31 octubre 2007

Steinbeck y las dos formas de ver el cine

Yo fui una vez a ver una película y como si saliera yo y más que yo; y mi vida y más que mi vida, todo como más grande.

Bueno, yo tengo bastantes penas. Me gusta olvidarme de ellas.

Claro. Siempre que te lo puedas creer.


De Las uvas de la ira.

30 octubre 2007

No puente

El jueves es fiesta. Bueno, no es fiesta pero es un día no lectivo.

Me parece curioso cómo el día de los muertos es considerado un día de fiesta. Me hace recordar la bronca que nos echó la madre de una amiga mía a ella y a mí hace muchos años porque le pedimos que la dejara ir a la discoteca el miércoles o el jueves santo. "Cristo muriendo en la cruz", le dijo, "y tú quieres ir a la discoteca". Menos mal que el parecido de esta santa mujer con la madre de Carrie acaba aquí.

En fin. El caso es que no hay que trabajar. Me levanté el lunes pensando en el puente y hoy me he enterado de que no nos han dado el viernes. No es grave, en el sentido de que los días de puente son regalos que no te mereces, te caen como bienes inesperados, y si son esperados (volvemos a lo mismo), es por un exceso de optimismo del que nadie es culpable. Pero jode porque los alumnos ya han notificado que no piensan aparecer.

De modo que a las nueve de la mañana estaré firmando para dejar que pasen cuatro horas (y tengo suerte, solo son cuatro) sin hacer nada. Estoy cabreadísima con el mundo. Se me ocurre putear a los alumnos, obligarles a venir o algo así, chantajearles o amenazarles con graves consecuencias, pero total para qué. Que disfruten, ellos que pueden. Yo qué sé.

Bueno. Esta chuminada por escribir algo y para que veáis que no solo vosotros os quejáis de vicio. Que puestos a lloriquear cualquier excusa es buena. Menudo día llevo.

La música te reconcilia con el mundo. Os dejo una canción de Tom Waits de su último disco, Orphans. Se titula Long way home.



Long way home

Well I stumbled in the darkness
I'm lost and alone
Though I said I'd go before us
And show the way back home
There a light up ahead
I can't hold onto her arm
Forgive me pretty baby but I always take the long way home

Money's just something you throw
Off the back of a train
Got a head full of lightning
A hat full of rain
And I know that I said
I'd never do it again
I love you pretty baby but I always take the long way home

I put food on the table
And roof overhead
But I'd trade it all tomorrow
For the highway instead
Watch your back if I should tell you
Love's the only thing I've ever known
One thing for sure pretty baby I always take the long way home

You know I love you baby
More than the whole wide world
You are my woman
I know you are my pearl
Let's go out past the party lights
Where we can finally be alone
Come with me and we can take the long way home
Come with me, together we can take the long way home
Come with me, together we can take the long way home.

El camino largo a casa

Bueno, tropecé en la oscuridad
Estoy perdido y solo
Creo que dije que iría delante de nosotros
Y mostraría el camino a casa
Hay una luz ahí adelante
No puedo apoyarme en su brazo
Perdóname, preciosa, pero siempre cojo el camino largo a casa.

El dinero es solo algo que extravías
de la parte trasera de un tren.
Tengo una cabeza llena de relámpagos
un sombrero lleno de lluvia
Y sé que dije
que nunca lo haría otra vez
Y te quiero, preciosa, pero siempre cojo el camino largo a casa.

Pongo comida en la mesa
y un techo sobre la cabeza
Pero cambiaría todo eso mañana
por la autopista.
Vigila tu espalda si te dijera
que el amor es lo único que he conocido nunca
Una cosa es segura, preciosa, siempre cojo el camino largo a casa.

Sabes que te quiero, nena
más que al mundo entero
Eres mi mujer
Sabes que eres mi perla
Salgamos, pasando las luces de la fiesta
donde por fin podremos estar solos.
Ven conmigo y podremos coger el camino largo a casa.
Ven conmigo, juntos podemos coger el camino largo a casa.
Ven conmigo, juntos podemos coger el camino largo a casa.

