton) habla con Marty (Natalie Portman) en la pista de patinaje. Es tan seria la conversación que mantienen, adulta e infantil, como si estuviesen jugando y al mismo tiempo sopesando en serio la posibilidad de tener una relación. Pero él ya es mayor y sabe qué pasará en el futuro, porque ya lo ha visto, lo ha vivido. Y no quiere ser el Pooh de Marty-Christopher. Tú crecerás y cambiarás, le dice. Nada le jode más a un niño con alma de viejo que oír esas palabras.

Y tuve que verla hasta el final. La secuencia en que Andera (Uma Thurman) encuentra a Willie solo bebiendo en el bar (¿Estás borracho? No sé, pero las dos estáis guapísimas), y la tremenda, demoledora conversación que mantienen en la cabaña de pesca sobre el amor y la felicidad, sobre los domingos lluviosos por la mañana y los periódicos y Van Morrison y Tracy. Ella se marcha y él se queda diciendo damn it! Sabe que ella tiene razón en todo lo que dice. Como si saberlo sirviera para algo.

Entiendo tan bien los sentimientos de Willie como si fuera yo misma (ése es el truco, supongo): sus dudas, sus miedos, su insatisfacción, sus vaivenes. Su deseo de lo inalcanzable, su atracción por el fracaso, su infructuosa búsqueda de la resignación, el modo en que se queda fuera mirando lo que ocurre a su alrededor, el hecho de rendirse sin rendirse, siempre con esa pequeña llama brillando en el fondo de sus ojos. ¿Estás bien?, le pregunta Tracy en el coche mientras se van. Sí... sí.

Lo que pasa es que me quedo con una sensación tan grande de desasosiego siempre que la veo. No, me digo a mí misma mientras me limpio la mierda de lagrimón que se me resbala por la cara, no puede ser, no puede ser, no puede ser.

¿Puede ser?



27 diciembre 2007

¿Conclusión?

El año se acaba y me deja un sabor muy agradable, muy pleno. Tiene algo muy positivo disfrutar a esta edad, se supone que más serena y más consciente, de lo mejor de la vida, sobre todo porque tengo una sensación de que lo mejor de verdad todavía está por llegar. También lo peor, es probable.

Se acaba un año aunque no tengo esa sensación. Lo veo todo como un continuo sin fechas, sin límites, sin marcas de principio y de fin. Sólo es el camino. Los días, las horas, son las pequeñas jaulas donde metemos, para organizarlas en la medida de lo posible, nuestras pequeñas mierdas. Y las grandes. Y las estrellas que pastoreamos.

No puedo hacer planes para el año que viene. Iré tragando las ruedas de molino que no me quede más remedio que tragar, igual que hasta ahora. Iré tirando de mi carro, cada vez más lleno de mierda y de estrellas.

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18 diciembre 2007

Un domingo

Ayer fue un domingo de esos con los que sueño durante la semana y que casi nunca tengo: dormir sin despertador, con la persiana bajada hasta el fondo, la puerta cerrada a cal y canto y dejar que sea la madre naturaleza la que me despierte cuando lo tenga a bien; desayunar aunque sea la hora de comer; sentarme en el sofá a ver la tele o una peli o leer un libro; comer aunque sea la hora de merendar; seguir sentada en el sofá haciendo más o menos lo mismo de antes; cenar un colacao e irme a dormir. Todo ello sin haberme quitado el pijama.

La tele apenas la vi (el resumen del Madrid antes de irme a la cama). Leí un buen rato (estoy con Zuckerman encadenado, de Philip Roth, por ahora me gusta). Y vi dos pelis.

Una de ellas, La flaqueza del bolchevique, que había recomendado el lagarto y que llevaba varios meses esperando en el cajón. Me gustó de ella la interpretación de Tosar. Y el personaje, las dos cosas, aunque para ser un soplapollas la verdad es que por los pelos da la impresión de trabajar en un par de momentos. Demasiado centrado todo en la niña. Y el problema de que cuando llega algo que parece un punto de giro a destiempo, resulta que es el final. Pero el personaje y el actor, muy bien. Una persona real. No es nada difícil comprender el camino que emprende, compartir su descubrimiento, el momento en el que decide parar y mirarse.

La otra, Raging bull, de Scorsese. También llevaba meses en la recámara, últimamente estoy de un perezoso inaguantable.

Me hace gracia cómo hablan los personajes de Scorsese, exactamente igual que él mismo (o que el personaje de sí mismo que interpreta en el anuncio del cava, si lo preferís, lo cierto es que nunca he hablado con él, y eso que lo tuve cerca!) Tartamudean, repiten las frases, se entrecortan, da la sensación de que no tienen nada en la mollera.

