26 abril 2008

The bridges of Madison County, Clint Eastwood (1995)

Conservo varios recuerdos de la primera vez que vi Los puentes de Madison, hace unos cuantos años, cómo me sentí, qué me hizo pensar; y otras cosas que debería recordar, como dónde, cuándo y con quién la vi, sin embargo, se han borrado por completo.

Cuando alguien me preguntaba qué me parecía esta película, solía contestar que bien, pero que me sobraban todas las secuencias correspondientes al presente, a los hijos de Francesca reviviendo su historia a través de sus diarios.

Recordaba también con especial cariño esos planos encadenados del baile que nos cuentan que para Francesca y Robert no hay vuelta atrás, que han dejado entrar a sus sentimientos y que ya no van a poder escapar de ellos nunca.

La revisión de películas con unos años de diferencia suele aportar información nueva, traernos opiniones nuevas. Hemos oído hasta el cansancio aquello de que son nuestros ojos los que dan realidad a las cosas que vemos, y nuestros ojos nunca van solos, siempre llevan adosada una enorme carga compuesta por lo ya visto, lo ya experimentado o lo ya pensado.

En la revisión que hice años después de Los puentes de Madison, esa carga de experiencia añadida hizo que se produjera en mí un cambo de opinión.

Tenemos, por lo tanto, una historia que se desarrolla en dos momentos.

En el presente, los hijos de Francesca repasan los objetos que su madre ha dejado tras su muerte, y con ellos descubren una Francesca mujer muy lejana a la Francesca madre que ellos conocían, lo que trastoca todos sus recuerdos y todos sus sentimientos, tanto hacia ella como hacia sus propias vidas.

En el pasado, asisitimos, a través de la lectura de los diarios, a la historia de amor que vivió Francesca durante cuatro días con un hombre que llegó un día, por casualidad, hasta su puerta.

Si bien es cierto que la historia de Francesca y Robert sería suficiente para una película redonda, ya no creo que la presencia de los hijos en la trama corte el ritmo ni sobre en ningún aspecto. La forma en que las dos historias se entrelazan nos da otra perspectiva, nos habla de cómo las experiencias de los demás pueden influir en nuestras vidas. También nos habla de cómo la mayor parte de las veces no conocemos en absoluto a las personas que creemos conocer tan bien, y cómo esto ocurre especialmente en el caso de las relaciones familiares: personas con las que convivimos, a las que queremos de forma incondicional (o que creemos incondicional), tienen zonas incógnitas a las que solo podemos acceder en circunstancias muy especiales, casi excepcionales.

Cuando Francesca se enfrenta a su propia muerte, siente la necesidad de confesarse a sus hijos. No quiere irse del mundo sabiendo que no van a conocer esa parte tan importante que es ella, la verdadera, que ha mantenido siempre oculta para poder conservar la cordura.

Clint Eastwood es un director excepcional. Un hombre que nos enseña con su propia vida y su propia experiencia en el cine que las personas no siempre son lo que parecen ser. El Harry, el hombre duro, solitario, amargado y violento que nos enseñan sus películas de juventud se ha convertido en la madurez, y gracias en gran parte a ese papel-casillero, en un hombre poderoso en Hollywood que puede hacer prácticamente lo que quiera. Y lo que quiere es contar historias de seres humanos, historias pequeñas que todo el mundo puede entender porque todo el mundo podría vivir.

En este caso nos cuenta una historia de amor que te rompe por dentro. Como me dijo un amigo una vez, te toca la fibra y después le da vueltas al cuchillo, hasta lastimarte. Cualquier espectador va a enfrentarse a esa historia y va a preguntarse "¿qué haría yo en su lugar?" Cualquiera va a comprender la magnitud de los sentimientos que se llevan por delante a esas dos personas colocadas en medio de ninguna parte frente a frente y va a aceptar la decisión de Francesca de ser leal a los suyos, ser fiel a la palabra dada y sacrificar su felicidad por la estabilidad de su familia, que no merece esa traición.