(Ehem. La traducción es mía así que si algún entendido sabe hacer algo mejor que una traducción literal con licencias en los tiempos verbales y tiene tiempo y ganas, pues eso.)

29 octubre 2007

Pérdidas

Unas señoras charlando en una terraza.

Hablan de dietas y una de ellas comenta, "Ah, pues hace un par de meses hice la de (no sé qué)."

Así que le pregunta su amiga: "Aah, y ¿qué tal? ¿Cuánto perdiste?"

La señora la mira y contesta: "Quince días."

27 octubre 2007

Me gusta que los planes salgan bien

Creo que de este tema he hablado mil veces.

Por lo general procuro no hacerme muchas ilusiones con los planes que hago, intento mantener a raya las expectativas. He aprendido a no esperar demasiado de las personas o de las situaciones posibles, sobre todo porque odio culparlas de decepcionarme cuando, si alguien tiene la culpa de una situación así, es el que se inventa un futuro y después se enfada con la vida, o con el otro, porque esa invención no se cumple.

(Odio ese concepto judeocristiano, la culpa, si algún día tuviera un hijo intentaría educarlo sin la menor mención a él...)

Pero a veces las cosas, sencillamente, salen bien. Se ajustan como un traje a medida a lo planeado, a lo esperado. A ese mapa mental optimista y luminoso que te haces aunque siempre lo remates con el cuervo negro de la frase "... pero también puede ocurrir todo lo contrario".

Hace unos años en televisión se emitió un anuncio en la tele. Era de un coche. El eslógan en español decía: "a veces el mundo se pone de acuerdo".





Y una canción de Fito que he escuchado este fin de semana y que hoy me dice muchas cosas.


(Algo, lo que me invade, todo viene de dentro. Nunca lo que me sacie, siempre quiero, lobo hambriento. Todo me queda grande para no estar contigo. ¿Sabes? Quisiera darte siempre un poco más de lo que te pido. Sabes que soñaré, si no estás, que me despierto contigo. Sabes que quiero más, no sé vivir sólo con cinco sentidos. Este mar cada vez guarda más barcos hundidos.

Tú eres aire, yo papel, donde vayas, yo me iré. Si me quedo a oscuras, luz de la locura, ven y alúmbrame. Alguien dijo alguna vez "por la boca vive el pez" y yo lo estoy diciendo, te lo estoy diciendo otra vez.

Dime, ¿por qué preguntas cuánto te he echao de menos? Si en cada canción que escribo, corazón, eres tú el acento. No quiero estrella errante, no quiero ver la aurora. Quiero mirar tus ojos del color de la cocacola. Sabes que soñaré, si no estás, que me despierto contigo. Sabes que quiero más, no sé vivir sólo con cinco sentidos. Este mar cada vez guarda más barcos hundidos.

¿No estás conmigo siempre que te canto? ¿No hago canciones para estar contigo? Porque escribo igual que sangro. Porque sangro todo lo que escribo. Me he dado cuenta cada vez que canto que si no canto no sé lo que digo. La pena está bailando con el llanto y cuando quiera bailará conmigo. La vida eterna solo dura un rato, que es lo que tengo para estar contigo, para decirte lo que nunca canto, para cantarte lo que nunca digo.)

25 octubre 2007

Imos vellos (que no bellos)

Leo por ahí a alguien que escribe que, a medida que el tiempo pasa y va cumpliendo años, se va sintiendo más sabio. Yo algunos días comparto ese sentimiento y otros tengo la sensación de que la vida nunca dejará de sorprenderme, incluso que yo misma nunca dejaré de sorprenderme.

A veces creo que me conozco tanto, tan bien. Y otros días paso junto a un espejo y pienso "¿quién coño era esa?"

Es como ese diálogo tontorrón de Pretty woman, y cito de memoria, en el que el personaje de Richard Gere comenta "Hay muy poca gente que pueda sorprenderme" y le contesta Julia Roberts: "Pues tienes suerte... a mí la mayoría me dejan de piedra".

Pues eso. Que me siento así exactamente, como los dos: unos días estoy convencida de que nadie puede sorprenderme y al día siguiente me dejan de piedra.