Me gusta Marty porque cuenta cosas que no cuentan los demás. Se fija en personajes desagradables y desgraciados, complejos, atormentados, con los que es difícil, o más bien penoso, identificarse. No hay héroe. No hay nudos de la trama. No hay final feliz.

No es una película equilibrada, ni demasiado coherente en su exposición narrativa. No hace falta. Lo que cuenta es otra cosa y puede contarse conjugando pinceladas y brochazos. Y es exactamente lo que hace. Lo encantador del Scorsese de los primeros años era esa libertad, la sensación que transmiten sus películas de que hacía lo que le daba la gana, de que un plano de cinco segundos de una aspirina efervescente deshaciéndose en un vaso o un pasillo vacío tenían una razón de ser que no era discutible. El descaro, la frescura. Y funcionaba. Prueben a hacerlo ahora.

El Jake LaMotta que compone Robert de Niro es un enorme cabronazo. Un ser humano que no utiliza en ningún momento su inteligencia, si acaso solo para arrepentirse de haber metido la pata, es decir, a posteriori y sin utilidad alguna. Un personaje impulsivo, agresivo y tiránico, que se deja llevar por arranques de paranoia y que siempre se mueve por pasiones, atraído por ideas fijas que no necesitan (ni podrían) ser razonadas. Que no se conoce a sí mismo ni lo intenta siquiera. Su desgarrado lamento en el calabozo después de ser detenido, ese "I'm not so bad", lo dice todo de él. Te preguntas "¿de verdad lo crees?" Por supuesto que lo cree. Solo entiende un idioma, y es un idioma que nadie quiere hablar con él.

Se empeña en alejar de él a las personas que le quieren y que estiran lo inquebrantable de su fidelidad hasta límites desmedidos. Extiende su tortura interna, incomprensible e inexplicada, a los demás, por medio de la violencia, ejercida de todas las formas posibles, incluso a través de su mera presencia. Pierde a su hermano, pierde a la mujer que le ama, poco a poco lo pierde todo, sin darse cuenta en ningún momento de que lo hace metódicamente, por su mano.

La creación de ese personaje acabado, solo, hundido, alcoholizado y abandonado es portentosa. Durante todo el desarrollo del personaje el espectador atiende a un punto, escondido en alguna parte, de compasión, que revienta al final. Aunque sea una compasión que no redime, sino que se agota en sí misma. El personaje, patético, sigue sin provocar empatía. Se limita a mostrar la naturaleza exacta de lo que es: su "I'm the boss I'm the boss I'm the boss" final es su descripción perfecta: el jefe de nada.

16 diciembre 2007

3.40 o cualquier otra hora

Cuando llego a casa a estas horas siempre me quedo un rato esperando antes de irme a la cama, esperando que pase algo más mientras los pies se me enfrían. Espero que alguien me escriba o me llame, que una voz amiga aparezca como un milagro.

Aunque al mismo tiempo soy absurdamente consciente de ser la única persona que está despierta en el mundo, la única persona que mira por la ventana esperando sin motivo que haya alguna otra luz encendida.

Si lo pienso bien, en realidad lo hago siempre. Mientras camino por la calle. Mientras compro en el supermercado. Mientras bebo Guinness en el bar. No sé por qué lo hago. Ni siquiera sé que espero. Ni mucho menos sé qué haría si de repente ocurriera.

No creo en los milagros. Como dice esta canción, no creo en la magia. No sé qué haría si ocurriera porque no va a ocurrir.

Pero supongo que no se trata de eso, de ser realistas o de encarar las cosas como son, sino de lo otro, del sueño o del hambre, de la esperanza incongruente, de la ausencia.

En realidad me encanta esto. Disfruto de esta sensación de hambre y de ausencia probablemente mucho más de lo que disfrutaría de la plenitud y de la presencia. Y eso es lo interesante del asunto, lo complejo. La sensación de ser dos personas, la que quiere algo y la que no lo quiere. Las dos son ciertas, verdaderas, están aquí dentro, en alguna parte, mirándose raro la una a la otra. Preguntando "¿quién eres tú?"

Es un poco ególatra, pero me fascino a mí misma. Me estoy empezando a enamorar de mis propias paradojas. Como Narciso, un día de estos me acercaré tanto al espejo de mi hermosura que me ahogaré en él sin darme cuenta.

Cuento algo así en esta pantalla y me doy cuenta de que es algo que no podría explicar en voz alta a nadie porque sentiría que me es imposible explicarme y que es imposible que el otro pueda entenderme. Pero los dedos sí pueden decirlo. Aquí no importa que a nadie le interese. Y mañana habrá alguien a quien tal vez le interese, por ese mismo motivo. Y yo me avergonzaré de haber sido tan indecorosa.

