16 diciembre 2006

Deshilachados


Qué más da que nadie lo lea, precisamente lo bueno es que nadie lo lea, sólo escribirlo, al fin y al cabo tanto se lee que no merece la pena, qué importancia tiene que algo que tal vez merezca la pena no sea leído, es tan poco importante, en realidad llegarías a tan pocos, tan poca gente te devuelve un eco, en tan pocas ocasiones te sientes correspondido en alguno de tus deshilachados pensamientos, sentimientos, menos mal que al revés sí pasa, que lees algo, a alguien, a un amigo o a un desconocido o a un ilustre muerto de hace siglos o de hace años y sí, eso podrías haberlo escrito tú, eso se escribió mientras se sentía algo que tú sientes ahora, y eso es lo que te gustaría, saber transmitir lo que sientes, lo que te pasa por la cabeza, por el corazón, por el alma que no sabes dónde está ni si existe ni si es inmortal aunque crees que más bien no.

Qué más da que alguien lo lea. Tú lo escribes y tal vez nadie venga a verlo, pero eso no es lo malo, lo malo es que alguien venga y lo lea y se vaya sin una muesca o un arañazo en su propia alma, en su propia cabeza o su propio corazón, lo realmente malo no es que nadie lo lea, sino que no haya alguna lágrima, sólo una lágrima, caída en el teclado de alguien por esas palabras, o una risa evaporándose bajo una bombilla, o una sonrisa enseñando unos dientes que nadie verá, o algo. Algo.

Y la vieja pregunta de siempre. Por qué quieres escribir, por qué lo necesitas, por qué te angustia pensar que no tienes nada que decir, que nadie va a entender que no hay nada, por qué es necesario oir las teclas sonar, por qué eres incapaz de levantarte de esta silla y también eres incapaz de hacer nada útil sentado en ella. Por qué, por qué, por qué. La vieja pregunta de siempre aplicada a todo, a lo que no entiendes, a lo que entiendes de sobra, a lo que no quieres entender, a lo que no quieres ver, a lo que nadie quiere mirar, a todo.

Y la única verdad es que estás solo. Y no quieres que sea de otro modo, en realidad. Miras ahí fuera, miras enfrente y estás solo. Siempre ha sido así. Siempre será así. Hay un lugar donde estás solo, que es sólo tuyo, y te pasas la mayor parte del tiempo en él, hasta el punto que la persona que sale y se relaciona y se comunica con los demás no eres tú del todo. Es otro.

3 comentarios:

Manuel J. Sierra dijo...

Creo que entender lo que quieres decir. Pero necesitamos del otro ¿verdad? O de lo otro, no tiene porque ser una persona, puede ser un bosque, una habitación, una ciudad repleta que no te escucha, pero algo que simbolice lo otro

Felicidades por tus escritos.

Un saludo.

desconvencida dijo...

Supongo que lo que aquí hacemos es mandar mensajes dentro de botellas al mar... de vez en cuando alguien los recoge y los lee... Yo tenía esa misma sensación los primeros meses que abrí mi blog, que nadie a parte de un par de amigos lo leía, pero no obstante eso no me echó para atrás y seguí escribiendo en él, supongo que sobre todo porque una escribe para sí misma, y si el mensaje llega a alguien mejor que mejor :)

k dijo...

Los dos tenéis razón.

Manuel, el otro es necesario para saber que uno existe, en primer lugar. Sobre todo el otro "persona".

Desconvencida, en realidad no quiero que me lea mucha gente, es una idea que me da miedo. Lo que sí quiero es que me entiendan los dos o tres que me lean, o más bien que se encuentren en lo que escribo. Y es lo que me parece tan difícil.

Gracias a los dos. Lo hacéis posible :)