(El título es bilingüe, como yo, supoño, la parte gallega se traduce como "vamos viejos"; aclaración para no galegoparlantes, especialmente o africano, que sempre está dando a murga con cousiñas de tiquismiquis...)

24 octubre 2007

Por decir algo (y una canción)

Esta mañana me dormí y llegué tarde a trabajar. En la mayor parte de los trabajos no es muy grave, tus compañeros de oficina te preguntan si ha pasado algo, si estás bien, el jefe pregunta por ti, o tal vez ni se llega a enterar, o en personal te descuentan esa hora cuando te hacen la nómina a fin de mes. En mi caso no pasa nada de eso. Llegas a la puerta y los chavales están ahí sentados, esperando. Han tenido que madrugar, la mayoría de ellos han atravesado andando la ciudad para estar ahí a las nueve en punto porque si llegan a y diez les echas la bronca. Un telar. Qué cara pones para pedir disculpas. Yo no he llegado diez minutos tarde precisamente.

No tengo mucho que contar. Últimamente he visto películas de las que ya he hablado (Taxi Driver, mi acompañante se durmió) o de las que ya está todo dicho y vuelto a decir (Psicosis, en clase). En la tele veo Perdidos y en el ordenador, Boston Legal.

Estoy volviendo a leer Doctor Zhivago porque en las librerías de mi pueblo no hay nada que me apetezca comprar y aprovecho el cumpleaños de la única novela de Boris Pasternak para darle un repaso. Cuando acabe, veré la película, que me ha recomendado tantas veces el lagarto, y tal vez tenga algo que decir. O tal vez no.

Mi vida está siendo rara estos días. Me pasan cosas que no entiendo mucho, algunas que deseo y otras que no. No pienso demasiado para no agobiarme. Cuando no pienso, tampoco escribo. Es un tic, supongo.

Por lo tanto, este es un post de mantenimiento. También hay otro motivo, y es el de siempre, la pereza de irme a dormir.

Y algo que quería compartir con cualquiera que quiera escucharlo. Sonó la noche del 22 en Chicago. Es una canción especial.

18 octubre 2007

Risas

Buenos ratos con cosas tontas. Lo de siempre: llegar a la gente por medio de las situaciones que entiende. No hace falta ser siempre ni profundo ni serio ni apelar a sentimientos trascendentales.

Cómo se puede reir uno con una chorrada.

16 octubre 2007

Y os dejo con Cervantes

Que siempre hay quien lo dice mejor que uno:

El discurso de Marcela (fragmentos):

Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura; y, por el amor que me mostráis, decís, y aun queréis, que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y, siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir “Quiérote por hermosa; hasme de amar aunque sea feo”. Pero, puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas hermosuras enamoran; que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cuál habían de parar; porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos.
(...)

Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos, y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que, cuando en ese mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad, y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino? Si yo le entretuviera, fuera falsa; si le contentara, hiciera contra mi mejor intención y prosupuesto. Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido: ¡mirad ahora si será razón que de su pena se me dé a mí la culpa! Quéjese el engañado, desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanzas, confíese el que yo llamare, ufánese el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo ni admito.
(...)

(Esto es escribir.)

Diálogo con los lectores

(Respuestas a los comentarios del post de ayer.)

Me gusta contar aquí estas cosas por dos o tres motivos. El primero, la tremenda empatía. Cuatro frases y todo el mundo entiende. Después está la manera en que tus palabras rebotan en el otro y te vuelven filtradas por su experiencia o su inteligencia.

Mangamoncio da una opinión muy extendida y que alguna vez he considerado errada: el amor es generoso y no pide nada a cambio. No sé si estar de acuerdo. Nadie da nada por nada. El que lo hace se cansa pronto y deja de dar. El hecho de dar puede ser satisfactorio en sí mismo, pero siempre recibes a cambio, aunque solo sea esa misma satisfacción, o el agradecimiento. En el momento en que ese dar deja de ser algo que haces porque quieres y pasa a ser algo que los demás esperan que hagas, deja de ser agradable y empiezas a necesitar una retribución, la que sea, para poder sentir que lo que das no está cayendo a un terreno árido. Cuando amamos necesitamos saber que algo de eso vuelve a nosotros.

