30.12.08

Fin de Algo

Yo no sé, pero cada vez que entro aquí tengo la sensación de que la puerta chirría y todo está oscuro, silencioso y polvoriento. Casi nadie viene a ver, hace meses que esto va para abajo. El cierre se aproximaba y ha llegado, no porque vaya a quedarme sin blog, sino porque abriré otro un día de estos. Soy de ese tipo de gente que no aguanta mucho tiempo con las cosas una vez que las considera viejas. (Siempre les digo a mis alumnos que para todo hay dos tipos de personas: los que sí y los que no). A mí me gustan las cosas nuevas, el olor a nuevo de los libros, de los coches, de la ropa.

Hay que renovarse. No puedo estar mucho tiempo con un blog cuyo nombre, color o atmósfera general no me representa. Hace un tiempo que tengo esa sensación con este lugar. Yo he cambiado, o siento que he cambiado, y sin embargo aquí todo continúa igual. Necesito cajones nuevos, otro color, otra fuente, otro nombre y probablemente otro alojamiento que no sea blogger.

Llevo bastante tiempo dándole vueltas a la idea. No lo he hecho aún porque no tengo nombre para mi nuevo sitio, pero llegará cuando tenga que llegar. De todos modos, aprovechando las vacaciones y la entrada de un nuevo año impar doy por concluida una etapa.

Este blog me ha traído muchas cosas muy buenas. Me ayudó en un par de reencuentros, vino conmigo en un par de aventuras inolvidables, siempre será especial para mí. Pero ha llegado hasta aquí y aquí se va a quedar, alimentando para siempre la nostalgia.

Feliz Algo Nuevo. Ya os diré dónde encontrarme.

Y cómo no dejar una canción aquí. La mejor (hasta ahora) de las que se conocen del próximo disco de Bruce Springsteen. No puedo parar de escucharla. La adoro.



(Y un intento de traducción de la letra...

Nos conocimos en el valle, donde el vino del amor y la destrucción fluye
Allí en aquella curva de oscuridad donde las flores de la tentación crecen
Dejé el resto para los otros, eras tú y nada más
Me sentabas tan bien, nena, tan bien como la vida misma.

Eras la vida misma, precipitándose sobre mí
La vida misma, el viento en los olmos negros
La vida misma, en tu corazón y en tus ojos,
No puedo hacerlo sin ti.

Supe que tenías problemas, cualquiera podría decirlo
Llevabas tu pequeño libro negro del que caían todos tus secretos
Desperdiciaste todas tus riquezas, tu belleza y tu abundancia
Como si no tuvieran más uso para la vida misma.

Eras la vida misma...

¿Por qué son las cosas que más valoramos las que se desvanecen en el tiempo?
Hasta para la música crecemos sordos, y para la belleza de dios ciegos
¿Por qué las cosas que nos conectan son las que lentamente nos separan?
Hasta que desaparecemos en nuestra propia oscuridad
Extraños para nuestros propios corazones

Y para la misma vida, corriendo hacia mí..

Así que aquí hay uno para la carretera,
Aquí hay uno brindando a tu salud
Y para la vida misma, corriendo hacia mí
...
La vida misma
La vida misma
...
)

20.12.08

Caminar como un hombre

Hoy he acabado de ver la tercera temporada de Dexter. No hay ningún espoiler en lo que viene a continuación (si has visto al menos la segunda, advierto).

Esta tercera temporada mejora (y entonces resulta que era posible) con respecto a las dos anteriores. El personaje va adquiriendo profundidad y entidad. Se tridimensionaliza, escapa de la pantalla y se sienta a tu lado en el sofá jugando con el mismo gancho desde el primer episodio de la primera temporada: su parecido contigo. El famoso y manido proceso de la identificación.

La pregunta es ¿qué puedo tener yo en común con un asesino en serie psicópata? Y bueno, la respuesta es, siempre, el hecho de ser una persona.