Cuánta literatura inútil.


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11 diciembre 2007

Lo que están haciendo es importante

Tengo un punto escondido muy sindicalista, yo. Siempre me conmueven los tremendos pifostios que se montan en Francia, por ejemplo, cuando los obreros, los que sean, se ponen en huelga y la gente se dedica a esperar a que ellos y las empresas lleguen a un acuerdo, comprendiendo que para que alguien consiga algo es necesario el apoyo de los demás "alguien".

Lo que quiero decir es que pocas cosas me revientan más en este mundo que la señora que sale en la tele quejándose de que por culpa de la huelga de transportes ella llega tarde a su trabajo. O que no hay quien soporte el mal olor de las basuras desde que los señores que las recogen han decidido que hay una situación que no se puede soportar más.

Parto de una base, tal vez demasiado idealista, que es la siguiente: cuando se hace una huelga es porque hay algo que no funciona bien y mucha gente decide que la situación puede ser cambiada.

Cuando mucha gente decide que una situación puede ser cambiada, cuando la gente que lo decide hace piña y resiste, entonces esa situación puede ser cambiada.

Lo que están haciendo los guionistas de Hollywood es importante. La última huelga (por lo poco que he leído, en 1988) duró cinco meses y tuvo severas consecuencias en el consumo de productos audiovisuales (según este blog, un descenso permanente del 9% del consumo, además de las evidentes pérdidas económicas directas). Ese riesgo, al parecer, sigue existiendo. Incluso, habida cuenta de las alternativas, probablemente sea mayor.

Esto empezó porque el día 31 de octubre expiró el contrato de la AMPTP (la Alianza de productores de cine y televisión) con la WGA, el sindicato de guionistas más importante, nutrido y poderoso. Y los guionistas decidieron pedir aproximadamente lo que creían que les correspondia. Estas cosas siempre son un tira y afloja, aquí no voy a entrar a valorar si lo que piden es justo o no. Para eso están las negociaciones.

Los sindicatos siempre han tenido mucho peso en Hollywood, valiente nido de rojos y contestatarios está hecha la ladera de ese monte. Así que los guionistas decidieron que ya está bien de que otros se lucren a costa de su trabajo. No creo que pongan en tela de juicio la cuestión de que otro se lucre. Pero saben (parece ser que mejor que la industria) lo importantes que son, lo fundamental que es su trabajo, y usan bien su arma. Me retracto y valoro: no me parece una solicitud desproporcionada. Quieren, si no he entendido mal la cosa, que la industria se adapte a los tiempos no solo en cobrar, sino también en pagar.

Lógico, ¿no? Los representantes de las empresas (es decir, la AMPTP) dicen que no. Y ellos dicen que de ahí no se mueven. Me gusta.

Me muero de ganas de que la huelga se alargue hasta febrero o marzo. Me encantará ver qué salida encuentra la industria. Quiero ser testigo de un momento histórico: en pleno siglo XXI, la edad del estado del bienestar, de los culos calientes que no se mueven un milímetro para conseguir nada que implique perder algo de lo que ya tienen; en una era de "sacrificios, los justos", vienen estos señores a darnos de comer (más) sopas con honda. Vivir para ver. Ver para creer.

Y después está el punto a favor. Tienen los guionistas algo que vale su peso en oro en una revolución: la solidaridad. Algunos actores están apoyando esta iniciativa (vedlo aquí, si tenéis ganas, un ejemplo al final). La gracia del chiste es que resulta que el convenio de los actores y directores se acaba en verano. La cosa promete. Ya lo dice el dicho: a río revuelto, ganancia de pescadores. No creo que la cosa llegue al verano (sería demasiado espectáculo incluso para Hollywood). Pero en qué acabe esto condicionará muchas otras cosas. Y eso quiero verlo.

10 diciembre 2007

La Gata y el Vagabundo

Mi hermana me miró con los ojos raros que suele poner últimamente para mirarme:

—Pero, antes de que vinieran, ¿nunca los habías visto?

—No.—, dije yo.

A ver. Te puedes equivocar, todos nos hemos equivocado alguna vez con la gente.

No necesitamos mucho más para invitar a comer a unos compañeros del trabajo. Hay personas que las miras a los ojos y te fías. Porque sí. Sin más.

Bueno, pues hay personas que las miras a las letras y lo mismo. Sabes que sí. Les abres la puerta de tu casa y en lugar de llegar, parece que vuelven.