Fanshawe da en el clavo. No puede ser que alguien piense que estás obligado a quererle por el hecho de que él te quiere a ti. No tiene sentido, no se comprende que alguien considere amar una razón para ser amado. "Te quiero porque me quieres" en realidad no es algo que nadie desee escuchar. Digo yo.

Antígona trae el sentido común. Comprende que el enamorado no está para razones. Un enamorado sólo siente. Siente que puede dar todas esas cosas, necesita saber que le van a permitir darlas. Siente que ese torrente de emociones no viene de vuelta. Quiere inventar cosas que no ve. Después nos aporta una idea nueva que tal vez tampoco va desencaminada: ¿no será una estrategia más? Podría ser.

Anna se pone en el lugar del otro. Considera que la pregunta es ofensiva, dolorosa, tan injusta e irracional como la respuesta y, mira, tiene razón. El hecho de que alguien se niegue a quererte, te dé respuestas hirientes, te mire con ojos fríos, intente explicarse los motivos de tu amor y traerlos al suelo es doloroso, tan egoísta, probablemente, como tu pretensión de ser querido porque sí, porque debes tener una respuesta coherente a lo que tú mismo estás sintiendo. Anna dice otra cosa muy cierta, y es que el que ama y espera dice la verdad, aquello que firmemente cree. Aunque solo lo crea durante un día o dos.

Soy como un zueco de madera para estas cosas. No entiendo el amor, no entiendo mucho a la gente que hace cosas así. Me ayudáis mucho.

15 octubre 2007

"Todo lo que busco en una mujer"

Hay personas que creen que el hecho de tener algún sentimiento por alguien les da algún tipo de derecho sobre el otro.

¿En base a qué misterio ocurre esto? ¿Por qué piensa alguien que tienes la obligación de sentir amor como si se tratra de una justa correspondencia al amor que recibes?

—¿Por qué crees que debo estar contigo?

—Porque tienes todo lo que busco en una mujer.

¿De verdad es posible que una conversación así pueda producirse?

08 octubre 2007

Lazos

Cualquiera que tenga un blog sabe lo que es esto, este milagro.

Es fácil, es lo normal, sentirse solo a menudo, saber que las personas que te quieren no siempre te entienden, del mismo modo que muchas veces no entiendes a las personas que quieres. Es una forma peculiar (aunque cotidiana) de soledad.

El fenómeno de los cuadernos de bitácora es una revolución en el modo de comunicarse. Se ha hecho realidad la posibilidad de escribir para lectores desconocidos, se ha hecho realidad, aunque sea a un nivel diminuto, el sueño de muchos de decir lo que se necesita decir y que esas palabras no se queden para siempre en un cajón acumulando olvido.

No es que lo escrito no vaya a ser olvidado. La intrascendencia sigue siendo el peor enemigo. Pero antes de olvidarlo, lo escrito pasa por ojos y mentes, estimula a otros.

Y al final resulta que lo que escribes y lo que lees te pone en contacto con gente que te da todo lo contrario: que te entiende sin quererte, o que tal vez llega a quererte porque te entiende o porque se sabe entendido por ti.

Se pueden llegar a crear unos vínculos fuertes y extraños. No puedes decir tal vez "ese otro que me lee y me entiende es mi amigo". Casi nadie busca un amigo a través de un blog. No somos amigos. No nos conocemos. Probablemente nunca nos veremos. Aunque lo hagamos, no pasará de unas cervezas en un bar, unas fotos, un buen recuerdo.

Sin embargo, te sientes cerca de esas personas. Te hacen compañía un día malo. Saben a lo que te refieres cuando piensas en alto a través de la pantalla. Se van contigo de viaje. Te acompañan en una nueva etapa de tu vida. Asisten a tus alegrías y a tus decepciones y las viven como propias. Se preocupan si te ven hundido. Te escriben si te echan de menos. Te dan aliento.

No sé qué tipo de relación es esta. No consigo entenderlo. Son personas sin las que era posible vivir hasta el momento en que aparecieron. Si desaparecen, no sabes dónde buscarlas, no sabes si el lugar que ocupan seguirá habitado cuando vuelvas a buscarles. Si desaparecen, todo sigue igual, sin dolor, tal vez con una pregunta flotando para siempre en la habitación que se les asigna en el corazón. Y nada más.

