29 enero 2007

Lo prometido es deuda

Un accidente de domingo en la Super Bowl.

Aunque la señora Clause había escrito a Schatzman, Gingeleskie, Mengerink y Asociados diciéndoles que era de la localidad wisconsiniana de Appleton, eso significaba tan sólo que había nacido allí. Cuando contrajo matrimonio con Otto Clausen vivía en Green Bay, sede de los Packers, el célebre club de fútbol americano. Otto Clausen, hincha de aquel equipo, se ganaba la vida repartiendo cerveza en un camión que lucía en el parachoques una sola pegatina decorativa, la única que el conductor jamás permitiría, un letrero verde, el color de Green Bay, sobre un fondo dorado: ¡ORGULLOSO DE SER QUESERO! Y es que a los hinchas de los Packers se los conocía popularmente como "los queseros".

Otto y su mujer solían acudir a uno de esos bares deportivos donde los parroquianos beben mientras contemplan el partido de la jornada en una gran pantalla de televisión, y eso era lo que se habían propuesto hacer la noche del domingo 25 de enero de 1998, cuando tenía que disputarse la XXXII Super Bowl, con los Packers contra los Broncos de Denver, en San Diego. Pero la señora Clausen se había sentido indispuesta durante todo el día, con náuseas, y le dijo a su marido, como hacía a menudo, que confiaba en estar embarazada. No tuvo esa suerte, sin embargo, y la causa de sus molestias resultó ser una gripe. Enseguida le subió la temperatura y vomitó dos veces antes de que comenzara el partido. Tanto a ella como a su marido les decepcionó que no se tratara de las náuseas del embarazo. (Aun cuando hubiera estado encinta, había tenido la regla sólo dos semanas antes; demasiado pronto para ser náuseas del embarazo.)

Los estados de ánimo de la señora Clausen eran muy fáciles de interpretar, o por lo menos Otto creía que normalmente sabía en qué pensaba su mujer. Quería tener un hijo más que nada en el mundo. Su marido también lo deseaba y ella no podía culparle en ese particular. Sufría por no tener hijos y sabía que Otto compartía ese sufrimiento.

Con respecto a aquel caso concreto de gripe, Otto nunca la había visto tan enferma y se ofreció voluntario para quedarse en casa y cuidar de ella. Los dos verían el partido en el televisor del dormitorio. Pero la señora Clausen se sentía tan mal que no estaba en condiciones de ver el partido, ella, que también era una quesera a todos los efectos. El hecho de haber sido hincha de los Packers durante toda su vida era uno de los vínculos principales entre ella y Otto. Incluso trabajaba para el equipo de Green Bay. Podrían haber conseguido entradas para el partido en San Diego, pero Otto detestaba viajar en avión.

Cuando Otto le dijo que se quedaría en casa, ella se sintió profundamente conmovida: su marido la quería tanto que estaba dispuesto a perderse el encuentro, que tan bien se veía en el bar deportivo. La mujer se negó en redondo a que él se quedara. Aunque sentía demasiadas náuseas para hablar, hizo acopio de fuerzas y expresó, en una frase completa, una de esas verdades a menudo repetidas en el mundo de los deportes y que dejan sin habla y del todo convencidos a los hinchas del fútbol americano (mientras que a quienes son indiferentes a ese deporte les parece una colosal estupidez).

—No hay ninguna garantía de que volvamos a participar en la Super Bowl —dijo la señora Clausen.

Otto se sintió conmovido como una criatura. Incluso en el lecho de enferma, su mujer quería que se divirtiera. (…)

—¡Adelante, Packers! —exclamó su mujer débilmente, sumiéndose ya en el sueño.

Con un gesto de callada ternura física que ella recordaría durante mucho tiempo, Otto dejó el mando a distancia del televisior a su lado y se aseguró de que el aparato tenía sintonizado el canal correcto.

John Irving, La cuarta mano.

2 comentarios:

billywild dijo...

Vaya, K, ayer te escribí un mensaje dandote las gracias por el texto, que me ha gustado mucho, y veo que se ha debido perder por internet.

En fin, muchas gracias. Este texto es de una novela o un relato?? Porque parece un relato.

Y es cierto, lo del fútbol americano que es considerado una colosal estupidez para los que no les gusta. Y más aún que el deporte, en este caso el fútbol americano, es un gran analgésico para los vaivenes de la vida.

k dijo...

Bueno, me alegro de que te haya gustado. Con respecto al mensaje de ayer, no te preocupes, a veces es cierto que no se cargan bien los mensajes. Y gracias por repetirlo :)

El fragmento pertenece a una novela. De todas las que he leído y de algunas más que conozco, es la más corta. Pero tiene por costumbre contar la vida de algunos personajes secundarios en capítulos con un principio, desarrollo y final cerrados y que tendrían sin problemas consistencia de relatos.

La novela, titulada La cuarta mano (The fourth hand en inglés) se publicó en 2001; trata sobre un periodista que pierde una mano en un accidente y sobre el tema de los transplantes de extremidades; decide probar a dejarse implantar la mano de otro (la del pobre Otto). No es la que más me ha gustado, pero está llena del estilo peculiar de Irving, prolijo en detalles y que profundiza en el carácter y las motivaciones de sus personajes, consiguiendo que sean muy humanos.

Un saludo y perdón por el discurso :)