El atractivo de Dexter Morgan es que atraviesa todas las fases del crecimiento humano pero (el 'pero' es la gracia) despojado de los sentimientos, a veces tan molestos y engorrosos. Por lo tanto, puede ofrecer un análisis desprovisto de los condicionantes sociales, de los supuestos obligatorios, de las normalmente inevitables emociones. Así, se echa una novia, la deja embarazada y se compra un monovolumen sin apenas crisis: es lo que hay que hacer. Le ves crecer, madurar, tomar sus propias decisiones, reflexionar en las encrucijadas, darle vueltas a las cosas, discutir consigo mismo, equivocarse y seguir avanzando. Y todo eso sin sufrir ni disfrutar, casi asistiendo como espectador a su propia vida y analizándolo todo sin apenas implicarse. Y digo apenas porque, a pesar de todo, sabe que se trata de su vida. Intenta construir una vida. Y eso es lo conmovedor (lo humano) de Dexter Morgan.

Pero no es esto, o no solo, lo que me hace escribir sobre él hoy: existe otra faceta de todo ser humano que en esta serie (en especial en su tercera temporada) se analiza particularmente bien: la relación padre - hijo. La noción de familia.

Dexter, el personaje, es quien es por el trabajo que su padre intentó hacer con él. Y a lo largo de estas tres temporadas vemos esa profunda relación que les une. Yo no puedo evitar ver algo muy real en esa relación, algo muy humano y muy verdadero, mío y seguramente de cualquiera. Vemos a Dexter a través de los ojos del padre. Y vemos al padre a través de los ojos de Dexter también. Las diferencias, el vínculo, la lealtad inquebrantable, los conflictos, la dureza del aprendizaje, las frustraciones, el amor. Ahora, viendo una de las secuencias de este último episodio, he recordado una frase de Oscar Wilde que memoricé de niña: "De pequeños, los niños admiran a sus padres. Cuando crecen, los juzgan. A veces los perdonan".

En algún episodio se produce un diálogo en la que se reflexiona sobre la importancia de la familia, el peso de la amistad, sobre lo fundamental que resulta caminar por la vida sabiendo que alguien te respalda. También sobre todas las cosas que nuestros padres, que quieren lo mejor para nosotros e intentan protegernos, no nos pueden, sin embargo, enseñar, porque son lecciones que debemos aprender solos. Ese diálogo es una especie de compendio del mensaje genérico que sobre este tema ofrece en conjunto toda la temporada, los 12 episodios puestos unos detrás de otros.

Por si a alguien lo dicho le parece poco, diré que además de eso, claro, están la sangre, las investigaciones, la hermana, la amistad desde varios puntos de vista, la lealtad, la traición y otras cosas interesantes.

Y para el final del todo, dejo esta canción de Bruce Springsteen que a mí me recuerda mucho a todo esto que acabo de decir y que últimamente me arranca las lágrimas siempre en la misma frase:



CAMINAR COMO UN HOMBRE

Recuerdo lo áspera que sentí tu mano sobre la mía
El día de mi boda
Y las lágrimas lloradas sobre mi hombro
Que no podía apartar
Bueno, tantas cosas me han pasado
Que no entiendo
Solo puedo pensar en cuando tenía cinco años
caminando detrás de ti por la playa
Pisando tus huellas en la arena
Intentando caminar como un hombre

Junto a Nuestra Señora de las Rosas
Vivíamos a la sombra de los olmos
Recuerdo a mi madre arrastrándonos a mi y a mi hermana
calle arriba a la iglesia
cada vez que oía aquellas campanas de boda
¿Volverán alguna vez a parecer tan felices
el guapo novio y su novia
como cuando entran en esa gran limusina negra
camino de su misterioso viaje?

