6.5.08

Sueños



Hay varias cuestiones aquí. Una, cumplir sueños e ir tachando metas posibles de una lista que algún día pareció interminable. Otra, la cosa de la libertad. Otra, seguir caminando y buscar metas nuevas.

Algunos de los deseos que he acariciado me han parecido siempre inalcanzables, sin serlo. Tal vez porque me gustaba que fueran eso, sueños nada más.

Pero también hay momentos en los que te apetece alargar la mano, por qué no, qué coño, y tocarlos. Y tal vez resulta que no son tan inalcanzables y que no hay nada de malo en permitir que, de vez en cuando, los sueños se conviertan en realidad.

Vamos a convertir esas alas en ruedas.

26.4.08

The bridges of Madison County, Clint Eastwood (1995)

Conservo varios recuerdos de la primera vez que vi Los puentes de Madison, hace unos cuantos años, cómo me sentí, qué me hizo pensar; y otras cosas que debería recordar, como dónde, cuándo y con quién la vi, sin embargo, se han borrado por completo.

Cuando alguien me preguntaba qué me parecía esta película, solía contestar que bien, pero que me sobraban todas las secuencias correspondientes al presente, a los hijos de Francesca reviviendo su historia a través de sus diarios.

Recordaba también con especial cariño esos planos encadenados del baile que nos cuentan que para Francesca y Robert no hay vuelta atrás, que han dejado entrar a sus sentimientos y que ya no van a poder escapar de ellos nunca.

La revisión de películas con unos años de diferencia suele aportar información nueva, traernos opiniones nuevas. Hemos oído hasta el cansancio aquello de que son nuestros ojos los que dan realidad a las cosas que vemos, y nuestros ojos nunca van solos, siempre llevan adosada una enorme carga compuesta por lo ya visto, lo ya experimentado o lo ya pensado.

En la revisión que hice años después de Los puentes de Madison, esa carga de experiencia añadida hizo que se produjera en mí un cambo de opinión.

Tenemos, por lo tanto, una historia que se desarrolla en dos momentos.

En el presente, los hijos de Francesca repasan los objetos que su madre ha dejado tras su muerte, y con ellos descubren una Francesca mujer muy lejana a la Francesca madre que ellos conocían, lo que trastoca todos sus recuerdos y todos sus sentimientos, tanto hacia ella como hacia sus propias vidas.

En el pasado, asisitimos, a través de la lectura de los diarios, a la historia de amor que vivió Francesca durante cuatro días con un hombre que llegó un día, por casualidad, hasta su puerta.

Si bien es cierto que la historia de Francesca y Robert sería suficiente para una película redonda, ya no creo que la presencia de los hijos en la trama corte el ritmo ni sobre en ningún aspecto. La forma en que las dos historias se entrelazan nos da otra perspectiva, nos habla de cómo las experiencias de los demás pueden influir en nuestras vidas. También nos habla de cómo la mayor parte de las veces no conocemos en absoluto a las personas que creemos conocer tan bien, y cómo esto ocurre especialmente en el caso de las relaciones familiares: personas con las que convivimos, a las que queremos de forma incondicional (o que creemos incondicional), tienen zonas incógnitas a las que solo podemos acceder en circunstancias muy especiales, casi excepcionales.

Cuando Francesca se enfrenta a su propia muerte, siente la necesidad de confesarse a sus hijos. No quiere irse del mundo sabiendo que no van a conocer esa parte tan importante que es ella, la verdadera, que ha mantenido siempre oculta para poder conservar la cordura.

Clint Eastwood es un director excepcional. Un hombre que nos enseña con su propia vida y su propia experiencia en el cine que las personas no siempre son lo que parecen ser. El Harry, el hombre duro, solitario, amargado y violento que nos enseñan sus películas de juventud se ha convertido en la madurez, y gracias en gran parte a ese papel-casillero, en un hombre poderoso en Hollywood que puede hacer prácticamente lo que quiera. Y lo que quiere es contar historias de seres humanos, historias pequeñas que todo el mundo puede entender porque todo el mundo podría vivir.

En este caso nos cuenta una historia de amor que te rompe por dentro. Como me dijo un amigo una vez, te toca la fibra y después le da vueltas al cuchillo, hasta lastimarte. Cualquier espectador va a enfrentarse a esa historia y va a preguntarse "¿qué haría yo en su lugar?" Cualquiera va a comprender la magnitud de los sentimientos que se llevan por delante a esas dos personas colocadas en medio de ninguna parte frente a frente y va a aceptar la decisión de Francesca de ser leal a los suyos, ser fiel a la palabra dada y sacrificar su felicidad por la estabilidad de su familia, que no merece esa traición.

