I'm not there, Todd Haynes, 2007
Ayer vi I'm not there, esa especie de biopic abstracto de Bob Dylan. Hoy hablaré de ella con el lagarto un rato y tal vez mañana vuelva aquí a retractarme de todo lo que voy a decir a continuación. Pero así a bote pronto, lo más gráfico que se me ocurre decir es que el rey está desnudo.
De todo, me quedo con tres cosas fundamentalmente.
1. La idea de que cada uno de nosotros es muchos y que el cine no puede, literalmente no puede, con un solo personaje retratar a un ser humano en toda su complejidad. Por lo tanto, es más que acertada (y agradable, y si quieres hasta genial) la decisión de dividir al personaje en un caleidoscopio multicolor y contradictorio, paradójico a veces, donde las diferentes personalidades son a menudo irreconciliables. Uau, me ha quedado de lo más cultureta, cómo mola.
2. La impagable escena de aquel primer concierto enchufado. La progresión visual, tan rítmica, el sonido estruendoso, la perfecta conjunción de la imagen y la música, la magnífica (magnífica, en serio) tesis: la enorme distancia que puede haber entre lo que el público espera y lo que el artista hace. Toda esa escena es potentísima, grandísima, y por sí misma hace que merezca la pena tragarse las dos horas y cuarto de película (aunque haya más motivos).
3. Las citas, los pensamientos, la poesía y la magia que desprenden varios de los diálogos y monólogos. Extraídos en su mayoría, supongo, de la vasta creación poética de Dylan, en algunos momentos directamente me transportaron al cielo.
No me quiero olvidar del personaje de Woody y la interpretación del pequeño Marcus Carl Franklin, un portento que las críticas se empeñan en dejar relegado. Del mismo modo, me encantaron el planteamiento estético, la imagen y la interpretación de Ben Whishaw, también muy olvidado (claro, no tienen el nombre ni la reputación de los otros cuatro pesos pesados que encarnan a los demás trasuntos de Dylan). Para mí, tanto sus personajes como sus interpretaciones son indiscutiblemente lo mejor, lo más creíble y lo más conmovedor de la película.
Sin embargo, la película me falla por otros pilares (¿hasta ahora parecía que me había encantado?)
A Cate Blanchett no me la creí ni por un momento. Y lo digo con pena y dolor porque sé que queda fatal hablar mal de una gran dama de la escena de ese calibre, que es aclamada en todos los foros por este trabajo, que todo el mundo adora y que además hizo un esfuerzo encomiable en dejar fuera todo "lo suyo" para adoptar a Dylan en su interior. Sin embargo, para mí tal vez sea precisamente ese el problema. El esfuerzo en ser otro, y el personaje en sí mismo, tan poco alejado del personaje que retrata, en realidad. Lo que intento decir es que justo el personaje más realista, más parecido, que más imita al objeto, el más "figurativo" de los seis, es precisamente el que más me aleja de la película. Con sus entrevistas, sus extensas y explicativas autodefensas innecesarias y a veces absurdas, su forma irritante de literalizar cada palabra y cada frase, simplemente me pone de los nervios. Tampoco me parece que se consigan transmitir correctamente la angustia, la sensación de encierro, la prepotencia y la conciencia de ser un genio. Se nota que es lo que quieren. Pero yo diría que no es lo que logran.
También me cuesta horrores ver como diferentes facetas del mismo diamante a ese personaje de Jude con Robbie, el personaje-actor que interpreta Heath Ledger (cuya muerte me duele mucho más de lo que es sensato admitir; echo de menos los grandes papeles que nunca hará y el hombre maduro en que nunca se convertirá). Es difícil explicar por qué. Quiero decir, sé que la idea es precisamente esa, reflexionar sobre lo diferentes que son entre sí nuestros yoes internos, lo irreconciliable a veces de las diferentes caras de nuestra alma, o al menos del alma de Bob Dylan, pero en este caso creo que no alcanzan a crear dos personajes que sean diferentes pero sin embargo compatibles, como engranajes de una misma maquinaria. Tal vez sea porque Robbie también tiene sus momentos de autoexplicación o razonamiento. El único momento en que me resulta posible enlazarlos a ambos es en esa frase que suelta Jude sobre el amor y el sexo: "... love and sex are two things that really hang people up. Why that is... I'll never fully understand".
En resumidas cuentas, al final tengo que conceder que es una película que se me ha quedado enganchada dentro, que me gustará volver a ver despacio, en casa, pudiendo dar a pause y pararme a pensar. Es una película rara, viva y emocional, que tiene como principal defecto que no es capaz de llegar adonde pretendía. Pero siempre hay que tender a lo más alto.
Sobre todo si quieres intentar retratar al más grande.