Cualquier espectador puede entender a su hija, cayendo en la cuenta de que no hay ningún motivo para vivir una vida sin estímulos, sin alegría, para seguir montada en un carro que se mueve por la simple inercia de un empujón desganado de varios años atrás, y que decide cambiar de vida y darle una oportunidad a la esperanza.

Y cualquier espectador puede entender a ese hijo aquejado del síndrome de Peter Pan, sintiendo celos retrospectivos del amante de su madre, aprendiendo página a página a comprender que ella era, ante todo y sobre todo, un ser humano, y que se plantea, finalmente, la posibilidad de que esa misma historia se repita en su propio matrimonio, donde la infelicidad está llamando a la puerta sin que él se dé cuenta.

Los niveles de lectura de esta película son innumerables. Yo siempre veo las películas en primer lugar en el plano de los sentimientos, cuando los hay. En Los puentes de Madison los sentimientos desbordan los límites físicos de la pantalla. Sientes con los protagonistas la alegría del amor, el dolor de la muerte, la tragedia de la separación, la angustia de la mentira, la inocencia de la ignorancia, la sorpresa del conocimiento, en cada plano, en cada secuencia y en cada palabra.

Y en cada visionado aprendes algo nuevo sobre ti mismo. Puro cine.

9 comentarios:

troyana dijo...

Estoy de acuerdo contigo en la valoración que haces de Eastwood en su etapa actual, es un maestro, me encantó "Los puentes de Madison" y "A million dollar baby".
Un saludo!

k dijo...

Hola, troyana, bienvenida y gracias por comentar. A mí Million dollar baby no me gustó tanto como Mystic River. Pero sí, es un grande. Vuelve cuando quieras :)

NoSurrender dijo...

mmm.... los puentes de madison es una muy buena película, sin duda. Pero, para mí Million dollar baby es especial e insustituible. Creo que es lo mejor de Eastwood. Las dos veces que la he visto, me ha dejado sin habla, derrotado por cada puta frase, cada puta mirada. Creo que es la mejor película en lo que llevamos de sXXI, ejem. :)

JES dijo...

Leí tu post.Me entraron ganas de ver de nuevo la película. La he visto. He vuelto a sufrir, a llorar , a reir, a emocionarme....en definitiva, a vivir! He vuelto a llevar a los personajes en mi cabeza durante estos días, sus palabras, sus reacciones. He pensado en ti mientras paseaba por la playa con la película en la cabeza. Siempre vuelvo a tu blog, aunque no sé pq hoy estoy escribiendo. Si no la has visto todavía, no te pierdas "AL OTRO LADO".
¿un beso?

troyana dijo...

Cómo he podido olvidarme de Mystic River! me encantó! para mí, un peliculón!
gracias por tu bienvena,pásate cuando gustes por mi web,pondremos pastas y té o café!
saludos!

K dijo...

Lagarto, es verdad, Million Dollar Baby es una gran película. No pretendía hacerla de menos, eh...

Jes, me alegra verte por aquí. Puedes hablar cuando quieras, claro. Y gracias por tus palabras.

Troyana, lo haré. Café, gracias :)

Javier Pérez dijo...

Si pones el título en inglés, ¿por qué está el artículo en español?

Y viceversa, oiga :-)))

Javier Pérez dijo...

Nosurrender, disiento:

la mejor peli que llevamos de siglo XXI es para mí LA VIDA DE LOS OTROS.

Pero el que entiendes de cine eres tú, conste

:-)

Izan dijo...

Comentamos K que quizás para mi "Un mundo perfecto" y "Sin perdón" son mis favoritas de Eastwood pero creo que ésta puede ser mejor película. La mejor que ha hecho. Ay esa mano en la manilla... ese coche en la lluvia con el intermitente dado y parado con el semáforo ya en verde...