Cualquier espectador puede entender a su hija, cayendo en la cuenta de que no hay ningún motivo para vivir una vida sin estímulos, sin alegría, para seguir montada en un carro que se mueve por la simple inercia de un empujón desganado de varios años atrás, y que decide cambiar de vida y darle una oportunidad a la esperanza.

Y cualquier espectador puede entender a ese hijo aquejado del síndrome de Peter Pan, sintiendo celos retrospectivos del amante de su madre, aprendiendo página a página a comprender que ella era, ante todo y sobre todo, un ser humano, y que se plantea, finalmente, la posibilidad de que esa misma historia se repita en su propio matrimonio, donde la infelicidad está llamando a la puerta sin que él se dé cuenta.

Los niveles de lectura de esta película son innumerables. Yo siempre veo las películas en primer lugar en el plano de los sentimientos, cuando los hay. En Los puentes de Madison los sentimientos desbordan los límites físicos de la pantalla. Sientes con los protagonistas la alegría del amor, el dolor de la muerte, la tragedia de la separación, la angustia de la mentira, la inocencia de la ignorancia, la sorpresa del conocimiento, en cada plano, en cada secuencia y en cada palabra.

Y en cada visionado aprendes algo nuevo sobre ti mismo. Puro cine.

23.4.08

You know how I feel

Si esto fuera algo así como un foro, primero os pondría esta canción:



y después os preguntaría qué os hace sentir.

Sería como una especie de experimento.

No es lo mismo poner esa canción después de confesar que hoy te sientes algo solo, que te has sentado en el sofá y se te ha escapado un lagrimón por todo lo que no tienes, o lo que has perdido, o simplemente porque sí, porque no todos los días van a ser de risas y liviandades, que ponerla sin más o ponerla, como había pensado yo hacer el año pasado si aprobaba las oposiciones, sin ningún otro comentario. O ponerla después de explicar pormenorizadamente qué de puta madre va todo.

En cualquier caso, para mí es una de las canciones más alegres y optimistas que se han escrito. Además, con los vientos y su ritmo, con un punto de cachondeíto. Esto antes de la letra, ya digo.

Después de la letra ya ni te cuento.

Nunca fui guapa. Puedo decir sin temor a equivocarme mucho que la mejor época de mi vida es esta, en cuanto a eso de la pinta, y lo bueno de esta afirmación es que lleva unos años alargándose: empezó hace más o menos cinco y continúa, aunque supongo que no le queda mucho. Creo que es un privilegio sentirse mejor en la edad en que en teoría la belleza, o la lozanía, si queréis, empiezan a marchitarse, según cuentan los libros.

Esto no venía mucho a cuento, pero es algo que ayuda a que yo me sienta bien cada día, aunque llueva. Llueve, pero ya no hace frío. Tiene que llover para que todo se ponga bonito, para que no toque un verano de mierda como el del año pasado, para que las cosas estén en su sitio, como debe ser.

Si esperas el sol, si lo esperas y lo esperas, cuando llega es la hostia. And I'm feeling good.

Y bueno, acabo de mirar la previsión del tiempo para los próximos días y dice que sí. Que ahí viene el sol. Pues que así sea. Los días buenos también hay que decirlo, joder.

21.4.08

Johnny Cash

Empecé con los preparativos para el viaje a Nueva York con varios meses de antelación. Una de las paradas obligatorias era hacerme el pasaporte (y para eso necesitaba renovar el dni, caducado desde septiembre, lo normal tratándose de mí). Así que un día me fui al centro para hacerme con los dos documentos. Lo primero, claro, era hacerse fotos.

El empleado de la tienda era un encanto. No sé las fotos que tiró hasta que los dos nos quedamos contentos ("me tiene que durar diez años!") Después me dijo que tardarían una media hora en estar listas. Así que me fui a dar una vuelta por el centro comercial.

Entré en una tienda de electrodomésticos que tiene una sección de discos y películas. Solo para mirar, ya sabéis. Empiezas a mirar y mirar y al final sales con varios discos. Yo aquel día me llevé uno de Bruce, claro. Y dos recopilatorios: uno de Tom Waits y otro de Johnny Cash. Este último fue por probar. De Tom Waits he escuchado muchas cosas, tengo varios discos en mp3, no hubo sorpresas.

Pero a Johnny Cash no lo conocía. En cuanto empezó a sonar la primera canción (Ring of fire) supe que estaba en casa. La música que me gusta escuchar una y otra vez, la música que me hace sentir a gusto, los ritmos que marcaron todo lo que soy ahora cuando tenía catorce o quince años.

La canción a la que me refería el otro día, con respecto a The ties that bind, se titula Walk the line. En el vídeo la versión es un poco cutre de sonido, pero corresponde a uno de los conciertos que dio en la cárcel de San Quintín y me ha gustado mucho (o es el que más me ha gustado de los que he visto). Johnny Cash tenía una relación especial con los presos.