Bueno, esta noche tú te apartas de mí
Y yo estoy solo en el altar
Y mientras miro a mi novia
acercarse por el pasillo rezo
para tener la fuerza de caminar como un hombre

Ahora los años han pasado y he crecido
De aquella semilla que sembraste
Pero nunca creí que habría tantos pasos
Que tenía que aprender por mi cuenta
Bueno, yo era joven y no supe qué hacer
Cuando vi cómo te robaban tus mejores pasos
Ahora haré lo que pueda
Caminaré como un hombre
Y seguiré caminando

Viendo cosas como esta, escuchando canciones como esta y reflexionando sobre esos profundos temas termino por pensar que a lo mejor tener hijos no es tan mala idea. Y entonces, aunque ya tengo bastante, desearía tener algo más de Dexter. Para poder vivir sin miedo a hacerme mayor. Para aceptar las cosas sin cuestionármelo todo.

14.11.08

25 ways to quit smoking, Bill Plympton (1989)



!Vamos a por la tercera semana!

2.11.08

Opiniones

Digo por ahí en los comentarios de un blog que a mí no me importa la ideología de los creadores, ni su carácter. Que lo que me importa de ellos es su obra. Y no sé si es del todo cierto. Tengo ejemplos que lo niegan: Bruce Springsteen me cae bien. Me gusta su música pero además lo admiro porque tiene unas ideas y es fiel a ellas, no tiene reparos en defenderlas públicamente, es un tipo familiar con unos valores sencillos y tiene la bendita paciencia de tratar a sus fans con amabilidad por muy maleducados que estos sean (cosas así).

Otro ejemplo: hace un año y pico me puse a leer una especie de biografía del Hollywood de los años 70 y no fui capaz de acabar porque supe que terminaría detestando a todos los directores, productores y actores que admiro precisamente por sus en ocasiones indefendibles comportamientos en aquellos tiempos.

Así pues, me pregunto hasta qué punto es cierto eso de que no me importa. Supongo que puedo afirmar que no me importa, aunque sí me afecta. Prefiero no saber cómo son en sus vidas privadas si eso va a hacer que no pueda disfrutar sus obras en la misma medida que antes de saberlo.

Hay cosas que me dan más igual que otras. Me da igual que Van Morrison sea maleducado con su público, Dylan prepotente. Me da menos igual que Dennis Hopper le pegara a su mujer. En cualquier caso, no son más que rumores. Creemos saber lo que vemos, lo que nos cuentan o lo que leemos, pero en realidad no sabemos nada, nada de lo que mueve a las personas a comportarse de determinadas maneras. Ahora, juzgamos en seguida, eso sí. Sacamos conclusiones, sentenciamos y condenamos sin despeinarnos ni un poquito. Lo que nunca nos paramos a pensar es qué conclusión podrían sacar los demás de nuestro propio comportamiento. Y si lo pensamos seguro que nos equivocamos de medio a medio. O lo más gracioso de todo: decimos (también sin que se nos mueva ni un pelo) que no nos importa. Una de las mayores mentiras que se pueden decir sin parpadear. Creemos que es cierto. Las cosas de la fe.

El caso es que llego a la conclusión de que sí: soy sincera cuando digo "no me importa la vida de los creadores". No me importa porque no me incumbe. Siempre está bien saber que un artista cuya obra te satisface tiene además grandes virtudes como ser humano (o lo que tú consideras grandes virtudes). Pero es innecesario conocer ese tipo de datos para disfrutar de la obra. De hecho, me atrevo a decir que es contraproducente.

Y en cualquier caso lo siento, pero me parece penoso oírle decir a gente que se supone inteligente cosas como "no escucho a X porque me cae mal". Eso no son argumentos. Y para mí nunca lo serán.

25.10.08

Tarde de viernes

Me encierro en el salón, la puerta cerrada para que no escape el calor, como atrincherada en el pequeño rincón del mundo, etcétera. El año pasado estaba todavía harta de pasar frío en casa. Este año estoy harta de gastarme una pasta en una calefacción que después no puedo disfrutar. No sale a cuenta.