Sé que muchos de vosotros os vais a sentir aludidos por estas palabras. Podéis estar seguros de que es en vosotros en quienes estoy pensando.

Gracias por estar ahí.

02 octubre 2007

Mierda

Después de toda la mañana con el cuello en tensión por la espera. Después de que cinco horas duren tanto como un mes. Después de que otros temas mucho más importantes o del todo fundamentales se hayan solucionado de manera satisfactoria tras tantas dudas. Después de hacerme a la idea una vez más (y van…) de que las cosas no siempre salen como espero. Después de enfrentarme al hecho de que esta vez no va a ser. Después de aceptar las miradas de incomprensión de las personas que me quieren. Después de compartir unas horas la esperanza. Después de fumarme un paquete de Lucky en trece horas justas. Después de reírme de mí misma. Después de negarme despiadadamente la autocompasión.

Ahora es cuando me doy cuenta de cuánto quería ir a ese concierto.

28 septiembre 2007

Memoria

Como todo el mundo, yo también tengo un pasado inconfesable, aunque ahora lo voy a confesar (no sin rubor): cuando tenía catorce años, me gustaban los Hombres G. (Hay cosas peores; no muchas, lo sé, pero seguro que hay alguna.)

Hace unos días, zapeando a las tantas sin decidirme a irme a la cama, en el canal MTV pude ver lo que debe de ser el último videoclip de Hombres G. No me gustó. Esto lo digo con total sinceridad y para mi descargo.

Después, ya acostada, sin poder dormirme, se me vino a la cabeza una de las canciones que más me gustaban de este grupo. Tengo muy buena memoria para las canciones, el archivo de letras y melodías que conozco tiene poco que envidiarle al listado de un karaoke (en cuanto a número, digo; la única vez que estuve en uno conté cinco canciones que me sonaran, pero esa es otra histora, bastante penosa, por cierto, que contaré en otra ocasión).

El caso es que ahí, tumbada en la oscuridad y con los ojos cerrados, escuché completa, con la voz de David Summers, la guitarrilla y la percusión, íntegra y sin faltar una nota, una canción que fácilmente hace 20 años que no escucho.

Puedo cantarla y puedo reproducir aquí y ahora la letra sin dudar, pero lo que me asombra es que, en el silencio de mi habitación, a las tres de la mañana, puedo cerrar los ojos y escucharla entera en mi cabeza.

Y no solo esa. Puedo escuchar sin problemas Suite nupcial de Gabinete Caligari (que es la que traigo al presente cuando quiero despegarme una melodía de esas que te taladran el cerebro durante horas, me funciona). Tengo un mp3 mental con todo el Camino Soria, de hecho. Y bueno, solo son un par de ejemplos.

Pero el curso pasado, cuando desenterré del fondo del armario los apuntes de la facultad para refrescar conocimientos que intentar transmitir a mis alumnos, había tacos enteros de folios escritos de mi puño y letra y después pasados a word, y estudiados con buenos resultados académicos, que yo no recordaba haber visto en mi vida.

Todo esto solo me sirve para hacerme (y haceros) una pregunta manida y absurda: ¿por qué reglas se rige lo que se conserva, acumulando polvo, en las ingentes estanterías de nuestra memoria?

27 septiembre 2007

Otoño



26 septiembre 2007

Magia

Buscando un mundo con algo de alma… ¿hay alguien vivo ahí fuera?

Ya no podría contar cuántas veces he escuchado este disco en estos dieciocho días que hace que lo tengo. Me ocurre como con sus demás discos. No puedo elegir una canción. Ninguna me gusta del todo, no puedo prescindir de ninguna. Ninguna me rompe el corazón, pero todas pueden hacer que me tropiece en un latido, o en varios. Todas hablan de algo que siento, que he sentido, que entiendo, que puedo adaptar a mi mundo.

No te preocupes, cariño, no te agobies ahora. Estamos viviendo en el futuro, y nada de esto ha ocurrido todavía.