Mi casa es un puto desastre, con pelusillas agazapadas en los rincones, libros desordenados, una cocina que necesita la visita de una fregona y esas cosas. Exactamente igual que yo misma, al fin y al cabo. Cosas que hacen que tal vez no merezca mucho la pena un viaje de tres horas a lo que parece el fin del mundo. Pero bueno, lo hicieron.

Me gustó tenerles allí conmigo esas horas. Poner ojos, risas y voces a esas personas de la pantalla que a veces saben componérselas para estar tan cerca.

En casa han dicho que ella parece muy tímida y que él tiene unos ojos preciosos.

03 diciembre 2007

Pues a mí me gusta la Navidad

Y, joderse con el temita, parece que hasta está feo decirlo.

Me gusta la Navidad, qué pasa.

(Queremos turrón, turrón, turrón!)

¿Qué tendrá de malo fingir que podemos hacer con una sonrisa que el mundo sea un poco mejor?

O fingir que lo creemos por unos días.

Que sí, que es todo mentira. Que sí, que la gente somos muy hipócritas. Que sí, que los villancicos rayan (¿o rallan? el problema de estos verbos con acepciones de nuevo cuño es que los que los usan no saben qué verbo están actualizando exactamente; me quedo con la y, sobre todo por eso de que en Argentina y otros países americanos es sinónimo de enloquecer… frikadas, ustedes perdonen), sobre todo cuando salen a todo volumen de las tiendas. El típico papá Noel bailarín que se pone a hacer escándalo cuando pasas a su lado, que te dan ganas de darle una patada a él y otra a la dependienta por no decapitarlo. Todo eso es verdad.

Y es terriblemente aburrido.

La Navidad mola. Todo el mundo se dedica como loco a pensar qué regalar a las personas que quiere, y eso es precioso. Comemos salvajemente, después cenamos salvajemente, y al día siguiente volvemos a empezar. La gente está contenta y habla más alto en los bares.

Yo solo tengo un adorno de Navidad. Es una especie de figura de porcelana, un muñeco de nieve con bufanda y una estrellita colgando de una mano. Lo he sacado esta tarde y lo he colocado en la estantería del pasillo, junto a la campana rota que me trajo un amigo como souvenir cuando pasó por Philadelphia este verano.

Como soy atea no pongo nacimiento, ya sería demasiado. Y el espumillón es una horterada, aunque juro que lo pondría si no viviera sola. Pondría árbol también. Pero es que luego soy perezosa y no lo quito hasta el 15 de febrero y me da corte que me lo vean tan anacrónico.

Pero lo que es la cosa esa de juntarse la familia, de salir a tomar algo y que todos los bares estén petados de gente, del calorazo de los sitios, de los innumerables mensajes de texto chorras que se pusieron de moda hace unos años, de abrir una botella de champán que nadie se bebe, de ponerse hasta las trancas de langostinos y vieiras, los regalos en nochebuena y después otra vez en reyes (será por pasta!), la emoción en los ojos de mi padre después de las jodías uvas, siempre, invariablemente con Ramonchu en la Primera, qué mal me cae ese hombre, pobrecillo, y no me ha hecho nada, y toda la parafernalia, pues qué queréis que os diga, yo no lo puedo evitar, me encanta.

Empezar las vacaciones (ahora que las tengo otra vez) la mañana del 22 oyendo el soniquete de los putos niños de San Ildefonso y comprobando que otra vez no tengo ni un jodido reintegro, y mira que parecía imposible, con todas las participaciones que llevaba, pues me encanta también.

Y los anuncios. Los interminables anuncios de perfumes… for him… for her… pour lui, pour elle… De juguetes. De cava (¿os había dicho que en Madrid vi a Scorsese…? ay qué ilusión). De turrón. De la viuda esa tan erótica y sus bombones (¿os habéis dado cuenta de que este año le da la vuelta a la foto del padre de Cuéntame?). Del corte inglés (que no falte). De la play. Del brain training. De la wii. Del Día (esos son los mejores). De movistar (desde octubre). Y de la lotería, que después viene la del Niño, que sirve, mayormente, para que los pocos desgraciados que tienen la suerte de que les toque el reintegro no lleguen jamás a cobrarlo…

En fin. Que a mí me gusta. Sales con cinco kilos de ropa extra que te pones y te quitas de bar en bar y llegas a casa con unas castañas especiales, más navideñas, llenas de amor y de paz, no sé, de buen rollo, te felicitas con todo el mundo, te hablas con gente con la que ni te saludas el resto del año, deseas que la gente sea feliz.

Total, ¿qué más da vivir esta pequeña mentira?

Ni que la verdad fuera tan interesante.

02 diciembre 2007