Me he traído el ordenador aquí, al sofá, con lo cual no tengo ni la obligación, como antes, de levantarme y atravesar el pasillo para mirar el correo. En estos… ¿cuántos? ¿quince metros cuadrados? me puedo pasar, me paso, varias horas, hasta días enteros si nadie lo remedia, si no lo remedio yo. Pongo la tele y veo el tenis, episodios sueltos de alguna serie mala, anuncios, y después abro el correo otra vez, me doy una vuelta y leo en la wikipedia qué pasó en 1989, hace diecinueve años. Me acuerdo de muchas de esas cosas, vi muchas de aquellas películas y las finales femenina y masculina de Roland Garros.

La mesa baja es demasiado pequeña para contener los restos de la actividad indolente de toda una tarde tapada con la manta, el vaso de agua, el cenicero, el cola cao, los mandos a distancia, las últimas pelis compradas y todavía envueltas en celofán (Rocky, El silencio de los corderos, Tiburón).

Este día no pasará a la historia. Tres comentarios en tres blogs. Un teléfono que no llegó a sonar a tiempo de evitar la tristeza o el enfado. Un texto sobre tenis que nunca verá la luz.

Estos días les cuento a mis alumnos lo importante que es tener una idea, lo inútil que es ponerse a escribir sin tenerla. Después les pongo ahí, con el papel y el boli, a buscarla. Deambulan por sus hojas en blanco, sus cerebros también en blanco, y con dos cojones son capaces de contar algo que yo aquí, con mi papel en blanco, mi mente en blanco, mi vida tal vez en blanco, no soy capaz de contar. Mierdas de historias mucho mejores que la que yo jamás escribí.

Supongo que en eso consiste ser un buen profesor. En conseguir que tus alumnos hagan lo que tú no pudiste hacer. Que sean lo que tú no pudiste ser. Lo que quieran. O tal vez solo conseguir que lo sepan.

Ahí enfrente, en la pared, Travis Bickle avanza hacia mí, las manos en los bolsillos, congelado en un paso. Mira al suelo. Su soledad y su vacío me inspiran. Yo también puedo ser lo que quiera. El día que lo sepa.

19.10.08

Estoy cabreada

Mi casa parece tener un proceso autónomo de desorden progresivo. No sé qué coño hago, pero me doy el tute de poner fuera de la vista cualquier objeto que moleste, estorbe o desentone, y en un plazo máximo de dos semanas el caos se ha vuelto a hacer fuerte. No entiendo mi propia tendencia (debe de ser mía, puesto que no convivo) a dejar abiertas las puertas de los armarios, los pantalones tirados en la cama de la habitación que no uso, las gotas negras de jamás sabré qué sustancias en el suelo de la cocina. Necesito una esposa. Ah, no, que no están para eso. Carajo. Apenas veo la calle a través de las ventanas.

No entiendo por qué hay blogs que tienen la letra tan poco contrastada con el color de fondo y el tamaño minúsculamente diminuto. Yo no veo bien, uso gafas, vale, pero tampoco estoy cegata y con las gafas creo que mi visión es normal (no estoy segura, no sé exactamente qué es ver "normal", sé que me dejan conducir, por ejemplo). Pero entro en algunos sitios que me obligan a acercarme a treinta centímetros de la pantalla si quiero leer algo, cosa que, dicho sea de paso, no siempre merece la pena. (Si a alguien le parece que la letra de este blog es pequeña o no se ve bien es el momento de decirlo.)