Creo que es de esos discos que se quedan contigo, de esos discos que te dicen algo distinto cada vez que los escuchas, que tienen un mensaje para cada sentimiento, para cada situación. Centras la atención y te encuentras descrito en algún sitio.

Cerraste los ojos y la viste. Supiste quién eras.

Cada día una canción se vuelve un poco más especial. De repente un verso resume lo que querrías decir tantas veces, a tantas personas.

A los muertos no les importa mucho quién está equivocado o quién tiene razón. Me hiciste esa pregunta, no acerté. Te metiste en tu oscuridad. Ahora todo lo que queda es mi amor por ti, hermano, que permanece inmóvil e invariable.

Algunas canciones te dicen más con las melodías que con las palabras. Aunque siempre hay una frase que te rescata.

Tal vez podrías salvar mi vida solo con una mirada.

Te hace sentir aludido, explicado o completado.

Lo que otros pueden querer gratis...

Somos egoístas, supongo. Todas las canciones, todos los poemas, los interpretamos en la clave de nuestros propios sentimientos o nuestras propias vivencias, diferentes en cada momento. Nos da igual que una canción se haya hecho pensando en la guerra, por ejemplo, en los que van y no vuelven. Somos individuos que vivimos en una sociedad próspera y solo nos importan nuestras propias pequeñas guerras.

Tengo una carta en la manga. Nómbrala y te la sacaré de la oreja.

No confíes en nada de lo que oigas y menos en lo que veas.

Así que deja todo lo que sabes, llévate solo lo que sientes.


Se trata de eso. De tratar de comprender sin saber, de sentir y no pensar. Para eso debe servir la música. Para volar. Dentro primero y fuera otra vez.

Alguna otra voz desde lejos.

Los hombres sabios están todos locos, ¿qué hacer?

El sol se pone en llamas mientras la ciudad arde. Otro día se va mientras la noche vuelve.

Y te llevo en mi corazón mientras las cosas se derrumban.


Si quieres escuchar, habla directo a cada corazón. Dice cosas que todos podemos entender. Sabe de personas, tal vez porque nunca ha dejado de ser una persona. Tal vez porque sabe leer en los ojos de las personas. De toda la gente que he leído y escuchado, creo que nadie me ha llegado tan dentro en cada palabra. No he visto nunca a nadie con una capacidad tan enorme de captar los sentimientos de la gente en cada una de las canciones que escribe. Tampoco he dedicado nunca a nadie tanto tiempo. No se trata solo de música.

Miré sus caras, todos eran unos completos desconocidos para mí.

Todo el mundo tiene un vecino, todo el mundo tiene un amigo, todo el mundo tiene una razón para volver a empezar.


Cuando te encuentras algo así, un regalo como este, poco hay que puedas decir, supongo. Te dedicas a escuchar y a agradecérselo a la vida, o a dios, si crees en dios. Agradeces las cosas buenas, las que te hacen sentir bien. Esta música me hace sentir bien. No sé el motivo y no me importa saberlo. Me basta con sentirlo.

El primer nudo en la garganta, el primer día que escuché:

El latido de tu corazón
El latido de tu corazón
El latido de tu corazón
El latido de tu corazón
El latido de tu corazón
El latido de su corazón
El latido de tu corazón




23 septiembre 2007

Manda huevos

Estos días me cuesta mucho escribir para el blog (o lo que es lo mismo, escribir sin más).

El motivo es el siguiente: cuando abrí esta libreta, mi idea era evitar en lo posible hacer algo excesivamente personal. Todos los que pasáis por aquí con mayor o menor frecuencia sabéis que he fracasado en este intento pero, aún así, sigo procurando no ser demasiado egocéntrica, ombliguera, y a fe que, aunque no lo consigo, podría hacerlo mucho peor, circunstancia de la que me siento orgullosa en una medida bastante limitada, pero indudable.

Dios, qué párrafo.

Lo que quiero decir es que ya sé que hablo de mí misma, pero tendríais que ver lo que haría si no ejerciera una potente autocensura.

Me jode.