Mantengo una estrecha vigilancia sobre mi corazón,
tengo los ojos bien abiertos todo el tiempo,
controlo los cabos del lazo que ata.
Porque eres mía, voy por el buen camino.

Me resulta muy, muy fácil para ser real,
me encuentro solo cuando el día se acaba.
Sí, admitiré que estoy loco por ti.
Porque eres mía, voy por el buen camino.

Tan seguro como la oscuridad de la noche y la luz del día,
te tengo en mi cabeza día y noche.
Y la felicidad que he conocido me demuestra que está bien,
Porque eres mía, voy por el buen camino.

Tienes una forma de mantenerme a tu lado,
me das motivos para amarte que no puedo esconder.
Por ti sé que incluso podría darle la vuelta a la marea
porque eres mía, voy por el buen camino.

Mantengo una estrecha vigilancia sobre mi corazón,
mantengo los ojos bien abiertos todo el tiempo,
controlo los cabos del lazo que ata.
Porque eres mía, voy por el buen camino.


Está claro que las dos canciones no se parecen en nada: coinciden en la temática pero difieren en el concepto, es decir, son todo lo contrario una de la otra. Y esa forma de estar cada una en un extremo de la idea de las relaciones personales es lo que me hace asociarlas.

No quiero decir muchas obviedades, y esta noche es lo único que me sale (cosas sobre la diferencia de planteamiento que tenemos las personas ante la aparición de los sentimientos, por ejemplo). Me parece que la canción habla por sí sola (a quien quiera escuchar).

Y ya que estoy aquí, quería hablaros de otra canción que estaba incluida en ese mismo recopilatorio. La primera vez que escuché el disco (el mismo día que lo compré, conduciendo hacia casa), hubo una canción especial, más especial que las demás. Me puso los pelos de punta en cuanto empezó a sonar. La voz grave y triste de Johnny Cash casi susurrando la historia me llegaron al alma sin llegar a entender del todo la letra de la canción, cosa que conseguí tras escucharla un par de veces (la pronunciación de Johnny Cash es bastante clara para mí). Cuando entendí la letra de la canción, la historia que la canción cuenta, me hizo llorar. Qué le haremos, soy así.

La canción se titula Give my love to Rose. Está aquí.

boomp3.com

Le encontré junto a la vía del tren esta mañana.
Pude ver que estaba a punto de morir.
Me arrodillé a su lado y escuché
las palabras que decía el moribundo.

Dijo: me soltaron de la prisión ahí en Frisco,
durante diez largos años he pagado por lo que hice,
estaba intentando volver a Louisiana
para ver a mi Rose y conocer a mi hijo.

Déle mi amor a Rose, por favor, ¿lo hará, señor?
Llévele todo mi dinero, dígale que se compre ropa bonita.
Dígale a mi chico que su padre está orgulloso de él
y no se olvide de darle mi amor a Rose.

¿Quiere decirles que les agradezco que me esperaran?
Dígale a mi chico que ayude a su madre en casa.
Dígale a mi Rose que intente encontrar a otro
porque no es bueno que viva sola.

Señor, aquí hay una bolsa con todo mi dinero.
No les durará mucho tal como va.
Dios le bendiga por encontrarme esta mañana
Y no se olvide de darle mi amor a Rose.

Déle mi amor a Rose, por favor, ¿lo hará, señor?
Llévele todo mi dinero, dígale que se compre ropa bonita.
Dígale a mi hijo que su padre está orgulloso de él.
Y no se olvide de darle mi amor a Rose.


Ya sé que es una ñoña canción country, lo sé muy bien, me lo repito cada vez que me hace llorar. Pero tiene eso que toca la fibra por ahí en algún sitio. Me gustaría escribir algo así alguna vez.

Al cabo de un tiempo descubrí que Bruce Springsteen hizo, con ocasión de un homenaje tras el fallecimiento de Johnny Cash, una versión de esta canción. Aquí la dejo, para mí misma, sobre todo.

19.4.08

De principios y finales

Antes del viaje a Nueva York un amigo nuevo intentó durante varios días convencerme de ir a Indianapolis con él al concierto que daba allí Bruce Springsteen.

Dudé mucho. Al final no fui, entre otras razones porque ese mismo día mi viejo amigo Jesús daba un recital de poesía. Un motivo poderoso.

Aquella noche Danny Federici tocó por última vez con la E Street Band.

Tampoco Jesús volverá a dar un recital de su poesía en Nueva York, no por primera vez, al menos (tengo mucha fe en su futuro). Pero fue la primera vez y yo estaba allí para verlo, para llorar con él.

