14 marzo 2008

De lo que no puede ser

Leo últimamente siempre que puedo (es decir, siempre que escribe, que tengo mucho tiempo libre e internet por todas partes) un blog que se llama Imbécil y desnudo. Me gusta cómo escribe aunque a veces no tanto lo que escribe, o lo que parece que piensa (otras veces me da en la nariz que son poses ante el espejo, porque juega con la ventaja de que no deja comentar).

De todas formas es magnético, me siento atrapada por su forma de escribir hasta el punto de que a veces me quita las ganas de hacerlo yo, como me ha pasado, no sé, con Cortázar o con Tolstoi, salvando las lógicas y abrumadoras distancias (que nadie se me escandalice): me refiero a esa sensación de que no sé qué cojones hago dándole a las teclas. Lo hace fácil.

Ahora está de viaje en otra ciudad lejana de esas que casi todos queremos visitar algún día. Y al leerle me he sentido identificada por anticipado; había un par de frases que seguramente desearé escribir yo dentro de una semana, si se me ocurrieran cosas tan netas y directas, que no es el caso, por desgracia. Ahora que ya las he leído y que las voy a copiar, más bien podré suscribirlas. Son estas dos:

"Explicar Tokio es inútil porque está ya muy bien explicado"

y

"Supongo que, mal que me pese, estoy haciendo el turista y no soy capaz de escribir más que souvenirs, no hay manera de deslizar ideas".

Es que tengo la sensación de que voy a ser incapaz de contar nada cuando vuelva. Me parece demasiado ahora mismo. Tal vez llegue allí y descubra que no es tan diferente a otra cosa que conozco, o que he visto demasiadas películas, hablado con demasiadas personas, esperado demasiado tiempo o leído demasiadas páginas de la guía. O tal vez obtenga todo lo que deseo. Incluso, haciendo crecer el cuento de la lechera, obtenga incluso lo que no me atrevo ni a reconocer que deseo.

Pero, de verdad, ¿alguien cree que, hoy por hoy, existe algún escritor, profesional o amateur, que sea capaz de transmitir una experiencia así? Claro, y titularla "Lo que sentí la primera vez que fui a Nueva York". Es ridículo. Me río al releerlo. Lo dejo como está.

Ay, qué emocionada estoy. Qué inmensas expectativas tengo puestas en este viaje. Que la hostia no sea con el avión, amén.

3 comentarios:

Otis B. Driftwood dijo...

"Es que tengo la sensación de que voy a ser incapaz de contar nada cuando vuelva."

¿¿¿Y por qué te crees que aún no he puesto la crónica del viaje a Estambul??? :-)

Un consejo: escribe lo que guardes en tu corazón, cuando vuelvas. Cuenta lo que has hecho según te sale de las tripas, déjate querer por el teclado y deja pasar las imágenes que permanezcan en tu cabeza sin querer forzarlas. O mucho me equivoco, o te quedará una crónica maravillosa.

Hace 17 años que no voy a Nueva York, la mitad de mi vida. Me encantaría volver... pero no sé si seré capaz.

Besos, y buen viaje.

Gata Vagabunda dijo...

Mira por donde, que yo ya me siento como si me fuese un poco contigo de viaje, ¿no?... Pues la culpa la teneis tú y tus palabras. Así que por favor, no dejes de darle a la tecla cuando vuelvas, o me habré perdido la mitad de la aventura.

No leo ese blog que tú comentas (aunque posiblemente no tarde en visitarlo, por tu culpa nuevamente) pero leo otro titulado "Cuentos de herida y caricias" donde la chica que escribe suelta frases como:

""¿Cubismo?, pensé yo. "Te vas a cagar""

Jejeje
Por eso me gusta este blog (te chinchas)

Hala, ya me dejo de comentarios surrealistas, ¡BOA VIAXE! muaaaacks

K dijo...

Ya me lo imagino, Otis, lo de Estambul, digo :) Y antes o después tú también me dejarás con la boca abierta.

¿Capaz? ¿Por qué no ibas a ser capaz? Es cuestión de que se te presente la oportunidad que no puedas dejar pasar. Besos y gracias.

Gata, ¿te he dicho alguna vez que eres un sol adorable? Bueno, pues dicho queda. A la vuelta haré lo posible para que puedas vivir tu porcentaje de la cosa. :)

Marcho!!!