Tampoco entiendo esa moda nueva del facebook. Es que me parece fatal. Te llegan invitaciones de las personas y lugares más peregrinos (la prima que no usa nunca internet, el colega que conociste hace 7 años en un foro literario y con el que llevas 3 sin hablar ni por el messenger). Invitaciones a "ver" sus fotos, no sin antes pasar por el laborioso, engorroso y sobre todo indeseado proceso de darte tú de alta y crear tu propio facebook. A ver. Yo no quiero tener uno de esos. No quiero porque para comunicarme con la pequeña parte del mundo que quiere saber algo de mí ya tengo mi blog y mi cuenta de flickr para mis fotos, no quiero porque no tengo el menor interés en conocer el grupo social de cada una de las personas que componen mi grupo social (si es que a mis cuatro queridos gatos se les puede llamar grupo social). No quiero porque me parece una mierda que te obliguen a dar tus datos para ver páginas que deberían ser de libre acceso, y porque (según he oído), este tipo de grupos (evolución de la evolución de foros, blogs y myspaces), son el mayor atentado a la intimidad que se ha llevado a cabo en internet desde el principio de los tiempos. Entre otras cosas. Qué coñazo dan.

He estado buscando durante toda la mañaña algún sitio donde me vendan un dvd original (me daba igual hasta que fuera de segunda mano) de una película que al parecer está descatalogada. Después de dar vueltas por google (y creo que cada vez soy más torpe haciendo búsquedas, pero supongo que esa es otra guerra), termino buscando el torrent. Dice el programa de p2p que la tendré en una hora. Joder, yo quiero ser legal y no me dejan. Si aunque solo sea por el tiempo que tardaría en llegarme no me compensa. Ahora otra cosa será que los subtítulos estén sincronizados. Si no lo están, cosa de lo más probable teniendo en cuenta que película y subs son cada uno de su padre y de su madre, tendré otro motivo para rebotarme con el mundo.

¿Será por ser domingo? ¿Tal vez necesito salir a que me dé un poco el sol aprovechando que hoy, día 19 de octubre, debe haber algo así como 27 grados en la calle?

Es que no tengo ganas. Coño.

14.10.08

Billy Wilder (una cita)

Soy muy amiga de cierto tipo de citas. En eso mis gustos son como en cine, música o literatura, al final le pido muy pocas cosas a la vida: que no me amarguen la existencia, que no me hagan perder el tiempo, que me den un buen resumen de ciertas cosas que he vivido o que puedo vivir algún día o que no he vivido pero podría haber vivido o que nunca podré vivir, para entender lo que vivo y de paso hacerme una idea de todas las otras vidas posibles.

Me gustan las citas que me hacen pensar, las que me hacen reír con un fondo de amargura, las que demuestran que su dueño (o su autor, porque luego ya cualquiera se convierte en su dueño, cualquiera que las lee y las hace suyas en cualquier sentido) tenía una visión del mundo particularmente afinada. O afilada.

Bueno, así era Billy Wilder, por si a estas alturas alguien no lo sabía. Hoy, leyendo un extenso artículo sobre su vida, no he podido menos que apuntar lo que dijo cuando alguien le hizo la observación de que era el único habitante de Hollywood cuya familia había muerto en Auschwitz:

Están los optimistas y los pesimistas. Los primeros acabaron gaseados. Los otros tienen piscinas en Berverly Hills.

Ese sabor amargo pero siempre irónico es lo que me gusta de Wilder. La forma en que consideraba al ser humano una amalgama de rasgos ni limpios ni morales ni desinteresados. Me gusta cómo es capaz de darle siempre la vuelta a todo y mostrar la ambigüedad del otro lado, y sobre todo el modo en que consiguió aprovechar lo duro, lo enfermo, para hacernos reír pero sin dejar que nos olvidáramos de pensar.

Una vez asentado en Hollywood, volvió a Viena para ver a su familia, sobre 1938. Y volvió preocupado porque vio que allí nadie se daba cuenta del peligro potencial que suponía para los judíos el ascenso político del partido nazi alemán. Esa frase de ahí arriba es su forma de resumirlo. Y me parece un prodigio de síntesis, de ironía, de amargura y de penetración social.

Ahí os queda, para que penséis un rato.