Y en eso consiste la idiotez de tomar decisiones, y creo que esa es una de las cosas que más me joden de vivir: cuando tomas algo, dejas algo. Y tanto por lo que tomas como por lo que dejas, pagas un precio.

No se puede tener todo.

17.4.08

Y menuda mierda

Lo sacas un poco para fuera y resulta que no, que todo es mentira otra vez. Ya te sabes de memoria la cantinela, los porqués, todas las chorradas.

Y no, en realidad lo único que pasa, lo único cierto, es que todo es mentira y por eso no funcionan bien los mecanismos. Ni se trata de engrasarlos ni de ponerlos en marcha. Es que lo que debería ser un motor está de adorno. Y contra eso, poco que hacer. Seguir. Estudiar un poco, por ejemplo.

Lees un poema precioso de Miguel Hernández y te parece ñoño a morir. Va a ser, te dices, que no estás enamorada. Otra vez.

Y te da un poco de mal rollo porque otra vez te empieza a dar por pensar que te tienes que ir de aquí, como si hubiera un adónde cojones que pudiera servir para algo. Siempre has sabido que huir no soluciona nada porque el tocapelotas, la sombra, se va contigo, enganchado a las ruedas de la maleta, o no sé dónde coño se engancha que nunca ha habido manera de darle esquinazo.

Lo que te da rabia es pensar que esto no se arregla, que pasa el tiempo y no se arregla, que parece que las cosas van bien, rulando, más o menos ordenadas y limpias, pero en realidad no, vayámonos al tópico una vez más y digamos que si levantas la alfombra la polvareda es descomunal.

Solo que ahora la levantas cada vez menos. Total, para qué.

15.4.08

Algo me dice que no

Es que no quiero volver a decirme "te lo advertí, ya lo sabía yo".

Y así es como me paso la vida viendo cómo le pasan las cosas a los demás.

Aunque también es cierto que cuando lo intento me estrello y eso le quita las ganas a cualquiera.

Por tanto, me veo oscilando en la indecisión, como siempre. Sí pero no. No pero sí. A la gallega, con pimentón picante.

Me gusta mi vida como está. Creo que puede mejorar. A veces más la primera frase y a veces más la segunda.

Y luego, los tópicos. El miedo al dolor, las ganas de vivir.

Y Pessoa con sus verdades: "el cansancio de todas las ilusiones y de todo lo que hay en las ilusiones: la pérdida de ellas, la inutilidad de tenerlas, el antecansancio de tener que tenerlas para perderlas, el pesar de haberlas tenido, la vergüenza intelectual de haberlas tenido sabiendo que tendrían tal fin".

Y bueno, como guinda adjunto cita de Bruce, especial para Fanshawe, que el otro día me reprochaba (amablemente y con su punto de retranca, como no podía ser menos) que ya casi espera ver al final de mis posts una coletilla tipo "y esto es lo que tiene Bruce que decir al respecto". Bueno, pues aquí está. Y no me piques…

boomp3.com

Los lazos que atan

Te han herido y estás pegando gritos, dices.
Bajas por la calle apartando
a la gente de tu camino.
Has hecho las maletas y quieres irte sola.
No quieres nada,
no necesitas a nadie a tu lado.
Caminas dura, nena, pero caminas ciega
a los lazos que atan .

Los lazos que atan.
Ahora no puedes romper los lazos que atan.

El romance barato no es más que una muleta.
No quieres nada que alguien pueda tocar.
Tienes miedo de que alguien te tome por idiota,
no de caminar dura, nena, no de caminar fría.
Caminas segura pero, cariño, ¿puedes atravesar
la línea y enfrentarte a los lazos que atan?

Los lazos que atan,
Ahora no puedes romper los lazos que atan

Preferiría sentir ese dolor dentro,
sí que lo haría cariño, a conocer el vacío
que tu corazón debe ocultar. (Aquí es donde lloro)
Sí que lo haría cariño, sí que lo haría, cariño.
Sí que lo haría, nena.

Te sientas y te preguntas quién parará la lluvia.
Quién aliviará la tristeza, quién calmará el dolor.
Es una larga y oscura autopista
y una fina línea blanca
conectando, nena, tu corazón al mío.
Ahora estamos corriendo pero, cariño,
nos detendremos a tiempo
para enfrentarnos a los lazos que atan.

Los lazos que atan
Ahora no puedes romper los lazos que atan
No puedes abandonar los lazos que atan.

(Recordadme un día que os ponga la canción de Johnny Cash que podría ser, cosa de intuición, de imaginación y de columpiada, uno de los orígenes de The ties that bind. Otro día, que ya os tengo mareados con tanta música, y además me están costando un poco un par de matices de la traducción.)