Y últimamente solo se me ocurre escribir sobre las tonterías obsesivas que me preocupan personalmente. Con eso de "personalmente" quiero decir en mi penoso fuero interno: hablo de las preocupaciones diminutas de persona insignificante, preguntas imbéciles del tipo "por qué la gente no contesta los correos" o "qué es lo que realmente busco en mis relaciones personales". Cosas de este palo. No lo soporto.

Intento, ya que soy consciente de ser una persona con múltiples facetas e inquietudes, volver mi vista hacia otros temas, como el estupendísimo libro que estoy leyendo, alguna noticia interesante en el ámbito deportivo, la penúltima película que he visto o mi opinión sobre el extraño clima de este verano, por mencionar algunos temas manifiestamente frívolos, pero soy incapaz. Todo se me vuelve pensar por qué cada noche que salgo regreso a casa con una sensación de fracaso y aburrimiento, por qué hablo sola cada vez a mayor volumen o por qué espero de las personas cosas que no me quieren dar.

En fin. Que hasta me he planteado suspender mi suscripción a internet y tomarme un descanso, alejarme de todo mundanal ruido hasta recuperar a esa K que de una forma incomprensible se me está desvaneciendo, eclipsada por pensamientos circulares que por definición no llevan a ninguna parte.

Leía esta mañana a alguien que afirmaba que es posible llegar al conocimiento de uno mismo. Yo, en este momento, discrepo profundamente de esa afirmación. Al menos en lo que a mí respecta.

Cuando llego a ese punto, a ese "en lo que a mí respecta.", me quedo sin saber qué más decir. Y también me quedo con la sensación de que lo escrito no está cerrado, no acaba, no tiene conclusión.

Me gusta, por una parte, ver que sigo mirando cada texto que escribo aquí como una especie de artículo que debe tener un remate claro, de modo que lo que no es más que un desvarío onanístico sigue siendo considerado por una parte de mi mente como una especie de obra literaria con entidad propia. Supongo que es una buena señal: aunque hago una confesión que, sin parecerlo, es bastante dolorosa, sigue presente la parte fría que considera una redacción de este tipo como un ejercicio estilístico más.

Así que supongo que mi yo creativo, la K que escribe por el puro placer de escribir, todavía no ha muerto. Está de parranda.

Ahora sí.

20 septiembre 2007

Un poema

Lo escribí hace tres años, entonces mis circunstancias eran otras. Yo solo escribo poesía cuando tengo que soltar presión, aunque me da vergüenza llamar poesía a esto. En fin. No quería irme a la cama hoy sin dejar aquí algo nuevo (aunque sea viejo).



Te regalo el viento que me despeina.

Todas las letras que no escribo.

(You kiss my lips)

Conozco un lugar donde sonreír es gratis.

Y sé, aunque rara vez lo digo, que el amor no es real.

No te lleva. No te elige.

Sé que en límite de una hoja de papel no cabe el mundo.

No sé para qué he venido.

Tumbada sobre las flores pienso en las miles de razones para irme.

O para quedarme. No me voy ni me quedo.

El polvo de la encrucijada esconde fantasmas que quieren ser héroes.

En un mundo de perdedores el que alarga la mano agarra el premio.

No hay nada imposible.

Y yo no quiero nada.

14 septiembre 2007

Correr

Estoy en un buen momento de mi vida.

Es la primera vez en que es mayor la esperanza que el miedo.

Es la primera vez que tengo la sensación de que todo va a salir bien.

Es la primera vez que siento confianza.

Estoy empezando a sentirme a gusto en mi piel.

Sé que la vida me depara momentos muy malos todavía.

Pero sé que la vida me depara momentos muy buenos todavía.

Miro de frente y veo un horizonte despejado.

Y aún así, está toda la ansiedad.

Está toda la insatisfacción.

Está el hambre.

Está el deseo.

11 septiembre 2007

Entender

Hay muy pocas cosas que tengo claras de verdad. Pero hay una que tengo clarísima. Tanto que creo que, aparte del hecho de que la muerte nos llevará a todos algún día, es lo que más claro tengo de todo: las personas no nos entendemos.

Las personas no nos entendemos.

Yo, particularmente, no entiendo a casi nadie. Así, a priori, digo. No entiendo por qué la gente se comporta de determinadas maneras, no entiendo por qué dicen determinadas cosas.

