16 febrero 2007

Adicción

Anatomía de Grey es una especie de cuento de hadas maravilloso. Un cuento de hadas de los tiempos que corren. En sus episodios la gente sufre, se envenena, se atraganta de rabia, se cabrea, se enamora, echa unos polvos de muerte, tiene amigos que son para toda la vida y que le fallan a uno cuando menos preparado está. En sus guiones se armonizan, ¿cómo decirlo?, los puntos de sutura y las emociones.

Si hay una digna heredera de Urgencias, es esta grandísima serie.

Transita haciendo equilibrios entre el contenido "serio" sobre medicina, poniendo a los personajes / pacientes (y al espectador, a través de ellos) en la tesitura de enfrentarse a problemas reales, y las debilidades humanas o más que humanas de los personajes / profesionales, con problemas tal vez un poco menos reales, pero sólo un poco.

Nos enseña enfermedades y dolores. No las enfermedades raras y rebuscadas de House, ésas que te hacen preguntarte si el picor de la mandíbula será un síntoma de una enfermedad exótica y mortal adquirida a través de las emanaciones del barniz del suelo, sino enfermedades normales, cuyos síntomas son dolor de tripa y fiebre. Te hacen enfrentarte a eso, a la vida y la muerte de la gente de la calle (la tuya, por tanto), al miedo a perder un hijo o a perder tu cara.

Y no sé cómo, en qué especie de ingeniería de la trama, hacen que esas historias se interrelacionen con los problemas, habitualmente sentimentales, pero no siempre, de los médicos que intentan solucionar esas enfermedades, evitar que la gente se muera o pierda una mano. Haciendo, por ejemplo, que un personaje comprenda que el dolor que siente otro puede tener un motivo, o que otro personaje calibre su propia importancia en la recuperación emocional de su amigo. En ese aspecto, por momentos, los argumentos bordean peligrosamente cualquier historieta chusca de culebrón. Incluso tiene uno la sensación de que sería posible encontrar en una de esas habitaciones al doctor Drake Ramoray.

Pero no. Se queda al borde del exceso, al borde del melodrama, al borde de la debacle sensiblera. Toca todo eso con un dedo y no va más allá. Se queda a un centímetro (siempre a un centímetro) del "se han pasao". Se trata a los personajes con el realismo cruel que tiene la vida a veces. Aunque, en realidad, la vida a veces se pasa bastante más que los guionistas.

Me da miedo que me guste tanto Anatomía de Grey porque tengo la sensación de que debe de ser algo ñoña. Nada me jode más en este mundo que ser ñoña (o muy pocas cosas). Pero lo cierto es que estoy totalmente enganchada.

Me pregunto cuánto tiempo serán capaces esos guionistas formidables de mantener esa calidad.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que estábamos haciendo lo mismo al mismo tiempo ;-)
Pero yo soy de House, juas-jaus (estoy de un ocurrente hoy que no me aguanto, uf)

v.v.

k dijo...

En realidad yo también soy de House. Incondicional, además. Pero del personaje, que es poderoso. Las tramas son repetitivas y un poco aburridas a veces. ¿Qué sería de la serie sin él?

Anónimo dijo...

Desde luego, ese es quizás el mayor fallo de la serie, no le hace sombra nadie, aunque esto ya lo dijo Manuel mejor que yo.
Aparte, no son horas, oiga, las suyas, digo ;-)

v.v.

k dijo...

Es verdad! Cuando duermo demasiado un día después me cuesta horrores irme a la cama. Se me escapó la siesta el miércoles...

NoSurrender dijo...

Supongo que es fácil sentir la empatía de espectador en una serie de médicos: al fin y al cabo, todos tenemos intestinos, páncreas y sangre. Los roles se definen visualmente hasta por el uniforme. La motivación de los personajes es clarísima desde el primer instante, y el suspense está garantizado. Pero quizás es cierto que están abusando del género. A mí House me gusta por lo mismo que a ti y pocas veces las subtramas me han interesado tanto como el actor protagonista, aunque es cierto que, al contrario de otras series de médicos, en House sí se dan giros en la trama que replantean la acción, jugando con el climax y tal.

¿Pero te imaginas una serie de psicólogos en lugar de médicos? Sería un desastre comercial; ni siquiera podrían andar deprisa por el pasillo :)

- doctor, doctor... es que ella no me quiere y eso me hace sentirme tan solo...

- lo importante es que usted se acepte a sí mismo.

- ya, pero es que no sé cómo afrontar la situación, porque yo aún la quiero.... todo me sale mal...

- sí, sí, pero hábleme de la relación de sus padres...

Un coñazo que haría cambiar de canal a todo el mundo ¿verdad?

k dijo...

Pues, aunque no lo creas, hubo un intento. Una serie española titulada El grupo, donde el terapeuta era interpretado por Héctor Alterio. Duró dos días, claro...

:)