Puedo llegar a entender algo si me lo explican, es decir, si consigo ponerme, aunque solo sea un momento, en la piel del otro. Al menos siempre permito que me expliquen lo que no entiendo. Otra cosa es que me lo quieran explicar, pero ahí ya entramos en terrenos que no entiendo: los otros.

Voy a poner un ejemplo tonto. El señor A va conduciendo por la calle y le pita exasperado a otro conductor que va a 20 por hora delante de él. Al cabo de 50 metros, se pone a 20 por hora: ha llegado a su casa y busca dónde aparcar. Y se caga en la puta madre de quien, detrás de él, exasperado, le pita.

A mí, la verdad, no me parece normal. Lo que no quiere decir, por supuesto, que no haga exactamente lo mismo cada vez que tengo ocasión. No entiendo a la gente y la mayor parte de las veces, además, me olvido de intentarlo.

Otras veces lo intento, de verdad que lo intento. Hago cábalas, suposiciones, me planteo hipótesis. Me pasa mucho, por ejemplo, cuando me hacen daño, o cuando oigo a alguien criticar a alguien. Intento dar a entender al que critica que en realidad lo que pasa es que no entiende al otro. Que no está dentro de sus zapatos y no sabe los motivos que le impulsan.

"La ignorancia", decía un novio que tuve, "es muy atrevida". Y es cierto. Nos creemos poseedores de la verdad, nos creemos que sabemos. Sacamos conclusiones enormes de datos diminutos. Juzgamos y sentenciamos con una frivolidad aterradora. Es aterradora porque, aunque nunca lo pensamos, sabemos que también somos víctimas de esos mismos procedimientos, y no solo ejecutores.

Bueno, las cosas son así.

Pero que sepas que no te entiendo.

07 septiembre 2007

Currículum Vitae

La vida da muchas vueltas. Tantas vueltas da que, en este ordenador desde el que escribo siempre (y desde el que me asomo al mundo, dicho sea de paso), ni siquiera tengo mi currículum.

Resulta que tengo que enviar mi currículum por si acaso. Es decir, un poco vuelta a empezar, solo un poco, no es lo mismo que el otro millón cuatrocientas mil veces que lo he enviado. Esta vez es más bien, "sobrina, aquí mi amigo te puede contratar, si ves que tal, manda tu currículum". Nada que ver, ya entendéis.

Pues a buscar. Al final se me ocurre que tal vez en la bandeja de enviados de yahoo haya alguno. Y sí. Menos mal. Porque si tengo que volver a confeccionarlo me pego un tiro.

Y añado los dos últimos trabajos que he desempeñado. Como soy así, de natural prolijo, pues lo explico todo. Me planteo si cortarlo para que no mida tres páginas. No sé qué coño hacer. Tanto que lees cuando buscas trabajo sobre el currículum tal y cual, y al final encuentras o no encuentras trabajo independientemente del número de páginas que tenga el puto currículum.

Y, la verdad, si el encontrar trabajo tiene que depender de un imbécil que cuenta las páginas del currículum para saber si la persona le interesa o no, en lugar de leerlo, pues ese trabajo, en fin, que se lo meta por donde le quepa. Aunque si no hace falta un curri de tres páginas para desempeñarlo, probablemente le cabe en cualquier sitio.

Que no. Que la reflexión de hoy iba por el tema de que lo ves crecer, como un hijo. Cuando sales de la carrera te matas a poner todas las chorraditas que has hecho, las practiquitas, los seminaritos, la vez que fuiste script en el corto de tu colega Víctor. Te devanas los sesos buscando mierdecitas que poner que le den algo de relumbre a esa cosa tan esquelética.

Y ahora lo miras y dices… "joder, ese primer trabajo que fueron dos meses de sustitución de mi prima en la recepción del despacho del abogao… ¿lo dejo o lo quito?" Porque casi te da hasta vergüenza, con el orgullo con el que lo pusiste la primera vez. Y lo dejo. Por respeto a la chavala acojonada que veía cómo el mundo se le venía encima como un puto tsunami. Que ha llegado hasta aquí.

Aunque "aquí" tampoco sea muy lejos.